jueves, 7 de junio de 2018

Franco





Francisco Franco
(1892-1975)


1. PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN

         “El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Blaise Pascal)

         Sólo estando convencido de la autenticidad de semejante aseveración de Pascal puede entenderse que sigamos a vueltas (que sigan más bien a vueltas) en nuestros días con Francisco Franco, pero también hay que ser consciente de la inutilidad de esas vueltas y preguntarse, por tanto, para qué se dan. Y si creemos en la aseveración de Pascal debemos también creer que es necesario dominar las emociones, los dictados del corazón, desde la razón. Y esto que digo no va dirigido a la mayoría que opera con la cordura de vivir la realidad sino a los que siguen a vueltas –de un signo y del signo opuesto, que a la postre se dan la mano- con este personaje de la Historia de España que es el General Franco.

         ¿Cómo es posible que pasados 43 años de la muerte de Franco continúe este hombre estando omnipresente en aquellos nostálgicos de su régimen, de ideología totalitaria, y de aquellos, de ideología totalitaria también, que lo esgrimen como arma arrojadiza del insulto, de la provocación y de las males artes contra los que no piensan y sienten como ellos? Los primeros ensalzan los embalses, el que España llegara a ser la novena potencia industrial del mundo, lo ensalzan como adalid de la justicia social, proclaman  que el régimen de libertades en que vivimos tiene por causa los cuarenta años de franquismo (sic)…..los otros denuestan una y mil veces la represión del régimen de Franco sin decir al mismo tiempo que ellos han venido a tomar el poder –no otra cosa les interesa- y a imponer una represión a los disidentes, a lo peor, más rigurosa que la del régimen del General denostado.

         ¿Por qué se tiene a Franco en la cabeza y no a muchos otros personajes de mayor peso probable que Franco en la historia de España? Viriato, Don Pelayo, Recaredo, Alfonso, VIII, Isabel de Castilla, Cisneros, Felipe, II, quizás Andrés Torrejón –alcalde de Móstoles-, Cánovas del Castillo,…Ni Franco ni ninguno de éstos otros va a poder volver para continuar haciendo historia, por la sencilla razón de que ya pasaron a la Historia, cada uno en su momento. Por lo tanto, esgrimir la figura de Francisco Franco en la política española del siglo XXI, igual que esgrimir la figura de Viriato, es un anacronismo y, como todo anacronismo, un sinsentido y en consecuencia una necedad.

         Los que están a favor de Franco no sólo hacen hagiografía del dictador sino que son muy favorables a muchas circunstancias de su entorno: los signos fascistas que fascistizaron el régimen desde el comienzo, los soldados rumanos caídos en el cerro de la radio de Majadahonda que lucharon en el bando nacional durante nuestra guerra incivil, el Valle de los Caídos, el nacionalcatolicismo que llega a introducir a Franco bajo palio en nuestros templos (sic), el Opus Dei como expresión singular, nueva, eficaz y operativa del nacionalcatolicismo, el antisemitismo omnipresente en el discurso de Franco que imputa los males de España a la conspiración judeomasónica y tantos otros.

         Los que denigran a Franco y su régimen llaman facha a todo lo que se mueve, incluido el Almirante Cervera (sic) que murió en 1909, décadas antes de la aparición de los regímenes fascistas: nacionalsocialismo alemán, fascismo italiano y peronismo argentino. Afortunadamente, los fascismos europeos han desaparecido a su tiempo y nada se quiere de ellos en sus países de origen. Otra cosa es el peronismo, pero ya se sabe que en la Argentina hay dos fantasmas, el peronismo y la inflación, que en ocasiones vuelven a aparecer para desgracia de aquel pueblo. En España, que hubo un régimen fascistizado sí pero no fascista, padecemos esta pesadez de unos y de otros que no hace más que incordiar a la actividad política y social cotidiana sin que unos y otros puedan conseguir nada más: Franco ha pasado a la Historia y es seguro que no volverá y la guerra incivil la ganó Franco hace ochenta años y los que lo denigran no la van a poder ganar ya. Parece que es lo que pretenden y aquella guerra se acabó. Que nadie comience otra.

         Pero lo más grave de la cuestión es que hoy se mantenga viva la polémica sobre cuál de los bandos de la Guerra fue más cruel y culpable, donde se asesinaba más. Y, peor, aún, que se haya visto incrementada a raíz de la Ley de Memoria Histórica de diciembre de 2007, con el gobierno de Rodríguez Zapatero, con una orientación política sesgada y torticera, puramente revanchista, dirigida a culpar de los asesinatos y crímenes exclusivamente al bando franquista ¡Qué oportunidad tan a la mano para acabar de una vez con la división! Parece como si con la ley se pretendiera profundizar en ella ¿tiene eso sentido 80 años después del final de la guerra cuando ningún español de la actualidad la vivió?

         Yo, que soy un hombre de la derecha sociológica, formo parte de una estirpe franquista. Mis ancestros padecieron bajo el terror rojo, tengo víctimas en Paracuellos, mi abuela estuvo presa en una cheka en Madrid esperando el temido paseo al fin evitado por el hijo María la lavandera con sus buenos oficios ante las autoridades republicanas de orden público. Aunque no viví el año 36 (nací catorce años después) sí que estoy persuadido de que la operación del cruce del Estrecho del Ejército de África comandada por Franco, coordinada por Mola “El director” dentro de una operación más amplia en la que estaba designado Sanjurjo para hacerse cargo del mando de todas las operaciones militares, fue deseable, deseada y necesaria como factor de deconstrucción de la República, un régimen que no quedó más que en una anarquía subordinada al komintern, donde dejó de respetarse el Derecho y con él los derechos humanos más elementales. Sin Derecho siempre se retorna a la selva.

         Stanley Payne, al comienzo de la biografía que publicó junto a Jesús Palacios dice de él que el verdadero Franco es un personaje escurridizo y señala que uno de sus biógrafos más destacados, Paul Preston –nada favorable al dictador-, ha observado con acierto que la literatura antifranquista habitual ha cometido el error de no tomarse a Franco en serio como para entenderlo.

         Debe advertirse que fue un personaje con claroscuros sorprendentes, mucho más que la mayoría de los mortales y también más que le reducida élite de los mortales en posiciones como la suya. En su infancia la dislocación familiar que vivió le generó mucha inseguridad personal. Su padre, Nicolás Franco Salgado-Araujo, vivió una vida disoluta, llena de infidelidades conyugales con juegos de naipes y juergas continuas en el club de oficiales. Además vivía una relación muy despótica con sus hijos, principalmente los dos pequeños (Paco y Ramón) que sufrían –junto a su madre- una y otra vez sus ataques de ira que no cesaron hasta su traslado a Madrid. Su preferido fue siempre Nicolás, el primogénito. Franco se refugió en su madre. Su padre fue un liberal, simpatizante de la masonería y crítico de la Iglesia Católica. No es de extrañar que entre los legados que heredó de su madre, se encontrara en el joven Franco un persistente y conspicuo catolicismo, una aversión por la promiscuidad sexual y una fobia contra el liberalismo y la masonería.

         En 1907, cuando contaba catorce años, su padre es trasladado a Madrid y él ingresa en la Academia de Infantería de Toledo tras no haber podido ingresar en la Escuela Naval como había pretendido (se habían restringido los accesos a la oficialidad de la Armada por un exceso de oficiales, entonces) Hicieron el viaje juntos padre e hijo de La Coruña a Madrid, un viaje que a Franco le resultó muy desagradable. Nunca pudo superar la antipatía que sentía a su padre, dice Payne. Franco se identificaba con su madre, de la que aprendió estoicismo, moderación, autocontrol, gestos callados, la solidaridad familiar, y el respeto tanto por el catolicismo como por los valores tradicionales en general. Sin embargo, -prosigue Payne-, nunca emuló su mansedumbre y su resignación, su absoluto fervor religioso, ni su capacidad para perdonar o para trabajar con abnegación a favor de los demás, ni su calidez humana, su generosidad o su caridad cristiana.

         En las austeras condiciones del Alcázar, donde se ubicaba la Academia, también tendría que afrontar los problemas que le planteaba su poco imponente físico (1,64 de estatura y extraordinaria delgadez) Sus compañeros comenzaron a llamarle Franquito, por razón de su estatura. En Ferrol sus compañeros le habían llamado Cerillita. La realidad fue que durante sus tres años en la Academia lo sometieron a diversas humillaciones menores debido a su talla y a su voz aguda. Le obligaron a hacer la instrucción con un fusil al que habían recortado quince centímetros el cañón. Por carecer de interés en las incursiones sexuales o alcohólicas a las zonas de peor reputación de la ciudad, se convirtió en el blanco de las crueles ceremonias de iniciación (novatadas) de sus compañeros de estudios, contra las que reaccionó con cierta violencia. Casi sesenta años más tarde da su versión de los hechos lamentándose de la triste acogida que se ofrecía a quienes veníamos llenos de ilusión a incorporarnos a la gran familia militar. Y describía las novatadas como un duro calvario. Nótese que cuando en 1928 se le nombra primer director de la AGM prohíbe radicalmente las novatadas y asigna a cada cadete un mentor personal entre los cadetes mayores.

         Según cuenta uno de sus biógrafos toda esa inseguridad que vivía por aquellos años la combatió de dos formas relacionadas. Primero, se entregó a la vida militar cumpliendo sus tareas con el más concienzudo sentido del deber y haciendo un culto del heroísmo, el valor y las virtudes militares; las rígidas estructuras de la jerarquía militar y la certidumbre de las órdenes le dieron un marco firme en el que integrarse. Por otro lado, empezó a crearse otra identidad; el inseguro adolescente gallego se convertiría en el duro héroe del desierto y andando el tiempo, como Caudillo, en un salvador de España al igual que El Cid. El objetivo que se trazó Franco en 1938, ante la seguridad de la victoria en la guerra, pasaba por una expansión imperial y cuenta Larraz, ministro en su primer gobierno, que un día le dijo que “él retornaría Cuba y Puerto Rico a la soberanía española” (sic)

         Un asunto que conviene destacar es que durante los años en la Academia, el círculo de cadetes en que Franco se movía juzgó los acontecimientos de la semana trágica de Barcelona y la derrota del Barranco del Lobo como la prueba de que el poder político era débil e incompetente. A estas edades todos sabemos que tales juicios se convierten en fijaciones.



2. LA CARRERA MILITAR DE FRANCO


         El 13 de julio de 1910, Franco ingresó en el cuerpo de oficiales del ejército como alférez con el mediocre número 251 de los 312 cadetes de su promoción que llegaron a graduarse (de los 381 iniciales) A pesar de ese humilde comienzo, Franco sería el primero de su promoción en llegar a general. Fue general de brigada a los 33 años, el general más joven de Europa.

         El 13.06.1912 ascendió a teniente, único ascenso que obtuvo por antigüedad. Todos los demás en su carrera militar lo fueron por méritos de guerra.

         En marzo de 1915 asciende a capitán por méritos de guerra. Las tropas regulares –integradas por bereberes rifeños casi en su totalidad- hablaban de la baraka que Franco poseía y estaban convencidos de que era un protegido de Allah. Todo ello fue creando en él un cierto providencialismo que no consistía solamente en sentirse en las manos de Dios, sino también en que él había sido elegido por la divinidad para desempeñar una misión especial.

         Durante la primavera de 1916 fue herido en el vientre en la localidad de El Biutz, en las proximidades de Ceuta. Esas heridas se consideraban mortales entonces y, sin embargo, sobrevivió.

         En Febrero de 1917 asciende a comandante y se le destina a Oviedo donde al cabo del tiempo se le llamaba cariñosamente El Comandantín.

         Conviene destacar en este lugar que por estas fechas el PSOE estaba empeñado en una campaña furibunda contra la Guerra de Marruecos, razón por la cual los militares africanistas (y Franco entre ellos) se pusieron muy en contra del PSOE.

         En 1920 regresa a África al fundarse La Legión, el 31.08. A él se le designa Jefe de la Primera Bandera. Pospone su boda con tal motivo. Y en el diario que Franco redactó durante sus dos primeros años, Diario de una bandera, subyace una curiosa mezcla de romanticismo sentimental de historia de aventuras tipo Beau Geste y fría insensibilidad ante la brutalidad humana. Cuando su bandera entró en servicio, a principios de 1921, le contaría más tarde a su primo Pacón, la disciplina era insuficiente. Escribió a Millán Astray solicitando permiso para llevar a cabo ejecuciones sumarias si fuera necesario.

         El 13.11.1922 Millán Astray es retirado de la Legión y se designa como nuevo Jefe al Teniente Coronel Valenzuela. Franco se ve contrariado por el nombramiento de un advenedizo ajeno al Tercio y pide regresar a la Península.

    Camino de Oviedo es homenajeado profusamente en Madrid y nombrado gentilhombre de cámara por S.M. Alfonso, XIII.

      El 08.06.1923 asciende a teniente coronel con efectos 31.01.1922 y se le otorga el mando de La Legión tras la muerte de Valenzuela en combate.

         El 22.10.1923 se casa con Carmen Polo en el templo de San Juan el Real de Oviedo.

         El 07.02.1925 asciende a coronel.

         El 03.02.1926 asciende a general de brigada en la misma fecha en que su hermano Ramón con el capitán Julio Ruiz de Alda termina de cruzar el Atlántico Sur en el Plus Ultra. Regresa de África y se le otorga el mando de la Brigada, I de la División 1ª de Madrid, formada por dos regimientos aristocráticos: el regimiento del Rey y el regimiento de León.

         El 04.01.1928 es designado director de la AGM de Zaragoza. A parir de este momento deja de ser un oficial en campaña y no vuelve a tener más mando de tropas en combate. El mismo dijo que este nombramiento junto a su matrimonio y al nacimiento de su hija fueron los tres hechos que le cambiaron la vida.

         El 30.02.1930 cae la dictadura de Primo de Rivera. A lo largo de todo este período las conspiraciones pro-republicanas de su hermano Ramón producen en Franco gran desolación: como general y como monárquico.

         En 02.1931 se casan Ramón Serrano Súñer y su cuñada, Zita Polo. La simbiosis de ambos fue decisiva en la construcción del estado nacional sindicalista.


3. SUS AVATARES A LO LARGO DE LA REPÚBLICA


         El 14.04.1931 se proclama la República. El Rey se va, Alcalá Zamora preside el Gobierno y Manuel Azaña es nombrado Ministro de la Guerra. Las primeras medidas de Azaña dividen al Ejército: 1) se exige por parte de todos los militares la promesa de fidelidad a la República y 2) se promulga un decreto conocido como Ley Azaña en que se ofreció el retiro voluntario con el sueldo íntegro a todos los miembros de la oficialidad que así lo pidieran. Un generoso y costoso intento de reducir el exceso de oficiales. Todo ello va formando la creencia de que el Ejército está siendo perseguido por la República.

         Los arrestos de Berenguer y Mola enfrentan a Franco con el nuevo régimen y entre los africanistas comienza a verse a los oficiales favorecidos por la República como lacayos del comunismo y la masonería. La hostilidad de Franco hacia la Republica va creciendo: se queda consternado con la supresión de las ocho regiones militares históricas, que quedan transformadas en divisiones orgánicas al mando de un general de división que carecería de poderes jurisdiccionales sobre los civiles. El rango de teniente general se consideró innecesario y también se suprimió. Estas medidas arrebataban la jurisdicción del ejército sobre el orden público y también borraban la posibilidad de que Franco alcanzara el empleo de teniente general y el puesto de capitán general. En 1939 revocó ambas medidas.

         La quema de iglesias que tuvo lugar en Madrid y otras ciudades la apuntó Franco, para sus memorias ulteriores, como el suceso que definió la República. Fiel reflejo de su catolicismo fundamental y de la asociación del ejército y la iglesia como víctimas de la persecución republicana.

         Pero lo más duro para Franco a partir del advenimiento de la República fue la orden de 30 de junio de 1931 de cerrar la Academia General de Zaragoza.

         El 05.02.1932 es destinado a La Coruña como comandante de la XIV Brigada de Infantería de Galicia. Sanjurjo es sustituido por Cabanellas al frente de la Guardia Civil.

         Franco se distanció cautelosamente del intento de golpe militar de Sanjurjo del 10 de agosto del 32, habiendo estado durante todo el año con dimes y diretes, dando a entender –sin ninguna claridad- que se uniría. Cuando Sanjurjo estaba encarcelado en 1933 por causa del golpe fallido pronunció aquella frase que ha quedado para el recuerdo: “Franquito es un cuquito que va lo suyito.”

         En febrero de 1933 Azaña lo destina a Baleares como comandante general.

         A partir de noviembre de 1933 la derecha entendió su éxito electoral como una oportunidad para desmontar las reformas que había intentado poner en práctica durante los diecinueve meses anteriores el gobierno de coalición republicano-socialista. Este período volvió a poner a Franco en el candelero.

         En marzo de 1934 es ascendido a general de división.

         A medida que avanzaba el años 34 Franco se iba convirtiendo en el general preferido por los radicales, de la misma manera que llegaría a ser el general preferido por la CEDA cuando el clima político se agravase después del mes de octubre.

         El 28.02.1934 muere su madre a los sesenta y seis años, lo que le produce una inmensa pena.

         A instancias de Gil Robles el ministro radical de Gobernación, Rafael Salazar Alonso, seguía la política de socavar el poder de los socialistas en la administración local y provocar a los sindicatos para que emprendiesen huelgas suicidas. El Gobierno amplió sus ataques a los más leales defensores de la República y también empezó a dirigir una ofensiva contra los vascos y aún más contra los catalanes. La política emprendida por los gobiernos radicales y alentada por la CEDA dividía a España. La izquierda veía el fascismo en cualquier acción de la derecha y la derecha y muchos oficiales del ejército, olían la revolución inspirada por el comunismo en cualquier manifestación o huelga.

         Gil Robles, el político de la derecha con mayor visión estratégica, sabía que la izquierda le consideraba un fascista y que estaba decidida a evitar que la CEDA llegara al poder. Por tanto, presionó para que la coalición derechista se incorporase al gobierno, precisamente para provocar una reacción socialista. Entraron en el gobierno ministros de la CEDA y hubo una revolución en Asturias que fue aplastada por el ejército. Durante la revolución de Asturias Franco tuvo en su mano el poder civil y militar, la confianza plena del ministro Hidalgo que firmaba las órdenes que Franco preparaba. La idea de que un soldado ejerciera tales responsabilidades pareció natural a Franco. Le hacía remontarse a las ideas esenciales sobre el cometido de los militares en política que le habían inculcado durante los años de cadete en la Academia de Toledo. En conjunto, sería una experiencia muy productiva para él y agudizaría su convicción mesiánica de que había nacido para gobernar.

         A finales de octubre de 1934 Jorge Vigón y Valentín Galarza creían que había llegado el momento de un nuevo y definitivo pronunciamiento militar contra la República. Mientras los conspiradores esperaban instrucciones en casa de Sainz Rodríguez llegó la noticia de que Franco no se adhería al golpe porque no consideraba fuera el momento adecuado. El hecho de que otros oficiales eminentes aceptasen ahora su punto de vista, como no había ocurrido en 1932, era una medida de cómo se había incrementado su prestigio tras los acontecimientos de Asturias.

         Gil Robles buscaba fortalecer su propia posición política y se unió a Calvo Sotelo en las denuncias sobre la debilidad del gobierno radical. El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, fue una de las víctimas propiciatorias. En consecuencia, Lerroux en persona ocupó la cartera ministerial desde el 16 de noviembre de 1934 al 3 de abril de 1935. Concedió a Franco la Gran Cruz del Mérito Militar y lo mantuvo en su peculiar cargo de asesor ministerial hasta febrero de 1935. Quiso nombrarle Alto Comisario en Marruecos pero la oposición de Alcalá Zamora evitó que lo hiciera, por lo que le nombró comandante en jefe de las tropas españolas en Marruecos. Franco se sintió recompensado de su acción en Asturias, consideraba que constituía el mando militar más importante. Aunque sólo estuvo tres meses fue un período que disfrutó inmensamente.

         El 6 de mayo de 1935 la CEDA sitúa en el Gobierno cinco ministros de sus filas (con Gil Robles como Ministro de la Guerra) y se designa a Franco Jefe de Estado Mayor. Alcalá Zamora no quería, pero Lerroux y Gil Robles se mantuvieron firmes amenazando con dimitir si no se aceptaba el nombramiento. Alcalá Zamora cedió.

         A pesar del posterior deterioro de sus relaciones, a partir de 1936, Franco y Gil Robles trabajaron bien juntos. Lo hicieron en un espíritu de cooperación y admiración mutuas. Igual que Hidalgo y Rico Avello (Alto Comisario en Marruecos) Gil Robles reconoció su ignorancia en asuntos militares y se alegró de dejar que Franco se ocupara de ello.

         La izquierda va aglutinándose hacia un Frente Popular a base de una revitalización de la coalición republicano-socialista de 1931. A mediados de Septiembre se designa presidente del gobierno a Chapaprieta y el 9 de diciembre –con un Partido Radical al borde de la desintegración- Gil Robles fuerza la dimisión de éste en una argucia para hacerse él con el Gobierno. Sin embargo, Alcalá Zamora no se fía de la lealtad de Gil Robles y considera la situación de una inestabilidad tal que aconseja convocar elecciones.

         Se planteó una vez más un golpe militar que evitara las elecciones. La operación fue valorada por los generales Fanjul, Varela, Goded y Franco. Una vez más Franco convenció a sus camaradas de que el ejército no estaba preparado para actuar. Se designó Presidente de un Gobierno provisional a Portela Valladares y Gil Robles hubo de dimitir con una gran amargura. En la despedida de Gil Robles Franco pronunció un breve discurso en el que declaró: “Jamás el ejército se ha sentido mejor mandado que en esta etapa.”.

         Franco prosiguió como jefe de Estado Mayor con el nuevo Ministro de la Guerra, el general Nicolás Molero. También éste, como los anteriores, se sintió confortable con Franco en el puesto.

         Las elecciones se fijaron para el 16 de febrero de 1936 y los rumores de un golpe con la participación de Franco eran cada día más insistentes. Portela envió al Director General de Seguridad a entrevistarse con Franco para conocer sus planes. Franco dio garantías a éste de que no entraba en sus planes sublevación alguna. El resultado de las elecciones dio una victoria exigua al Frente Popular y a primeras horas del día 17, al conocerse los primeros resultados, el entusiasmo popular de las masas sembró el pánico entre los círculos de derechas. Gil Robles y Franco, de manera coordinada, trabajaron incansablemente para revocar la decisión de las urnas. Su primer foco de atención fue el Presidente del Gobierno (a su vez Ministro de Gobernación) para persuadirle de que permaneciera en el cargo para poder asegurar que Guardia Civil y Guardias de Asalto no se opondrían a las medidas del ejército destinadas a restaurar el orden.

         A partir de la victoria del Frente Popular en estas elecciones el poder es arbitrario, nada se ajusta a la ley el desorden va creciendo a diario hasta llegar al alzamiento.


3. Mi criterio sobre el hombre y el político, Franco


         Franco padeció una infancia y adolescencia que le produjo mucha inseguridad. La actitud continuada de su padre contra su madre y contra sus hermanos(al parecer con la excepción del hermano mayor, Nicolás) y la dislocación que ello produjo en la familia le hizo vivir atormentado a lo largo del comienzo de su vida. Probablemente, hasta los catorce años, fecha en que ingresa en la Academia de Infantería de Toledo tras un viaje desde La Coruña a Madrid, acompañado por su padre, que le resultó muy desagradable. Puede que su padre fuera la primera figura importante de su vida para convertirse en el blanco de la implacable frialdad y desprecio que Franco mostraría hacia quienes menospreció, porque él había experimentado la dureza y el autoritarismo de su padre. Al parecer, poco más volvió a encontrarse con él. Un leve encuentro se produjo entre ellos diecisiete años más tarde.

         Toda esa inseguridad con que vivió se vio acrecida por su baja estatura (no más de 164 cm), su extrema delgadez y su voz aflautada. Algo parecido le ocurrió a Napoleón que, junto a Franco, fueron los generales más jóvenes de la Europa moderna. Napoleón, artillero, se vio maltratado en la Academia por sus compañeros más fuertes, igual que Franco. Se cuenta de él que esperó con frialdad y cálculo el momento para vengarse. Ese llegó en un día que había amanecido París nevado de una nevada copiosa y estaba programado en la Academia un ejercicio táctico en que a él le tocaba actuar en ofensiva. Eligió a su fuerza de manera que los defensores fueran los que le habían maltratado y ordenó a sus hombres ocultar piedras entre las bolas de nieve que servían de proyectiles en el ataque. Todos los maltratadores anteriores de Napoleón fueron apedreados. En esa forma encontró el poder, un poder exógeno a él pero que él podía controlar para dominar al adversario. Franco actuó siempre de manera similar: cuando ocupaba una parcela de poder era implacable en su ejercicio.

         Según su biógrafo Stanley Payne, Franco se identificaba con su madre en mucha mayor medida que el resto de sus hermanos. Sin embargo,
Sólo hizo suyas sus características más superficiales, no emulándola en sus virtudes de mayor calidad humana (ver más arriba)

         La cultura de Franco fue limitada. Sus lecturas se limitaron a asuntos militares sobre hechos de guerra del siglo XIX y a la revista Bulletin de L’ Entente Internationale contre la Troisième Intyernationale. Esta publicación era vehemente antibolchevique y elogiaba las conquistas del fascismo y de las dictaduras militares contra el comunismo. Al parecer, este movimiento afianzó en Franco una permanente obsesión por el anticomunismo. Esta cultura descansaba siempre, desde los años de cadete en Toledo, sobre la idea férreamente inculcada de que el ejército es el árbitro supremo del destino político de la nación.

         Larraz dice que “el hombre, aparentemente modesto, tenía de sí mismo una idea excesiva. Lo acusaba su caligrafía, especialmente su firma y rúbrica.” Dice también que “carecía de finura política y comportaba en su personalidad una faceta rayana en lo ridículo: su propensión a entender y tratar cuestiones económicas.”

         Fue un pragmático que utilizó en su beneficio a personas y movimientos políticos. Siempre estuvo dispuesto a llevar a cabo ajustes fundamentales si era absolutamente necesario. El eclecticismo del Movimiento fue una consecuencia lógica de su heterogénea composición, hábilmente manipulada por él. Hasta cierto punto compartía algunas ideas de cada “familia” política de su régimen, al tiempo que rechazaba la ideología completa de cualquiera de ellas (monárquicos, falangistas, tradicionalistas carlistas) Por encima de todo creía en el patriotismo militar, en la seguridad nacional y en el servicio a la patria.

         No demostró tener el respeto que cada persona merece por el mero hecho de serlo. Me impactó la primera vez que lo leí, hace muchos años, cómo mientras mandaba la I Bandera de la Legión un legionario protestó del rancho arrojando el plato al suelo, manchando a un oficial. Ordenó de inmediato que fuera fusilado e hizo desfilar a toda la unidad por delante de su cadáver. Poder ejercido de manera implacable y búsqueda del miedo por actos ejemplarizantes en las medidas tomadas.

         Con todo y las contradicciones que existen en las fuentes historiográficas, Payne señala un testimonio de su nieto mayor que habla de la asistencia de Franco a las honras fúnebres del Almirante Carrero en 1973. Entonces, al parecer, lloró. Y Doña Carmen dijo entonces: “Pobre Paco, cuando era joven le vi llorar el día que acabó la guerra; dijo que si hubiera sabido lo que iba a ocurrir, nunca se hubiera sumado al alzamiento.” Parece chocante. Hay que hacer saber en este punto que mientras las guerras civiles en el siglo XIX fueron luchas entre facciones  opuestas con el fin de obtener objetivos concretos, a menudo no mucho más que el cambio de un gobierno, llegado el siglo XX se convirtieron en luchas revolucionarias que provocaron una metástasis (de dimensión nueva y apocalíptica, dice Payne) en las que cada bando quería crear e imponer una sociedad diferente y un nuevo orden cultural. Y así fue nuestra guerra incivil y de ahí tanto sufrimiento no necesario.

         Sus principios básicos jamás se vieron comprometidos durante su gobierno: autoritarismo, monarquismo, tradicionalismo religioso y cultural, una política económica desarrollista y nacional, el bienestar social y la unidad nacional.

         El impacto que supuso en él la caída de la dictadura de Primo de Rivera en 1930 hizo que creyera de forma permanente que cabalgaba sobre un tigre del que nunca podría bajarse con seguridad.

         Los puntos oscuros de la biografía de Franco fueron tres. La represión al finalizar la Guerra Civil, su política favorable al Eje durante la Segunda Guerra Mundial y la larga represión que hubo en España durante una parte de su dictadura.


4. CONCLUSIONES



  • ·        Hacer hagiografía de Franco, en lugar de historia, es un sinsentido. Ni del más santo debe hacerse, pero es que Francisco Franco no lo fue, fue un hombre de defectos y virtudes, de luces y de sombras, como todos los seres humanos.
  • ·  Un sinsentido del mismo grado me parece llamar a otro franquista, de manera despectiva, porque aplica la ley. Eso vienen haciendo de manera cotidiana en nuestra España de hoy los populistas de izquierdas, los separatistas, los antisistema y la izquierda abertzale.
  • ·        Es indiscutible su profesionalidad militar. Es junto a Napoleón uno de los generales más jóvenes de la historia de Europa.
  • ·   Fue acertada su participación en el alzamiento. Desde febrero del 36 la propia República ignoraba la Ley y España había regresado a la selva. Fue el Frente Popular, y no Franco, el que creó unas condiciones de guerra civil haciendo un uso arbitrario del poder en 1936, y que el regreso a la democracia abierta entre abril de 1931 y febrero de 1936 resulta impensable, tal y como algunos izquierdistas relevantes, como Gerald Brenan, han admitido a regañadientes.
  • ·        No así tanto el mantenimiento de un régimen totalitario (como él mismo lo llamaba) hasta su muerte. Muy vinculado a sus veleidades mesiánicas, más allá de providencialistas. Habría tenido otras opciones, entre ellas, la reinstauración de una monarquía parlamentaria –que indefectiblemente hubiera tutelado- aprovechando su monarquismo. En tal caso las ayudas que hubiera tenido España de los vencedores de la Guerra Mundial hubieran sido mucho más grandes.
  • ·   De su régimen y de su duración dijo Marías con acierto que la mayoría de los españoles “esperaban con calma y sin prisa” la evolución del régimen de Franco, comprendiendo que no podrían haber esperado nada mucho mejor si el otro bando hubiera ganado.
  • ·       Diez años después de la muerte de Franco, en una de las principales publicaciones norteamericanas se publicó un artículo que sentenciaba: “Lo que en realidad consiguió fue la protomodernización de España (…) Franco dejó España con unas instituciones dirigidas por una élite tecnocrática y una moderna clase dirigente que hicieron posible que el que fuera en tiempos de su guerra civil un país agrícola y pobre consiguiese unos recursos productivos necesarios y unos niveles de vida cercanos a los de sus vecinos del sur de Europa ¿Puede ser esto lo que la Guerra Civil dilucidó?” La respuesta es “no”, pero el planteamiento general es aceptable.
  • ·   Franco consiguió un notable incremento de la cooperación y la solidaridad social entre los españoles.
  • ·  Tras la desaparición de Franco llegó la llamada Transición. Nunca antes los mecanismos institucionalizados de un sistema autoritario se habían utilizado pacífica pero sistemáticamente para transformar todo un sistema desde dentro. Lástima que no se extendiera a los regímenes comunistas y poscomunistas más importantes.

         Pues bien. Hasta aquí he escrito unas líneas para trazar algunas características, actos y resultados en los diferentes plazos de su desarrollo vital. Como cada cual, es criticable. El, en su ensimismamiento mesiánico sólo se sometió al juicio de “Dios y de la Historia” y lo consiguió. Murió en la cama de un hospital y no como les hubiera gustado a sus enemigos más acérrimos.

         Ya lo está juzgando la Historia con sus instrumentos científicos más adecuados. La historiografía ha permitido ajustar datos de su régimen que resultaban arcanos. Y así seguirá.

         A nosotros nos queda vivir a Franco a la luz de la razón: Franco ha pasado ya a la historia; no forma parte de la realidad que nos circunda y que es la única que tenemos que mejorar a diario. En los momentos de crisis sociales –la nuestra es clamorosa como ya he escrito en otras ocasiones- es cuando emergen los salvapatrias como si fueran setas en un otoño llovido. Hay salvapatrias de los dos signos: unos idolatran a Franco y los otros lo prostituyen. Que los sensatos les hagamos ver que el discurso es absurdo, que Franco ya se fue, que llevamos cuarenta años en un sistema político de libertades como nunca hubo en España (a disgusto de Franco y del Frente Popular) y que semejantes diatribas absurdas y envenenadas no hacen más que envilecer el panorama político y social de España cuando la obligación de todos nosotros es mejorarlo cada día.

         Por el bien de todos, por el bien de España….dejemos a Franco en paz igual que a Don Pelayo, a Cisneros o a Alfonso VIII de Castilla.

         Ojalá estas líneas contribuyan mínimamente a lograrlo.


















E.L./07.06.2018

sábado, 24 de marzo de 2018

Comentarios a la carta de Marta Rovira al huir de España

Marta a su llegada al T.S. en Febrero pasado
  
         Conviene poner en claro el sinnúmero de falsedades, inconsistencias y bobadas que se vierten en ella. Justificando lo injustificable desde una apariencia de iluminación que todo lo puede y lo dirige. Ciertamente, se sienten iluminados ¿y si lo están? ¿qué luz es la que les ilumina?

         Comienza diciendo, queriendo entrar en escena como víctima, que emprende el camino del exilio, “el camino que tantos otros que nos preceden han tenido que coger” El exilio es el destierro y se produce como consecuencia de una pena que así lo dicta. El caso de esta mujer es de una huida voluntaria de la justicia, a sabiendas de los delitos perpetrados y de que ayer mismo había sido llamada por el Juez del TS para comunicarle su procesamiento.

         Dice que le “produce tristeza tantas luchas compartidas durante tantos años con personas a las que le mueve un único objetivo: cambiar la sociedad donde viven. Hacerla más justa. Personas dignas.” Pero ¿eso lo quiere hacer contra el Derecho? ¿al margen del Derecho? ¿o, quizás, por pantalones? No es concebible hablar de dignidad al margen del Derecho. Precisamente la dignidad, de la que habla todo el mundo sin saber la mayoría lo que significa, es el conjunto de derechos y deberes que tiene la persona por el mero hecho de ser persona y esta mujer y sus compinches (iluminados o no) han abdicado de su dignidad con el incumplimiento de sus deberes cívicos. Son indignos, igual que toda banda que se forma para delinquir.

         Fuera de la Ley sólo existe la selva, que es en buena medida lo que han creado todos estos iluminados contra Cataluña y contra España desde hace treinta y ocho años, desde la Presidencia de Jordi Pujol hasta ahora, en que los partidos nacionales en el poder les han vigorizado cediendo soberanía nacional a cambio de votos. Lo decente, si lo que quieren es “cambiar la sociedad en la que viven y hacerla más justa” y en España no les resulta posible modificar la Ley para su propósito, es salir de su espacio y acudir en misión humanitaria a espacios de la Tierra en condiciones de infravida: Siria, Venezuela, el Centro de Africa, Yemen, los territorios de dominio del DAESH. Que acudan en grupo y buscando socios en ayuda de las víctimas del terrorismo en todo el mundo y de las catástrofes naturales. Que contribuyan ahí a la dignidad de las personas y no en Cataluña (España) dignísima con Borrel, II; con el Tambor del Bruch y con Tarradellas, pero no con ellos que han dividido a la sociedad en un guerracivilismo irrespirable.

         Nótese que es la quinta vez en la Historia de España en que se ha proclamado una república catalana “contra legem”. Es para saberlo, no dar la lata y acudir en misión a tierras en que pudieran aportar dignidad. La dignidad en España se hace colaborando en el proyecto común. Así lo hicieron los catalanes en las Batallas de Alarcos y Las Navas (ss. XII y XIII), decisivas –como otras anteriores y posteriores- para la formación de la nación española.

         “Siento tristeza pero mucho más triste habría sido vivir silenciada interiormente. Sentir mi libertad de expresión censurada por unos tribunales que intimidan y que aplican –descaradamente- criterios políticos.” Como se ve la desvergüenza (o la sinrazón) va creciendo a medida que progresa el escrito: nunca ha vivido en España silenciada interiormente, hemos aguantado todo género de despropósitos contra España y el resto de los españoles de esta mujer y de sus compañeros de la banda, expresados de palabra y por escrito, o sea, con altavoz exterior; excuso decirles a donde llega ya la fantasía que engendra ese pretendido silenciamiento interior. Sentir su libertad de expresión censurada: cada cual siente lo que puede, pero se siente bien o se siente mal; con lesiones neurológicas se siente o no se siente pero se siente mal y estos hombres y mujeres de la banda han llegado al paroxismo de un síndrome onírico que es, al cabo y como otros, un síndrome inhabilitante para la convivencia. En este síndrome entra ya cualquier cosa: “que los tribunales intimidan”, “que aplican descaradamente criterios políticos” ¿Cuándo alguien cuerdo ha podido expresar que aplicar el Código Civil, el Código Penal, el Código Mercantil o las leyes administrativas supone aplicar descaradamente criterios políticos?

         “Cada día, cada hora sentía mi libertad limitada por amenazas judiciales arbitrarias” ¿Amenazas judiciales? ¿Qué juzgado o Tribunal ha amenazado a Marta? Los Jueces aplican la Ley. El que la transgrede responde a la sociedad, España, ante ellos que encarnan el poder judicial del Estado y lo encarnan sin arbitrariedad alguna porque lo hacen con arreglo a la Ley.

         Últimos toques de necedad política: “El exilio es la única forma que tengo de recuperar mi voz política. Es la única forma que tengo de levantarme en contra del Gobierno del PP, que persigue a todo el que está a favor de votar y que castiga a cualquiera que intenta cambiar lo preestablecido y lo establecido Un Gobierno que está dispuesto a saltarse el estado de Derecho y las libertades civiles para conseguir sus fines políticos.”. Me resulta asombroso. No se ha visto menudencia política más significativa que el PP en Cataluña, que no consiguió –si quiera- grupo parlamentario. Y para levantarse en contra del Gobierno central (se han levantado en contra del Estado) es más operativo estar cerca de Moncloa que lejos. Meras razones tácticas. Y en el colmo de la iluminación, deslumbrada, no es capaz de ver que el estado de Derecho, en que se cisca la banda, se lo saltan hechos y nadie más.


         En fin, sólo quería hacer estas aclaraciones y esperar con confianza en un arreglo con gobernantes dignos del gran problema que nos ocupa. Tan grande, que está suponiendo la deconstrucción de Cataluña y la deconstrucción de España, en consecuencia.

E.L/24.03.18

lunes, 12 de febrero de 2018

EL AMOR DE VERDAD Reflexionando sobre lo que es y en lo que consiste

"El mundo se desmorona mientras nosotros nos enamoramos"
(Ilsa a Rick en Casablanca)

           En alguno de mis escritos anteriores ya he comentado algo sobre el amor, pero siempre de pasada, a propósito de otro tema con el que el amor convergiera. Nunca he expuesto mis pensamientos sobre el amor de una manera autónoma, exclusiva y ordenada. Me propongo ahora escribir unas pocas páginas con el amor como tema único y contar lo que sé, como hago siempre, y expresar lo que siento.

           Probablemente sea el amor el asunto de mayor trascendencia para la persona de entre todos los que trata la antropología. Por dos razones primordiales; a saber: el amor es la gran energía que mueve (o debería mover a la humanidad) por causa de la vis atractiva que comporta y, en segundo lugar, el amor constituye la vocación última y definitiva de la persona y, por tanto, en su realización amorosa la persona tiene el camino definitivo para completarse y llegar a su plenitud.

           Y, sin embargo, no resulta fácil entenderse en nuestros días al hablar del amor. Es –sin duda- la voz peor parada del diccionario, se ha desvirtuado su naturaleza por completo hasta creer en un amor siempre idílico, placentero, sin renuncia alguna, confundido con la práctica del sexo y esos caracteres resultan ser, o lo antagónico del amor, que siempre supone el vaciamiento de la persona en otra u otras personas, o una confusión entre lo que es el amor y algunas cosas que tienen que ver con el amor pero que no son el amor. Y el que no lo tenga en cuenta  cuando hable del amor engañará a los que le estén escuchando.

           Unido a esta problemática, y muy vinculado con estas confusiones, Occidente vive en una carencia de valores sin parangón a lo largo de la Historia y No podemos seguir viviendo sin valores, como escribía yo en un artículo del año 2013 que incorporé a este blog al iniciarlo –diciembre 2016- y cuya lectura recomiendo ya que ayuda a comprender, complementándolo, algo de lo que aquí decimos.
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           Como muestra de lo que estoy diciendo, está preparándose en Antena 3 TV, ya ha comenzado a emitirse, un programa titulado Casados a primera vista ¿No se nos puede ocurrir otra cosa sobre el amor que una contradicción tan palmaria: casados a primera vista? El matrimonio no es más que el soporte jurídico de una realidad personal que se llama pareja humana, que consiste en una comunión de besos y caricias, de vida, entre un hombre y una mujer, con vocación de eternidad y conformada en el amor. Cuando esa realidad se ha constatado y ambos miembros quieren consolidarla y fortalecerla -la pareja, digo- la sociedad la ampara, dándole trascendencia social a través de la ley en una institución de derecho civil que se llama matrimonio ¿Es posible hacer el matrimonio a primera vista o es una cuestión de más fuste, en que la pareja se juega mucho y que requiere de tiempo para valorarlo? ¿Es que la pareja se hace a primera vista? Que no es deseable, por supuesto; pero es que tampoco es posible, es ir contra la naturaleza de la persona, de la pareja y del amor. ¿Ganamos algo difundiendo semejantes mamarrachadas a través de la TV? O somos rigurosos con lo que más nos incumbe o nos veremos destinados a la autodestrucción.

           El amor y lo que tiene que ver con el amor son cosas diferentes. Lo que se suele llamar amor está a gran distancia de lo que es el amor personal y hay que evitar el equívoco. Se quejaba el Profesor Marías en su Mapa del mundo personal de que las enciclopedias actuales nunca tienen un artículo sobre este concepto, que parece indigno e imposible de ser tratado. La palabra amor se usa por inercia, por el peso de una tradición milenaria, pero con gran frecuencia es sustituida por otras, sobre todo sexo.

           El hecho de la atracción sexual entre hombres y mujeres es tan elemental –y por ello tan importante-, que es lo que parece reclamar la atención del que piensa sobre tales asuntos. Desde cierto momento de la vida hasta otro muy lejano –si es que este último existe-, el hombre y la mujer sienten atracción mutua, en muy diversos grados,  que tiende a individualizarse. Es decir, se concentra y hace más intensa sobre una configuración que despierta la sensualidad y hace que se concrete en forma de deseo. Habría que preguntar: deseo ¿de qué? Pero esta pregunta, de no fácil respuesta, casi siempre se omite, se da por supuesto que ya se sabe, con lo cual se lleva a cabo una primera y enorme simplificación.

           En lo que tiene de espontáneo y más real (prescindiendo de interpretaciones sociales) muestra una variedad considerable ¿Qué despierta e individualiza ese deseo? Depende de cada uno, de su contextura psicofísica, de sus experiencias vitales, de la que tenga, por su familia, ante todo de sus padres, de la relación entre hombre y mujer. También de la época, de las vigencias sociales, de los modelos que presenta, por ejemplo, el cine, de las modas. Tal vez los andares, para los cuales ha sido sensible el varón durante largo tiempo, y hoy desatendidos, o las piernas, que hicieron su aparición hace unos cien años, o el busto, o la nuca, o la cabellera o la boca. Todo eso es impersonal, pero da la casualidad de que está adscrito a una persona, sostenido por ella, lo cual introduce un elemento personal en lo que todavía no lo es. La atracción sexual es respecto del amor lo que Ortega expresó con una metáfora, y por tanto con insuperable concisión y precisión a la vez: como el viento en las velas. Ahí empieza y termina la historia, manifiesta Julián Marías.

           En todo este conjunto de cosas existen cosas que tienen que ver con el amor: atracción, sensualidad, pasión, sexo, sensaciones, afectos, deseos, etc. Pero como decíamos más arriba esas cosas no son el amor.

           A cualquier relación pasajera y superficial, que no lleva a ninguna parte, se le llama amor. Por eso hay que volver a encontrar el verdadero sentido de la palabra amor y aplicarlo a la vida, conocer de su profundidad y reconocer su misterio. Hay que hacer una distinción entre amor y sexo. En muchas relaciones sexuales no hay amor y lo peor es que esto se admite en las vigencias sociales de nuestro tiempo: El amor es otra cosa, es acercarse al otro, es querer estar junto al otro, es querer lo mejor para el otro. El amor llena el corazón del hombre y hace que nos sintamos alegres y en paz. El amor persigue el bien moral que nos dota de estas cualidades -alegres y en paz- mientras que la relación sexual sin amor es sólo un método de placer. El trato sexual indiscriminado busca aprovecharse del otro y esto implica que hombre y mujer se alejen porque sienten un contacto superficial que no les significa nada.

           Si nos damos una vuelta por la Wikipedia sí que existe una entrada para el amor, del que dice: “De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias.” Si no sacamos al amor de ser sentimiento, al igual que todos los sentires, tenderá a moverse en la dirección del viento. Pobre amor. También es un sentimiento en el diccionario ideológico de Casares y sentimiento, nos aclara que es la acción de experimentar sensaciones físicas o morales. Por fin, es también un sentimiento para el diccionario de La Española: “sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido.” En una segunda acepción la RAE considera “amor la atracción sexual” y en una tercera (y esto ya me parece de aurora boreal) lo considera “el apetito sexual de los animales.”

           Si las enciclopedias y los diccionarios así lo describen es porque la sociedad así lo percibe.
 
Hay muchas formas de amar
           
          Que el amor provoca sentimientos es evidente, pero es algo de mucho más peso que un sentimiento. Es una instalación de la persona que ésta decide tras el enamoramiento, tras tomar conciencia de los hijos que ha engendrado, tras sentirse amigo de esos amigos que va haciendo a lo largo de la vida, cuando toma conciencia  de la consistencia misericordiosa e inefable del Amor de Dios, cuando opta por la predilección hacia los débiles que lo rodean…Existen muchas formas de amor. En todas ellas el vaciamiento de uno mismo en el amado(s) es común, en eso precisamente consiste amar. Y cuando se decide amar se vive enteramente desde esa instalación del amor como se vive desde la instalación de ser mujer o desde la instalación de ser español o desde la instalación de tener cuarenta años, o desde la instalación de ser alto, bajo, gordo o flaco, rubio o moreno. Es decir, desde la instalación del amor se vive amando porque en eso se está, esa ha sido la opción que me ha parecido mejor, a esa opción he llegado y he llegado para quedarme.

           Y para saber algo más de lo que la instalación significa basten esos ejemplos. Desde esas diferentes formas de vida, desde esas estructuras biográficas del estar, apoyándose en ellas, avanza el hombre en diversas direcciones, hace lo que ha proyectado, despliega el dramático dinamismo que llamamos vivir. No basta con la mera circunstancialidad de la vida humana; no es suficiente decir que el hombre está en el mundo; hay que ver cómo está, cómo tiene que estar o puede estar. Ahora podemos entender lo más importante, lo que antes no hubiera sido plenamente inteligible: la instalación es la forma empírica de radicación en la vida humana como realidad radical.” (Marías, “Antropología Metafísica”)

           No se puede reducir el amor a un acto o a una serie de actos, que es lo que sugiere el verbo amar; el amor es primariamente una instalación en la cual se está y desde la cual se ejecutan actos -entre ellos, los específicamente de amor-. Con otras palabras, cuando se está instalado en el amor, desde él se hacen muchas cosas, una de ellas amar. Esto lo expresa admirablemente nuestra lengua -y otras, pero no todas- con las palabras enamorarse, enamorado, enamoramiento, en todas las cuales aparece reveladoramente el “en” que indica la instalación.

           Por eso, si se quiere usar el verbo amar, más que amo habría que decir estoy amando. No es simplemente un acto que yo pueda ejecutar –si así fuera, podría ser en principio un acto singular y aislado, que nadie confundiría con el amor-, sino que me encuentro enamorado, me descubro como tal, puedo dudar de si lo estoy o no, mientras no tendría sentido dudar de una realidad psíquica, ni siquiera de un acto. Podríamos decir incluso que acaso estoy seguro de que amo pero no de que estoy enamorado.

           Las teorías del amor han estado muy influidas por la psicología. El haber entendido el amor sobre todo como un sentimiento, secundariamente una afección o tendencia, ha enturbiado indeciblemente su comprensión. Naturalmente hay sentimientos amorosos; son los que acompañan al amor, los fenómenos concomitantes con los cuales se realiza y de los que parcialmente se nutre; pero el amor no es un sentimiento. Ya lo decía líneas arriba. La interpretación psicológica del amor lo reduce a la esfera de la vida psíquica, y no hay duda de que ésta queda afectada por el amor, y que podría haber una psicología del amor, pero éste es una realidad de la vida biográfica. Y una realidad de la vida biográfica solamente se puede atribuir a una persona. Como enunció Ortega, y describió de una manera inmensamente expresiva y sencilla, la realidad primaria y última no se reduce a las cosas, como había creído la filosofía realista, desde la Antigüedad hasta el s. XVII, ni  tampoco al yo, como sostuvo el idealismo desde Descartes hasta nuestro tiempo, sino que la realidad radical, no única ni la más importante, sino aquella en que radican o aparecen y se constituyen todas las realidades, que por eso son radicadas, es mi vida, la de cada cual, es decir yo y mi circunstancia, yo con las cosas, haciendo algo con ellas. La vida humana termina con la muerte, es indudable ¿Qué significa esto? ¿Se extingue la realidad radical? Hay que buscar algo más, pero precisamente no puede ser algo, sino una realidad bien distinta, irreductible, de otro orden: lo que llamamos alguien, y que la lengua distingue espontánea y radicalmente.

     La necesidad de comprender esto lleva a una cuestión nueva y particularmente espinosa, casi siempre eludida por toda la tradición filosófica: la forma de realidad que pertenece a ese alguien, a ese yo inseparable de su circunstancia –sea esta cualquiera-; esto es lo que llamamos  persona.

Tras el enamoramiento llega la decisión de amar
         

           Al descubrir la persona, el primer dato, esencial, es el de su corporeidad. El soporte carnal hace posible la inserción del hombre en el mundo; sin embargo, la consistencia de la persona va más allá del cuerpo. La persona es una realidad proyectiva, futuriza, que escapa al presente y lo trasciende; consiste en innovación y siempre puede rectificar. Por su irrealidad, inseguridad y contingencia es lo más vulnerable pero con un núcleo invulnerable porque nunca está dada: no se puede decir de ella “esto es”, porque “está siendo”, y “va a ser” sin límite conocido.

           Y ese concepto de persona que viene desde los griegos, que parece evidente, pero que no resulta tan sencillo –conócete a ti mismo- es decisivo en el amor. Aman las personas y sólo el amor personal es amor de verdad, Y nótese que la persona, un concepto que se atisba en Grecia seiscientos o setecientos años del nacimiento de Jesucristo, toma una fuerza inmensa con el cristianismo, no sólo porque el Dios trinidad es un Dios personal –tres personas distintas en un solo Dios- sino porque la segunda persona, el Verbo, se hace carne mortal, como la nuestra, para nuestra salvación, lo que tiene una repercusión muy grande en la filosofía de Occidente desde entonces. Y Kant, en el s. XVIII, considera que la persona es el ser que tiende infinitamente a la verdad, al bien y a la belleza. Y si somos fieles a nosotros mismos esa fuerza innata hacia lo más alto la sentimos de verdad y, al mismo tiempo, al mirarnos en el espejo, advertimos nuestra pequeñez y nuestra debilidad. La vida del hombre acontece en esta paradoja y de la buena gestión de esta paradoja depende en gran medida nuestra felicidad.

           Todo ello ha ido haciendo a la persona como algo (alguien) sagrado en la tradición judeocristiana, en occidente.

           Para Kant las cuestiones últimas de la filosofía mundana (práctica) son cuatro: 1) ¿Qué puedo saber? (Metafísica); 2) ¿Qué debo hacer? (Moral); 3) ¿Qué puedo esperar? (Religión) Y 4)¿Qué es el hombre (Antropología) “Pero en el fondo –dice Kant- se podría poner todo esto en la cuenta de la antropología, porque las tres primeras cuestiones se refieren a la última.” La filosofía se convierte en antropología. El último fin de la filosofía es que el hombre se conozca. El objeto supremo de la metafísica es la persona humana.

           Pues bien, el amor de verdad es el amor personal, el amor de persona a persona, el amor en que el que ama tiene presente que está amando a una persona y que por ello él o ella tiene un valor infinito y que junto a la personada amada siente que crece y se completa a sí mismo.

           La vida no es fácil de vivir y las cosas grandes de la vida (el amor es la más grande) no lo son tampoco. Por eso hay que ir entrenando desde pequeño hasta hacer del amor un hábito como lo vemos en algunos hombres y mujeres que tenemos alrededor. Pocos, pero grandes. “La primera experiencia del amor la hicimos desde nuestro nacimiento en la gratuita ternura de que éramos objeto”, subraya J. Mac Avoy. En efecto, el amor materno y el amor paterno responden de manera espontánea al intenso amor filial que, desde sus primeras experiencias de la vida, el recién nacido ofrece inmediatamente a los que se ocupan de él. Las impresiones recogidas en esos primeros lazos afectivos constituirán la base de todos los vínculos afectivos que se anuden posteriormente.

           Luego, el niño va creciendo y su necesidad de amor busca otras personas con quienes compartirlo, a medida que su círculo social se amplía: busca, en primer lugar, el amor fraterno de los hermanos mayores dentro de la familia, luego el amor-ternura, el amor-amistad de compañeros de la misma edad. Finalmente, la pubertad le lleva a interesarse por el otro sexo, con un amor romántico, todavía idealizado, que se alimenta más de fantasía que de hechos, más de esperanza que de acción. Es el Amor, con mayúscula, “happy end” de innumerables novelas, como si, al llegar a ese estadio, no existiera problema alguno capaz de afectar realmente a los que se aman. Pero innumerables avatares acechan todavía al amor humano. Estos son algunos de los que enumera el Dr. A. Hernard.

       El flechazo. “Sólo tiene lugar en condiciones afectivas especiales, que pueden resumirse en esa necesidad de amor que existe en todo ser privado de ternura, que es el alimento psíquico.”

           El amor deseo. “Amor en el que el sujeto tiende a incorporarse el objeto amado, a asimilarlo, si es que no a disponer de él como de una cosa anónima.”

           El amor pasión. “El más descrito por la literatura, porque es como una tempestad que envuelve a la personalidad social…Verdadera intoxicación moral cuyos recuerdos evocará luego el individuo, quien tiene la impresión de que realmente no era él mismo.”

           El amor cerebral. “Es del mismo tipo que el anterior, aunque su finalidad erótica, debido a la represión, esté más o menos profundamente disimulada. Por lo demás, puede ser más apasionadamente ciego y celoso.” Se llama también amor platónico al amor que no exige una culminación sexual.

         El amor-instinto adquirido. “Queremos decir que aun cuando la energía sexual que lo acciona radicalmente sea innata, ese amor no adquiere su poder sino tras un largo período de adaptación, después de acostumbrarse a compartir la satisfacción afectiva, para lo que ayuda la satisfacción erótica.”

El amor-pasión

           Todos estos son caminos erróneos del amor, sobre los que cabe corregir el rumbo y redirigirlos al amor de verdad que se convierte en lo que podemos llamar El amor hábito: Resultado de una vida común experimentada en la que se mezclan las satisfacciones del instinto sexual, el placer de tener hijos, el equilibrio personal y familiar, que viene como consecuencia de una buena armonía lograda tres años de vida compartidos por los dos. En la juventud la intensidad de las pasiones que se sienten hace que se mire al amor-hábito con desdén. En la edad madura se convierte en el don más valioso de la pareja. Su duración previa garantiza la solidez futura del mismo y representa la acumulación de experiencias felices que le dan todo su sabor.

           El amor, que surgió con motivo de la adivinación de la persona en el ser por el que se siente atraído, va creciendo, madurando y fortaleciéndose a base de un proceso de prueba y error como es el conjunto de la vida del hombre sobre la tierra, pero con dedicación, esfuerzo, renuncia y hasta vaciamiento en la persona amada. Y con esos objetivos programáticos, con las características repetidamente practicadas de: paciencia, afabilidad, nada envidioso, ni jactancioso, ni engreído, ni grosero ni egoísta, jamás se exaspera, nunca lleva cuentas del mal, rechaza la injusticia y se asocia siempre a la verdad. El amor siempre disculpa, siempre se fía, siempre espera y siempre aguanta. Ese amor ni falla nunca, ni pasa jamás (1, Cor. 13)
 
"Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos"
(Neruda)
           Estos dos versos finales del Poema 14 de Neruda son imprescindibles: yo te quiero como eres y por eso no quiero cambiarte. Sólo quiero, al quererte, crear el ambiente propicio -como la primavera- para que florezcas más y más.

           Dos consideraciones finales que me parecen de suma importancia: en toda relación interpersonal, la comunicación entre las personas es clave para poder llevar la relación a puerto. Eso es válido desde la relación más densa entre las personas (la pareja humana) como la más liviana (un compañero de asiento en el tren) En todos los casos y en cada uno, de la forma y con la intensidad que su naturaleza lo requiere, hay que esforzarse en una comunicación lo mejor posible.

           Y, por fin, el otro día escuché a un hombre joven, de cultura elevada, apasionado e inteligente manifestar que el antónimo del amor no es ni el desamor, ni el odio, ni siquiera la traición. El antónimo es el cálculo. No es posible decir que se ama si se está calculando en qué dosis te vas a entregar a la persona amada.

           O todo, o nada.

           Amemos de verdad (y dejémonos amar) porque en ello encontraremos satisfecha la vocación principal de la persona y, por tanto, amando llegaremos a nuestra plenitud personal.

           Termino con estos preciosos versos de Salinas:

"Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando."
(Pedro Salinas)


















E.L./06.02.2018