lunes, 17 de julio de 2017

La imprescindible tolerancia para convivir nada tiene que ver con la permisividad

Fray Tomás de Torquemada,
Inquisidor general, símbolo de la intolerancia


         Vivimos tiempos de desasosiego, de ausencia de valores humanos que nos hacen vivir con un espesor en lo humano muy delgado, rayando en la animalidad, tiempos de confusión y de desolación.

         En ese escenario, tanto en la convivencia cívica como en la convivencia política (cívica también, pero incivil tantas veces) es imprescindible la TOLERANCIA, una actitud virtuosa que consiste en la aceptación de las conductas de los demás, o de sus pensamientos, con los que no comulgo pero que están dentro de las normas aceptadas.

         Sin embargo, esa actitud, virtuosa en sí misma, la estamos confundiendo con PERMISIVIDAD, que consiste en la aceptación del incumplimiento deliberado por parte de nuestros semejantes de las normas y leyes comúnmente aceptadas (mentir, robar, desobedecer a la autoridad…) Y en esta confusión y con esta permisividad es como la convivencia se quiebra y nos hacemos irremediablemente víctimas del más fuerte.

         La TOLERANCIA no es aceptar todo del otro, sino aceptar al otro como un todo y la PERMISIVIDAD  es la renuncia a decidir entre lo que me es lícito y lo que no me conviene. Es muy sabio el adagio paulino “Todo está permitido, decís, pero no todo conviene. Todo está permitido, pero no todo edifica” (1 Cor. 10, 23)

         La diferencia entre TOLERANCIA y PERMISIVIDAD es la misma que existe entre RESPETO y VENERACIÓN. El exceso siempre nos aboca al error. Y nos ocurre que de tanto pretender aceptar a los demás como son acabamos aceptando nuestros propios dislates.

         He comentado ya en este foro aspectos varios que surgen con la emergencia de Podemos. A mí me sigue pareciendo el emblema de la permisividad en la vida pública española. Todo se les permite. Desde su falta de aseo hasta el incumplimiento de las normas de protocolo y esa falta de respeto a las normas son las que conllevan a que la convivencia sea imposible. Por definición toda norma es una regla a la que se deben ajustar las operaciones y llevamos muchos años en que las reglas existen pero las operaciones no se ajustan a ellas ¿Desde cuándo permiten los gobiernos centrales de España que los gobiernos autonómicos de Euskadi y Catalaluña incumplan la Ley de Banderas escondiendo nuestra bandera nacional del lugar central que debe ocupar junto a la ikurriña o la señera? ¿Desde cuándo se permite al gobierno de la Generalidad catalana que no acuda a las reuniones con los otros gobiernos autonómicos y se les sigue mandando el correspondiente giro postal a pesar del desaire y la mala voluntad manifiesta?

         Y parece muy claro que de aquellos polvos vienen estos lodos y cuando se hace dejación del imperio de la ley las sociedades se envilecen o llegan a destruirse.

           Esta es la ruta venezolana del régimen chavista, en diez pasos, muy certeramente analizada por una de sus víctimas, Miguel Henrique Otero, Presidente del Diario Nacional de Caracas:

1.      El uso del petróleo como herramienta política y geopolítica.
2.      La destrucción paulatina del aparato productivo privado y de la productividad.
3.      La destrucción de la independencia de los poderes públicos.
4.      La colonización, politización y control absoluto del sistema judicial.
5.      La persecución física y judicial de los opositores.
6.      La politización e ideologización de la Fuerza Armada Nacional.
7.      La destrucción sistemática de los medios de comunicación.
8.      La construcción de una hegemonía comunicacional que permita al régimen el control de absoluto de las informaciones y la opinión que circulaba en Venezuela.
9.      La destrucción sistemática de los símbolos y valores de la república.
10. Una cultura política basada en la polarización

           Esto, dice Otero, tiene consecuencias muy duraderas: brutaliza el ejercicio de la política, destruye los mecanismos de convivencia, impone la ley del más fuerte, establece la negación del otro como base de los intercambios sociales, autoriza al ejercicio de la violencia, impide la comprensión objetiva de la realidad.

           De la permisividad con Cataluña y Euskadi ya tenemos los réditos. Los de la permisividad con Podemos pueden desembocar en un caos al estilo venezolano.

           Ojalá le pongamos remedio a tiempo.







E.L./17.07.17

lunes, 26 de junio de 2017

Los anti humanistas, dicen que animalistas ¿van a campar también a sus anchas?


Fandiño, empitonado de muerte

         En la confusión y criminalidad consentida reinantes han reaparecido, con la trágica muerte del matador de toros Iván Fandiño, los autoproclamados animalistas: unos energúmenos que arremeten contra el hombre de manera inmisericorde bajo el disfraz de su falsa defensa de los animales. Nadie puede defender a los animales arremetiendo contra el hombre en tan inhumanas formas y nadie puede ser condenado sin ser oído. Condenar a Fandiño muerto llega al mayor grado de vileza y en las formas en que se ha hecho se ha evidenciado lo más tirado de la naturaleza animal del hombre.

         Jorge Javier Vázquez, en lo más suave que se ha oído, se despide hasta siempre de Felipe, VI por presidir la Corrida de la Beneficencia. Hay fotos de él, anteriores, disfrutando de una tarde toros en un burladero del callejón de Las Ventas (sic) De ahí, hasta bendecir al toro que mató al diestro vasco.

         Transcribo de twitter las siguientes animaladas animalistas:

1.    Chicco Apple
“No es nada….Maricón. Es arte”
 (Fue el pie de página que se ocurrió añadir a la foto que encabeza estas líneas)
2.      Anne for ever.
“Qué triste! Que tengamos que sentir eso! Pues también lo siento así! Estos seres oscuros, asesinos, nos están poniendo en este lugar, en este sentir!

3.      Yaz CatDog Mex
“Sí, DeVerdadLoSientoMuchoZ Peropor Eltoro, quien maltrata a un animal no puede ser buena persona y bueno pues esta bola de payasos asesinos menos”

4.      Semicirculo
“Iván Fandiño muerto abono pa mi huerto”

5.      @Earended_
“Leo sobre un matador que acaba de fallecer en el hospital. Envío mis bendiciones al toro”

6.      @lucsricca
“Iván Fandiño, otro hijo de puta menos”

         Es no sólo comprensible, sino encomiable, que Fran Rivera haya publicado en su cuenta de twitter, @Pquirri74, “Y me cago en los muertos de toda la gente mala que se alegra de la muerte de un hombre bueno” Su padre murió en la plaza de Pozoblanco, víctima de una cogida que le mató en minutos y él está jugándose la vida en cada tarde que se viste de luces.

         En todo este vil comportamiento que hemos descrito late un auténtico salvajismo ¿o animalidad que les une de esa salvaje manera a los animales? Pero se perpetran delitos de odio, delitos contra el honor y quizás de otras más naturalezas que los penalistas sabrán.

         ¿También en esto vamos a mirar para otro lado?




























E.L./26.06.17

jueves, 15 de junio de 2017

Es del género imbécil, por suicida, dar cobijo confortable al que tiene como objetivo asesinarte

         Se hace imprescindible poner en marcha nuevas políticas de convivencia con los musulmanes en los países que les acogemos en Occidente. De lo contrario, todo hace pensar que pereceremos por causa de las acciones de los yihadistas, martiriales o no.

         Y hasta ahora los hemos admitido sin trabas, hemos alentado sus costumbres y estamos llegando hasta la estupidez. Se va a considerar la celebración del mes del ayuno de purificación, o mes de Ramadán, como fiesta española ¿Se puede ser más cenutrio? Perdemos así nuestras señas de identidad, una de las cuales y no la menor era la de la lucha contra el Islam. En todo Occidente se están construyendo mezquitas (en ocasiones con ayudas públicas) cuando en los países islámicos wahabistas, los que suelen financiarla, no se nos permite levantar iglesias para nuestro culto ¿A ese complejo de inferioridad o de imbecilidad hemos llegado?


El Rey de Arabia saudí


         España conoce bien lo que el Islam representa: lo que supone en términos de convivencia, lo que significa en términos de guerra y lo difícil, si no imposible, que resulta una alianza con el Islam desde nuestra condición de increyentes. No en balde se mantuvo ocupada por el Islam durante siete siglos, del VIII al XV, ocupación que se extendió por toda la Península. En ocasiones hemos presumido de ciudades medievales (Toledo y Córdoba son los paradigmas) de una convivencia excelente de las tres culturas –cristiana, judía y musulmana-. Nada de eso es cierto, la convivencia entre ellas era un continuo sobresalto. Hoy sí y mañana también se producían altercados entre miembros de las tres religiones.

         Convivo con musulmanes a diario, principalmente marroquíes empleados en establecimientos que frecuento y son personas amables, cariñosas y serviciales. Sin embargo, cuando se comenta con ellos los atentados islamistas padecidos, a cuál más horrendo, dicen que no son verdad que sean islamistas, que eso son cosas que dicen los políticos. Y, ciertamente, se pone uno primero a pensar y a temblar más tarde.

         Esto me lo dijo muy convencida una mujer de Casablanca muy alegre, cariñosa y eficiente que trabaja en una pastelería a la que acudo a diario a comprar el pan. Y me lo dijo tras el último atentado de Londres el pasado día 3 ¿Cómo es posible padecer una intoxicación de tal magnitud? Se conocen los autores del atentado, se conocen sus ramificaciones, se detiene a gente de su alrededor que formaba parte de aquellas, se produce la reivindicación por el Daesh ¿A qué este empecinamiento? Al poco del atentado de Londres, el Daesh atentaba contra Irán en dos acciones paralelas: una contra el Parlamento iraní y la otra, a las afueras de Teherán, contra la tumba del imán Jomeini. Actuaciones sangrientas de suníes contra chiíes, una escisión que se produce entre los musulmanes al poco de la muerte del Profeta y que se ha ido agrandando hasta verse como irreconciliable. Es horrendo que mueran seres humanos:  lo mismo vale un ciudadano de Madrid que otro de Teherán, pero atentando centre ellos poco podemos hacer los de fuera. Sin embargo, Nueva York con las Torres Gemelas destruidas, París, Bruselas, Estocolmo, Londres ¿tienen que acudir al martirio como oveja al matadero por parte de esta gente? Una gente a la que hemos acogido, que ha crecido entre nosotros, a la que no hemos hecho mal alguno sino el bien que hemos podido, el disfrute de nuestra cultura.

Abu Bakr al Baghdai, autoproclamado Califa del Estado Islámico


         Hay que cortar esto. No sé cómo, nunca he tenido responsabilidades políticas ni de orden público, pero hay que cortarlo. No más mezquitas como si nada, no más velos en las mujeres como si nada, no estupideces como hacer del Ramadán una Fiesta española. El que llega a otra casa cumple con el adagio de que donde fueres haz lo que vieres y a los musulmanes les toca eso como nos toca a nosotros.

         Salam ailekum.





















jueves, 18 de mayo de 2017

La transmodernidad, una salida del túnel de esta postmodernidad en que vivimos y que nos tiene inhabilitados



         Desde la Revolución Francesa y la revolución industrial el hombre se da a sí mismo un proyecto de modernidad que traspasa el siglo XIX hasta llegar hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado. Nace en Europa y se amplifica a un proyecto global hegemónico y con carácter totalizador para el resto del mundo. Se caracteriza, sobre todo, según Rodríguez Magda siguiendo a Habermas, por la absolutización de la razón: es el esfuerzo ilustrado por desarrollar desde la razón las esferas de la ciencia, la moralidad y el arte, separadas de la metafísica y la religión. De esta manera la razón emerge como medida de todas las cosas haciendo de la modernidad un proceso emancipador de la sociedad, un salir de la tradición para adentrarnos en una secularización de las cosas, un colocar al hombre como capaz por sí mismo de responder a las interrogantes colocando a la razón por encima de las respuestas teológicas, lo que hasta entonces se había conocido como la tradición. Esta Utopía desde la razón y precisamente porque está presidida por la razón misma fue cohesionando un modelo, cuya quiebra, desde su propio punto de vista, no puede sino conducir a la barbarie.

Descartes


         Este estado de cosas ha proporcionado a la humanidad una referencia en el camino, seguridad en los conceptos y en los valores aceptados por convenio por todos y cerca de doscientos años de criterios bastante estables.

         Sien embargo, J. J. Garrido afirma que es justo reconocer que había motivos para rebelarse contra ese ambiente en una rebelión postmoderna: el abuso de la razón, convertida en razón científico-instrumental y ciega para otras expresiones y dimensiones de la realidad; la intolerancia hacia formas de pensar y sentir diferentes de las entronizadas en el gran relato; la manipulación del absoluto, causa de grandes sufrimientos entre los seres humanos; la ideología del progreso (en ella seguimos) que –al decir de Ortega- se había convertido en el opio entontecedor de los pueblos; la instrumentalización partidista del llamado “sentido de la historia” para la eliminación de los adversarios políticos; el temible poder de la técnica sin referencia al horizonte humano; la absolutización de la economía…

         Continúa el Profesor Garrido manifestando con rigor  que todo esto estaba detrás del origen del pensamiento y de la condición postmodernos y en cierto modo lo justificaba al conectar con un difuso y muy extendido malestar de la conciencia europea. Otra cosa muy distinta era el que este modo de pensar postmoderno, al rechazar las raíces de Occidente y los valores de la Ilustración, pudiera ofrecer algo positivo a las nuevas generaciones. De hecho, al arranque de la postmodernidad no abundaba la esperanza y se fomentaba un cierto fatalismo y una actitud resignada ante los acontecimientos, compensada con el esteticismo. Sin olvidar que el rechazo sin matices de todo lo moderno e ilustrado suprimía también el espíritu utópico.

         La postmodernidad es quizás el momento de mayor vacío de entusiasmo y esperanza del hombre a lo largo de la Historia, no comparable con ninguna otra época (algo de naturaleza parecida pero de ninguna manera idéntico, ocurrió en el caprichoso paso de la República Romana al Imperio, momento en el cual la civilización romana comenzó a desmoronarse) A ello se añade en los años 80 del pasado siglo la caída del muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética que hace desaparecer la última utopía –para quien la quiera-: el comunismo.

         Se puede definir la posmodernidad como la libertad de librase de los mandatos. Según los generadores de este pensamiento, si existen reglas, leyes o todo aquello que haga del hombre una especie encerrada en mandatos, no podrá ser feliz. Cree en una libertad que no es destructiva para la sociedad, que no es regida por normas y teorías; mira a su alrededor, más bien, y medita y critica tanto a la realidad como a la teoría que ha hecho surgir las tecnologías y los avances en lo humano. No cree en los descubrimientos de la ciencia ni en la realidad que esta pueda traer y critica la ciencia a tal extremo que su argumento es decir que los cambios científicos y tecnológicos se han producido dependiendo de la perspectiva humana que pueda tener cierto individuo al estudiar cualquier cosa que le rodee en el mundo y el universo.

         En relación con el rechazo a las verdades absolutas es característico de la posmodernidad el abandono de la razón y el desprestigio de la idea de progreso. La razón se fue sustituyendo por la estética, por los valores creativos; la categoría de interesante (que es estética) ha sustituido a la categoría de verdadero (que es epistemológica) En la posmodernidad nada es verdadero, lo que provoca una falta de asideros existenciales no pequeña. Al desconfiar de la razón hay una pérdida de preocupación por la realización colectiva y resalta el interés por uno mismo. Esto se observa en el entorno de lo religioso: hay un boom de lo sobrenatural y de las ciencias ocultas (quiromancia, astrología, videncia, cartas astrales, cábalas) A diferencia con la modernidad, en la posmodernidad no hay prejuicio en aceptar explicaciones por más irracionales que sean. Además de un retorno de lo irracional, también retorna Dios, pero el Dios del individuo posmoderno no puede ser demasiado exigente: como el individuo postmoderno obedece a lógicas múltiples su postura religiosa también las tiene y vive un sincretismo con ideas judías, cristianas, hindúes, budistas y añadiendo un poco de marxismo y de paganismo. La posmodernidad disuelve las ilusiones de la modernidad y, a diferencia de ésta, que era ingenuamente optimista, lleva una carga de pesimismo consigo.

         Este ambiente posmoderno (en la modernidad no hubiera cabido) es el que nos lleva a tantas sinrazones como estamos viviendo: que se pase el bachillerato con asignaturas suspendidas; que dé lo mismo el esfuerzo que la holgazanería, que todo valga lo mismo, consecuencia del abandono de la metafísica y por tanto de la ética; que se represente a España en Eurovisión cantando en inglés; que Manel quede el último en el concurso y esté orgulloso del resultado porque “es lo que hay” y la preparación que había hecho fue “espectacular”; que mientras la policía está registrando la sede del PP en la calle Génova por corrupción en la Comunidad de Madrid, el Presidente del Gobierno y del Partido proclame en el Congreso que éste es el regenerador de la democracia y la vía para acabar con la corrupción; tampoco en la modernidad hubieran cabido los populismos de derecha, de izquierda y mediopensionistas por la sencilla razón de que va contra la razón vulnerar las normas que nos venimos dando, desde las de protocolo hasta la Constitución Española que es la cima de la pirámide normativa.
Marine Le Pen

Manel Navarro

Podemos en el hemiciclo



En relación con la idea de progreso me sorprende (me viene sorprendiendo desde que tenía 20 años) que los partidos de izquierda continúen autocalificándose de progresistas, no sólo porque no han propiciado progreso alguno, nunca, en las sociedades a que se deben sino porque la cultura dominante no se fía ya de la idea de progreso como realidad posible y por lo tanto deseada.

La transmodernidad corresponde a una etapa nueva, a un nuevo reordenamiento cultural en que se supera la posmodernidad y se recuperan algunos aspectos que quedaron sin concluir en la modernidad. Ojala se vaya consolidando y regresemos a un ambiente de mayor espesor humano y personal. Yo no veo aún luz al final del túnel pero los que están al tanto de estos movimientos (sociólogos y filósofos sociales) dicen advertir el cambio.

El elemento central que atraviesa la transmodernidad es la globalización que se constituye en el gran referente. Y en esa orientación global Garrido incluye lo más lo más sólido del pensamiento del siglo XX que vio las insuficiencias del mundo moderno y de la ilustración y que se esforzó en la búsqueda de caminos nuevos, sin por ello renunciar a los logros intelectuales, sociales y políticos de la modernidad: el individuo como portador de derechos, la universalidad de lo humano y su dignidad, el deseo de igualdad, los planteamientos democráticos, el valor universal de la verdad, etc. “Ante el hundimiento y el descrédito de la razón racionalista, cientifista, técnica e instrumental los grandes pensadores del siglo pasado, como Bergson, Husserl, Ortega, Scheler, Hartmann, Zubiri, Levinas, Merlau-Ponty, Heidegger, en lugar de renegar de la razón o de sumergirse en el relativismo, trabajaron cada uno a su manera en la búsqueda de una racionalidad amplia y acogedora, respetuosa con la realidad en sus múltiples manifestaciones, más abierta hacia lo que las cosas son y muestran ser; una razón que evitara el dogmatismo del sistema cerrado y exclusivo, la pretendida explicación total y sin fisuras, la exclusión de dimensiones relevantes de las cosas y de la vida humana y la confusión de los esquemas conceptuales con lo real aprehendido en ellos.”

Ortega


“Buscaron una razón que, en lugar de imponer a lo real sus esquemas e intereses, se dejara enseñar por las cosas mismas y se abriera admirativamente a sus propuestas, tuviera el sentido de la gratuidad y el gusto por la contemplación. Y ello fue haciendo posible una nueva manera de acercarse a las cosas y de mirar el mundo, una nueva manera capaz de hacer justicia a lo humano en su peculiaridad, a los valores éticos generadores de proyectos de vida personal y colectiva y a los sentidos profundos y a los sentidos profundos que las cosas muestran al situarse adecuadamente  ante ella como, por ejemplo, el sentido de lo sagrado y la experiencia religiosa del hombre.”

Otra de las características de la transmodernidad en su desabsolutización de la razón es que recupera el sentido fáctico, contingente y limitado del hombre y de todas sus `producciones, el carácter concreto e histórico de todo lo humano. Más que de RAZÓN, la filosofía transmoderna prefiere hablar de seres humanos concretos que. razonan y piensan. El pensamiento es siempre de “alguien” y ese “alguien” es inseparable de una situación, de un mundo con unas estructuras individuales y sociales ya dadas y desde las que se piensa, se hace ciencia, se convive y se proyecta un futuro personal y colectivo. Renació así la conciencia de la propia limitación, y de la necesidad de diálogo y de la colaboración de todos, de la humildad del pensamiento.

La debilidad del pensamiento no significa que el hombre no pueda alcanzar la verdad ni deba esforzarse por buscarla, sino que la verdad encontrada será siempre humana, es decir, limitada, parcial y penúltima. Se gtermina con los dogmatismos pero también con los relativismos.

Ojala que todos estos trazos vayan posándose en nuestra cultura y podamos ganar en sentido personal, en profundidad teórica y vital y, a la postre, en felicidad individual y colectiva.

Así lo deseo de todo corazón.

E.L./18.05.2017





domingo, 5 de marzo de 2017

“Me duele España”


 
La bandera ondeando en lo alto del mástil



         “Me duele España” - decía Unamuno -; “¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo.”

         A mí, que soy tan español como él, me duele España también y como lleva ya años doliéndome y el dolor no cesa sufro un dolor cada vez más agudo que os pido me ayudéis a paliar buscando soluciones –pequeñas, cada uno- para reparar los males que hemos permitido que asfixien moralmente a España en la actualidad.

Hace no mucho tiempo, finales de 2013, publiqué en FB una nota que se titulaba “No podemos seguir viviendo sin valores” (está en el blog) Mantenía entonces la tesis de que la caída del muro de Berlín en 1989 acabó de un golpe con la última utopía en nuestro mundo (el comunismo, para el que lo quiera) y eso nos produjo –a la humanidad toda- una desazón de una magnitud como nunca había tenido cabida en la Historia. Esa desazón nos llevó a desconfiar de los valores que teníamos y los abandonamos, pero ni los hemos recuperado, ni los hemos sustituido por otros y el hombre sin valores no puede vivir una vida personal. Hoy, como hace cuatro años, proclamo que no podemos seguir viviendo sin valores y voy a comentar para quien quiera escuchar las características que tiene una vida sin referencias éticas como la que estamos viviendo hoy. En España y en el mundo, pero hay que ocuparse de enmendar –en primer lugar- el mal más próximo, España.

Sin valores se reduce el espesor personal de cada uno y van desapareciendo las aspiraciones que siente cada persona cuando hubo adquirido un cierto grado de adultez. La aspiración a la verdad, la aspiración al bien y la aspiración a la belleza. Y esa aspiración triple –a la verdad, al bien y a la belleza- la siente el hombre y la mujer (naturalmente) con intensidad infinita y con vocación de eternidad. Si se renuncia a la condición personal, que el hombre y la mujer pueden hacer en el uso de su libertad (muy mal uso, desgraciadamente), tal renuncia tiene consecuencias trágicas para ellos y para los demás.

Voy a repasar episodios varios de la vida pública y privada y analizar en ellos la presencia de bondad, de verdad y de belleza. Son todos los que están pero no están todos los que son.

¿Es belleza la contemplación de lo que estamos viendo a diario en la vida pública? Una diputada que entra en el hemiciclo con su hijo lactante para amamantarlo desde su escaño y demostrar así que está contra el sistema. Otro diputado con una “cola de caballo” que casi le llega a la cintura que viste ajeno también al protocolo exigido en el Congreso, ante el Rey, ante los demás. Otra diputada que en plena sesión se huele la axila ¿para comprobar si había usado el desodorante en los últimos tiempos? Un diputado que desde la tribuna habla del Rey de España como el Borbón. 


Hablando en la investidura, Anna Gabriel. En sesión ulterior hizo una comprobación del olor de su axila.
"Cosas veredes, Mio Cid"


Joan Tardá se ha referido al Rey como El Borbón

Se hace con imposiciones a la mayoría, sin educación, sin modales. Y todo esto lo están permitiendo las autoridades que nos representan sin inmutarse, como si nada anormal, zafio, prohibido estuviera ocurriendo. Unos dirigentes a los que se llama líderes, que carecen de capacidad de liderazgo, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder y, como no tienen condiciones de líder, no saben qué hacer, no quieren molestar a nadie, no les importa dejarse molestar (si carecen de dignidad) no negocian sino que hacen componendas, en la mayoría de los casos, de compraventa de votos, de trapicheo de puestos en las instituciones, de te tapo hoy yo a ti para que el día de mañana me tapes tú a mí, mis vergüenzas e indignidades, naturalmente. Respecto a todos aquellos que quieren acabar con nuestro sistema, el sistema o se defiende o acabarán con él ¿y después? Mirando hacia otro lado, como hacen las autoridades que nos representan sólo conseguirán que de verdad lleven a cabo la demolición del sistema ¿y entonces qué pasará? Las demoliciones son rápidas; algunas casi instantáneas, las voladuras controladas, pero las reconstrucciones conllevan mucho tiempo y mucho esfuerzo.

¿Es la verdad y la lucha indeclinable por ella la negación por sistema hasta la saciedad del escándalo de los Ere’s de Andalucía, de la operación Gurtel en Madrid y en Valencia?

¿Es seguir el camino del bien proclamar por parte de directivos nacionales del PP (podría ser de cualquier otro partido, que es lo peor) que es decisivo en su programa acabar con la corrupción en España al tiempo que la policía entra en el edificio de Génova –en la sede territorial de Madrid- buscando pruebas del pago de las obras de remodelación del edificio en dinero negro? En este caso se desprecia la verdad al mismo tiempo que se desprecia el bien. La corrupción en todos los órdenes (público y privado) se ha generalizado con tanta naturalidad que hemos llegado a perder la conciencia del ilícito ético de la apropiación indebida, de la prevaricación, de la estafa, del blanqueo de capitales, del alzamiento de bienes y no digamos de la evasión fiscal. Cuando yo terminé la Licenciatura en ADE al comienzo de los años 70, salíamos convencidos de que el buen directivo hacía empresa y no negocio, no pretendía maximizar el beneficio contable sino el beneficio empresarial total, era como el buen comandante de un buque que es el último en abandonarlo en caso de tragedia, y sólo se lanzaba a la mar una vez que se habían puesto a salvo el pasaje y la tripulación. Y esto nos generaba ilusión por ejercer de directivos y desarrollar proyectos empresariales de éxito. Hoy hay un ambiente generalizado que cree que el que no se lo lleva p’a su casa es tonto. Pero no solo lo cree el que se lo lleva sino en toda lo sociedad que se vació de valores en 1989 y no los ha sustituido.

¿Son bondad los comportamientos de deslealtad generalizados y aplaudidos por la sociedad de parejas que se han prometido un amor sostenible hasta la muerte y al llegar el aburrimiento (prohibido debería estar para una persona adulta) la presencia de un tercer@ que sugiere logros no cumplidos (siempre virtuales) abandonan a su pareja de origen sin explicaciones, sin piedad y expoliándola en lo posible disminuyendo las posibilidades vitales de los hijos habidos en un alarde de desamor e injusticia difícil de encajar en lo humano?

¿Es buscar el bien mirar hacia otro lado ante incumplimientos evidentes de la Constitución o las Leyes? ¿Cuánto tiempo hace que en Cataluña o en Euskadi cuando se exhibe una bandera regional no se hace junto a la bandera de España como es preceptivo? Se deja y se deja y de aquellos `polvos vinieron estos lodos que es lo que ocurre siempre ¿Y la persecución que se hace de la lengua española en Cataluña aun siendo la lengua más hablada en el territorio? No se permite escolarizar a los niños en su lengua materna con todo lo que eso supone contra el desarrollo psicocognitivo del niño.

¿Se sigue la senda del bien cuando se topa uno con cerca de cincuenta directivos de Cajamadrid que disponían de fondos ilimitados mediante el uso (el abuso) de unas llamadas “tarjetas black” porque eran ocultas a todo? ¿No sabía el Presidente Terceiro, que fue quien –al parecer- las introdujo, y los siguientes, que la tesorería es un recurso escaso? Lo supieran o no, aquí se empleaba como el petróleo en Venezuela: eterno e ilimitado.

¿Siguen la senda del bien algunos miembros de la Casa Real al incurrir en adulterio reiterado o en beneficiarse de una maquinaria de tráfico de influencias generadora de pingües beneficios todos ellos espurios en su origen? Podría hacer algunas consideraciones sobre la conducta de miembros de la realeza, pero aquí sólo quiero apuntar que si la ola de amoralidad ha llegado hasta la Casa Real es porque la nación está viviendo sin valores en la generalidad de los casos.


Juan Carlos, I de España

La Infanta Elena e Iñaki Urdangarín


No quiero concluir con pesimismo para el que me lea. España ha pasado épocas peores y las ha superado, pero sólo cabe superarlas como se hizo antaño. Rebotando como pueblo, como nación, de nuestros huecos días y armarnos de moral para que volvamos a ser la nación decente y eficiente que queremos ser. Pero para eso hay que olvidarse de nuestros políticos y buscar referencias en nuevos alcaldes de Móstoles, en nuevas Agustinas de Aragón, en nuevas Piconeras de Cádiz. Tampoco estaría de más unos constituyentes en la Isla de León que hicieran una buena Constitución para mucho más de cuatro décadas contando con la experiencia de la de 1978, vigente pero incumplida a diario. Que nos contagien los unos y los otros su moral y consigan rearmarnos. Después de ello continuaremos eligiendo políticos pero de una decencia equivalente a la de la nación renovada.

Y concluyo: Me duele España, pero tengo la esperanza de que seremos capaces de rearmarnos, de ser un pueblo y una nación renovada.

Tenemos que invertir la pirámide que muestra el oculista










         



E.L./05.03.17

domingo, 22 de enero de 2017

Lo que siento y lo que pienso sobre el Islam y sus creyentes




         Llevaba tiempo pensando en aclarar mis ideas y organizarlas en torno al Islam. Las contradicciones que se manifiestan en su doctrina y las atrocidades que padecemos en su nombre ¿pueden hacernos creer que se trata de una religión aberrante? Me dio el pistoletazo de salida para organizar mis ideas Pilar, amiga mía en Facebook, que tiene un blog en el que vierte lo que le parece oportuno compartir con los demás. En uno de sus escritos atacaba a Francisco, Obispo de Roma, un deporte practicado entre católicos que se autoproclaman “tradicionales” de igual modo que se practicaba el ataque a Juan Pablo, II entre los católicos que se autoproclamaban “progres”. En ocasiones terminan unos contra otros como los chiitas y los sunnitas en el mundo musulmán. Francisco se había atrevido a decir que “…identificar Islam con violencia no es justo y veraz. En casi todas las religiones hay grupos fundamentalistas. Nosotros también los tenemos”. Y encima, insistió: “todos los días veo violencia en Italia: gente que mata a su novia, a su suegra… Y estos son católicos bautizados. Si hablamos de violencia islámica tenemos que hablar de violencia católica”. Y añadía al final de la entrevista que durante la primera visita del Gran Imán de la Universidad de Al Azahar de El Cairo al Vaticano sostuvo una larga entrevista con él y sabía de primera mano cuál era su pensamiento.

         Y confesada la causa del interés en este asunto inicio mi nota con la esperanza de que salga algo que sea útil porque pueda resultar orientador. No es tarea fácil, lo sé de antemano.

Antes que nada quiero proclamar que al hablar del Islam con la seriedad que le es debida conviene comenzar en una actitud de adoración a “Alláh, el clemente, el misericordioso” el Dios único, el mismo Elohí, Dios de Jacob y el mismo Dios de Jesucristo, nuestro Señor, al que llama “papá” (abba). El único Dios de las tres religiones abrahámicas que en el Islam se las llama las religiones de El Libro. Dar este paso en el siglo VII en el desierto de Arabia donde las tribus practicaban el politeísmo es un paso que merece respeto.

Interior de la Mezquita de Córdoba


         En segundo lugar, algo tendrá el Islam cuando es la segunda religión en número de practicantes en el mundo, 1.300 millones de personas que creen que Alláh es grande y que Mohamed es el profeta definitivo de Alláh. La primera religión del mundo en número de practicantes es el cristianismo con 2.200 millones de fieles, de los que 1.200 millones son católicos (datos de 2011)

Calatañazor Soria) en la actualidad
         Mohamed nace en La Meca en 570 y muere en Medina en 632 con sesenta y dos años. Diez años antes había protagonizado la Hégira (huida de La Meca a Medina) y fue en Medina donde establece, a partir de entonces, su autoridad política y religiosa. No hay unanimidad al explicar las razones del éxito de la propuesta coránica: conversión en libertad al Islam entre las tribus primeras ante el atractivo monoteísmo o fue una fe impuesta de manera obligada, incluso por la fuerza militar. Me inclino a pensar que tras un importante éxito inicial entre las tribus politeístas del desierto de Arabia el califato consiguió reunir ejércitos tan exitosos que conquistaron en poco tiempo el imperio sasánida, lo que quedaba del imperio romano y el reino visigótico. Lo cierto es que en 711, ochenta años después de la muerte del profeta, invaden la península ibérica hasta ocuparla en su casi totalidad, quedando sólo libres minúsculos estados en el norte, entre los que empieza a descollar el Reino de Asturias. Cruzan los Pirineos pero en 732 son derrotados en Poitiers por Carlos Martel




Estatua de Almanzor en Calatañazor, en cuya batalla
 fue definitivamente derrotado
         Para los musulmanes, el Profeta no invita a una nueva religión sino que promueve la restauración de la relación con el Dios único como era en los albores del mundo, con Adán. Mohamed recoge en El Corán la palabra definitiva de Dios. En la elaboración de la nueva religión confluyen los siguientes caracteres: El Corán se considera no un libro inspirado por Dios, sino un libro dictado por Dios a través de Gabriel lo que le hace intocable y difícilmente interpretable; en él existen contradicciones notables que –de ese modo- quedan sin resolver; todo se construye por un constructor que es analfabeto. Esto puede ser la causa de imprecisiones, contradicciones y otras imperfecciones; sin embargo, el analfabetismo del Profeta es prueba en el Islam de la verdad que incorpora como revelación definitiva de Alláh. Mientras la Biblia es un conjunto de libros de diferente naturaleza con autores diversos, con diferencias de cientos de años entre algunos de ellos, El Corán –para un musulmán- es un único libro, escrito por una única persona durante su vida. Debe ser entendido literalmente y no está lleno de simbolismos ni vagas analogías. Es, en su mayor parte, una colección de órdenes directas.

         En ocasiones las contradicciones en el texto son bastante graves. En relación a la gente del Libro, por ejemplo, señala la sura 2:59 “Ciertamente quienes creen, quienes practican el judaísmo, los cristianos y los sabeos –quienes creen en Dios y en el último día hacen obras pías-, tendrán la recompensa junto a su Señor. No hay temor por ellos, pues no serán entristecidos.” La pregunta es ¿se compadece esta sura con la núm. 3:79? que dice así: “Quienes deseen, prescindiendo del Islam, una religión, no se les aceptará, y en la otra vida estarán entre los decepcionados.” La primera admite a las gentes del Libro de buena fe y buenas otras con la recompensa perpetua junto a Dios y en la segunda se nos anuncia la condenación. Para un no creyente que se acerque al Libro, estas afirmaciones contradictorias suponen una decepción. Para un musulmán no es así. El mismo Corán da solución para los creyentes: cuando sobre el mismo asunto se produzcan afirmaciones que se contradigan, la afirmación más moderna anula a la más antigua. Sura 2:100-106 “No abrogamos una aleya o la hacemos olvidar sin dar otra mejor o igual ¿No sabes que Dios es poderoso sobre toda cosa? Y la sura 16: 103-101 dice con toda claridad “Cuando ponemos una aleya en el sitio de otra aleya –pues Dios sabe perfectamente lo que hace descender- dicen: “Cierto, tú (Mohamed) eres un falsario” ¡Al contrario. En su mayor parte no saben”

         Otro ejemplo de contradicciones anuladas es el siguiente. En la sura 2:77 se ordena “…decid a las gentes palabras de bondad…” y en la sura 9:5 corrige con este grado de crueldad: “matad a los paganos donde los encontréis. Cogedlos. Sitiadlos. Preparadles todo tipo de emboscadas…”

         A partir de todas estas consideraciones que he hecho hasta ahora me formulo las siguientes preguntas: 1. ¿Es el Islam una religión de paz o en sí misma invita a sus creyentes a la violencia contra los que no creen? 2. ¿Debemos tratar de la misma manera a los musulmanes de buena fe –imanes y fieles de a pie- que hacen el bien y a los violentos? 3. ¿Son admisibles en el entorno internacional las teocracias islámicas radicales que niegan los derechos humanos en su interior y persiguen la aniquilación mediante el terrorismo del resto de los pueblos?

         Hoy sabemos que originariamente fue una fe más pacífica de lo que mostró en su desarrollo temprano con las conquistas militares primeras del Califato, lo que no es nada ajeno al hombre en su pasión (descontrolada) por el poder. Pero decir que en sí misma, el Islam, es una religión violenta no es verdad. La paz es el gran don que busca el hombre de todos los tiempos y de todas las culturas y eso es válido para los 1.300 millones de hombres y mujeres que practican la religión mahometana en nuestro mundo. El trato cotidiano que tenemos con musulmanes que se cruzan en nuestra vida (camareros, sirvientes, dependientes, pequeños comerciantes…) así nos lo indica también. Y el saludo árabe “Salam aylekum” que se corresponde con el judío “Shalom” y con el franciscano católico “Paz y bien” no tiene por qué dejar de ser sincero, entre ellos mismos y con todos.

         Los musulmanes que conviven con nosotros deben –de forma inexorable- cumplir nuestras leyes  y, más aún, siguiendo el proverbio de “donde fueres haz lo que vieres” deben adaptarse socialmente a nuestra cultura. Otra cosa es que en la intimidad de su casa o en la mezquita vivan su fe y sus costumbres como lo crean oportuno. Pero, en todo caso de duda, el respeto y el cumplimiento de las normas no escritas de nuestra cultura imperarán siempre. Lo contrario sería dejarnos minar paulatinamente una cultura milenaria que es la que nos da soporte identitario.

         Transcribo a continuación las palabras de Luis Alberto Clavería en su artículo “De la sumisión al crimen” publicado en La Tribuna en 7 de  diciembre de 2013:

“Imaginemos que Pedro Pérez es sorprendido por la Policía con un puñal en la mano a punto de introducirlo en el corazón de su hijo Pedrito; interceptado por los agentes, Pedro alega que Dios le ordenó el sacrificio del niño para que así quedara probada su fe. Una interpretación literal del Génesis (22,1-12), en un Estado confesional, podría exculpar a Pedro, lo que implica qué debemos pensar de las interpretaciones literales de algunos textos sagrados; lo mismo podríamos decir, por ejemplo, del Sura de las Mujeres (sura 4, 38), de la 1ª Epístola a los Corintios (11, 7-10) o de la 1ª Epístola a Timoteo aplicarán mecánicamente estos textos al siglo XXI.”

Ejecución de dos policías iraquíes por el ISIS


Seguir una conducta de esta naturaleza no está generalizado entre los musulmanes, sino sólo en los llamados fundamentalistas, islamistas, integristas islámicos cuya rama más violenta se llama yihadismo, aunque es un término que carece de una correlación directa con la yihad. Tales son los regímenes talibanes, los salafismos, las Repúblicas islámicas (Irán y Sudán) o la propia monarquía saudí y las del golfo pérsico. Llegados a este extremo, llegamos a los que tienen declarada la guerra a medio mundo, y el asunto se transforma en una empresa de auténtica supervivencia. O ellos o nosotros. Ese no es el Islam que predicó el profeta y está poseído de un afán de poder descontrolado para dominar el mundo. Pero, en todo caso, hay que acabar contra todo régimen neofundamentalista como estos y borrarlos de la faz de la tierra. En no mucho más creo coincidir con el Presidente Trump, que –además- me parece un ordinario.

Concluyo con unas palabras del filósofo francés Michel Onfray de su opúsculo Pensar el Islam:

“Leo el Corán, examino los hadits y consulto biografías del Profeta para mostrar que en ese corpus hay materia para lo peor y para lo mejor: lo peor, lo que unas minorías actuantes activan mediante la violencia; lo mejor, lo que unas mayorías silenciosas practican de forma privada.”




E.L./22.01.2017