jueves, 18 de mayo de 2017

La transmodernidad, una salida del túnel de esta postmodernidad en que vivimos y que nos tiene inhabilitados



         Desde la Revolución Francesa y la revolución industrial el hombre se da a sí mismo un proyecto de modernidad que traspasa el siglo XIX hasta llegar hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado. Nace en Europa y se amplifica a un proyecto global hegemónico y con carácter totalizador para el resto del mundo. Se caracteriza, sobre todo, según Rodríguez Magda siguiendo a Habermas, por la absolutización de la razón: es el esfuerzo ilustrado por desarrollar desde la razón las esferas de la ciencia, la moralidad y el arte, separadas de la metafísica y la religión. De esta manera la razón emerge como medida de todas las cosas haciendo de la modernidad un proceso emancipador de la sociedad, un salir de la tradición para adentrarnos en una secularización de las cosas, un colocar al hombre como capaz por sí mismo de responder a las interrogantes colocando a la razón por encima de las respuestas teológicas, lo que hasta entonces se había conocido como la tradición. Esta Utopía desde la razón y precisamente porque está presidida por la razón misma fue cohesionando un modelo, cuya quiebra, desde su propio punto de vista, no puede sino conducir a la barbarie.

Descartes


         Este estado de cosas ha proporcionado a la humanidad una referencia en el camino, seguridad en los conceptos y en los valores aceptados por convenio por todos y cerca de doscientos años de criterios bastante estables.

         Sien embargo, J. J. Garrido afirma que es justo reconocer que había motivos para rebelarse contra ese ambiente en una rebelión postmoderna: el abuso de la razón, convertida en razón científico-instrumental y ciega para otras expresiones y dimensiones de la realidad; la intolerancia hacia formas de pensar y sentir diferentes de las entronizadas en el gran relato; la manipulación del absoluto, causa de grandes sufrimientos entre los seres humanos; la ideología del progreso (en ella seguimos) que –al decir de Ortega- se había convertido en el opio entontecedor de los pueblos; la instrumentalización partidista del llamado “sentido de la historia” para la eliminación de los adversarios políticos; el temible poder de la técnica sin referencia al horizonte humano; la absolutización de la economía…

         Continúa el Profesor Garrido manifestando con rigor  que todo esto estaba detrás del origen del pensamiento y de la condición postmodernos y en cierto modo lo justificaba al conectar con un difuso y muy extendido malestar de la conciencia europea. Otra cosa muy distinta era el que este modo de pensar postmoderno, al rechazar las raíces de Occidente y los valores de la Ilustración, pudiera ofrecer algo positivo a las nuevas generaciones. De hecho, al arranque de la postmodernidad no abundaba la esperanza y se fomentaba un cierto fatalismo y una actitud resignada ante los acontecimientos, compensada con el esteticismo. Sin olvidar que el rechazo sin matices de todo lo moderno e ilustrado suprimía también el espíritu utópico.

         La postmodernidad es quizás el momento de mayor vacío de entusiasmo y esperanza del hombre a lo largo de la Historia, no comparable con ninguna otra época (algo de naturaleza parecida pero de ninguna manera idéntico, ocurrió en el caprichoso paso de la República Romana al Imperio, momento en el cual la civilización romana comenzó a desmoronarse) A ello se añade en los años 80 del pasado siglo la caída del muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética que hace desaparecer la última utopía –para quien la quiera-: el comunismo.

         Se puede definir la posmodernidad como la libertad de librase de los mandatos. Según los generadores de este pensamiento, si existen reglas, leyes o todo aquello que haga del hombre una especie encerrada en mandatos, no podrá ser feliz. Cree en una libertad que no es destructiva para la sociedad, que no es regida por normas y teorías; mira a su alrededor, más bien, y medita y critica tanto a la realidad como a la teoría que ha hecho surgir las tecnologías y los avances en lo humano. No cree en los descubrimientos de la ciencia ni en la realidad que esta pueda traer y critica la ciencia a tal extremo que su argumento es decir que los cambios científicos y tecnológicos se han producido dependiendo de la perspectiva humana que pueda tener cierto individuo al estudiar cualquier cosa que le rodee en el mundo y el universo.

         En relación con el rechazo a las verdades absolutas es característico de la posmodernidad el abandono de la razón y el desprestigio de la idea de progreso. La razón se fue sustituyendo por la estética, por los valores creativos; la categoría de interesante (que es estética) ha sustituido a la categoría de verdadero (que es epistemológica) En la posmodernidad nada es verdadero, lo que provoca una falta de asideros existenciales no pequeña. Al desconfiar de la razón hay una pérdida de preocupación por la realización colectiva y resalta el interés por uno mismo. Esto se observa en el entorno de lo religioso: hay un boom de lo sobrenatural y de las ciencias ocultas (quiromancia, astrología, videncia, cartas astrales, cábalas) A diferencia con la modernidad, en la posmodernidad no hay prejuicio en aceptar explicaciones por más irracionales que sean. Además de un retorno de lo irracional, también retorna Dios, pero el Dios del individuo posmoderno no puede ser demasiado exigente: como el individuo postmoderno obedece a lógicas múltiples su postura religiosa también las tiene y vive un sincretismo con ideas judías, cristianas, hindúes, budistas y añadiendo un poco de marxismo y de paganismo. La posmodernidad disuelve las ilusiones de la modernidad y, a diferencia de ésta, que era ingenuamente optimista, lleva una carga de pesimismo consigo.

         Este ambiente posmoderno (en la modernidad no hubiera cabido) es el que nos lleva a tantas sinrazones como estamos viviendo: que se pase el bachillerato con asignaturas suspendidas; que dé lo mismo el esfuerzo que la holgazanería, que todo valga lo mismo, consecuencia del abandono de la metafísica y por tanto de la ética; que se represente a España en Eurovisión cantando en inglés; que Manel quede el último en el concurso y esté orgulloso del resultado porque “es lo que hay” y la preparación que había hecho fue “espectacular”; que mientras la policía está registrando la sede del PP en la calle Génova por corrupción en la Comunidad de Madrid, el Presidente del Gobierno y del Partido proclame en el Congreso que éste es el regenerador de la democracia y la vía para acabar con la corrupción; tampoco en la modernidad hubieran cabido los populismos de derecha, de izquierda y mediopensionistas por la sencilla razón de que va contra la razón vulnerar las normas que nos venimos dando, desde las de protocolo hasta la Constitución Española que es la cima de la pirámide normativa.
Marine Le Pen

Manel Navarro

Podemos en el hemiciclo



En relación con la idea de progreso me sorprende (me viene sorprendiendo desde que tenía 20 años) que los partidos de izquierda continúen autocalificándose de progresistas. No sólo porque no han propiciado progreso alguno, nunca, en las sociedades a que se deben sino porque la cultura dominante no se fía ya de su idea de progreso como realidad posible y por lo tanto deseada.

La transmodernidad corresponde a una etapa nueva, a un nuevo reordenamiento cultural en que se supera la posmodernidad y se recuperan algunos aspectos que quedaron sin concluir en la modernidad. Ojala se vaya consolidando y regresemos a un ambiente de mayor espesor humano y personal. Yo no veo aún luz al final del túnel pero los que están al tanto de estos movimientos (sociólogos y filósofos sociales) dicen advertir el cambio.

El elemento central que atraviesa la transmodernidad es la globalización que se constituye en el gran referente. Y en esa orientación global Garrido incluye lo más sólido del pensamiento del siglo XX que vio las insuficiencias del mundo moderno y de la ilustración y que se esforzó en la búsqueda de caminos nuevos, sin por ello renunciar a los logros intelectuales, sociales y políticos de la modernidad: el individuo como portador de derechos, la universalidad de lo humano y su dignidad, el deseo de igualdad, los planteamientos democráticos, el valor universal de la verdad, etc. “Ante el hundimiento y el descrédito de la razón racionalista, cientifista, técnica e instrumental los grandes pensadores del siglo pasado, como Bergson, Husserl, Ortega, Scheler, Hartmann, Zubiri, Levinas, Merlau-Ponty, Heidegger, en lugar de renegar de la razón o de sumergirse en el relativismo, trabajaron cada uno a su manera en la búsqueda de una racionalidad amplia y acogedora, respetuosa con la realidad en sus múltiples manifestaciones, más abierta hacia lo que las cosas son y muestran ser; una razón que evitara el dogmatismo del sistema cerrado y exclusivo, la pretendida explicación total y sin fisuras, la exclusión de dimensiones relevantes de las cosas y de la vida humana y la confusión de los esquemas conceptuales con lo real aprehendido en ellos.”


Ortega


“Buscaron una razón que, en lugar de imponer a lo real sus esquemas e intereses, se dejara enseñar por las cosas mismas y se abriera admirativamente a sus propuestas, tuviera el sentido de la gratuidad y el gusto por la contemplación. Y ello fue haciendo posible una nueva manera de acercarse a las cosas y de mirar el mundo, una nueva manera capaz de hacer justicia a lo humano en su peculiaridad, a los valores éticos generadores de proyectos de vida personal y colectiva y a los sentidos profundos y a los sentidos profundos que las cosas muestran al situarse adecuadamente  ante ella como, por ejemplo, el sentido de lo sagrado y la experiencia religiosa del hombre.”

Otra de las características de la transmodernidad en su desabsolutización de la razón es que recupera el sentido fáctico, contingente y limitado del hombre y de todas sus `producciones, el carácter concreto e histórico de todo lo humano. Más que de RAZÓN, la filosofía transmoderna prefiere hablar de seres humanos concretos que. razonan y piensan. El pensamiento es siempre de “alguien” y ese “alguien” es inseparable de una situación, de un mundo con unas estructuras individuales y sociales ya dadas y desde las que se piensa, se hace ciencia, se convive y se proyecta un futuro personal y colectivo. Renació así la conciencia de la propia limitación, y de la necesidad de diálogo y de la colaboración de todos, de la humildad del pensamiento.

La debilidad del pensamiento no significa que el hombre no pueda alcanzar la verdad ni deba esforzarse por buscarla, sino que la verdad encontrada será siempre humana, es decir, limitada, parcial y penúltima. Se gtermina con los dogmatismos pero también con los relativismos.

Ojala que todos estos trazos vayan posándose en nuestra cultura y podamos ganar en sentido personal, en profundidad teórica y vital y, a la postre, en felicidad individual y colectiva.

Así lo deseo de todo corazón.

E.L./18.05.2017





domingo, 5 de marzo de 2017

“Me duele España”


 
La bandera ondeando en lo alto del mástil



         “Me duele España” - decía Unamuno -; “¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo.”

         A mí, que soy tan español como él, me duele España también y como lleva ya años doliéndome y el dolor no cesa sufro un dolor cada vez más agudo que os pido me ayudéis a paliar buscando soluciones –pequeñas, cada uno- para reparar los males que hemos permitido que asfixien moralmente a España en la actualidad.

Hace no mucho tiempo, finales de 2013, publiqué en FB una nota que se titulaba “No podemos seguir viviendo sin valores” (está en el blog) Mantenía entonces la tesis de que la caída del muro de Berlín en 1989 acabó de un golpe con la última utopía en nuestro mundo (el comunismo, para el que lo quiera) y eso nos produjo –a la humanidad toda- una desazón de una magnitud como nunca había tenido cabida en la Historia. Esa desazón nos llevó a desconfiar de los valores que teníamos y los abandonamos, pero ni los hemos recuperado, ni los hemos sustituido por otros y el hombre sin valores no puede vivir una vida personal. Hoy, como hace cuatro años, proclamo que no podemos seguir viviendo sin valores y voy a comentar para quien quiera escuchar las características que tiene una vida sin referencias éticas como la que estamos viviendo hoy. En España y en el mundo, pero hay que ocuparse de enmendar –en primer lugar- el mal más próximo, España.

Sin valores se reduce el espesor personal de cada uno y van desapareciendo las aspiraciones que siente cada persona cuando hubo adquirido un cierto grado de adultez. La aspiración a la verdad, la aspiración al bien y la aspiración a la belleza. Y esa aspiración triple –a la verdad, al bien y a la belleza- la siente el hombre y la mujer (naturalmente) con intensidad infinita y con vocación de eternidad. Si se renuncia a la condición personal, que el hombre y la mujer pueden hacer en el uso de su libertad (muy mal uso, desgraciadamente), tal renuncia tiene consecuencias trágicas para ellos y para los demás.

Voy a repasar episodios varios de la vida pública y privada y analizar en ellos la presencia de bondad, de verdad y de belleza. Son todos los que están pero no están todos los que son.

¿Es belleza la contemplación de lo que estamos viendo a diario en la vida pública? Una diputada que entra en el hemiciclo con su hijo lactante para amamantarlo desde su escaño y demostrar así que está contra el sistema. Otro diputado con una “cola de caballo” que casi le llega a la cintura que viste ajeno también al protocolo exigido en el Congreso, ante el Rey, ante los demás. Otra diputada que en plena sesión se huele la axila ¿para comprobar si había usado el desodorante en los últimos tiempos? Un diputado que desde la tribuna habla del Rey de España como el Borbón. 


Hablando en la investidura, Anna Gabriel. En sesión ulterior hizo una comprobación del olor de su axila.
"Cosas veredes, Mio Cid"


Joan Tardá se ha referido al Rey como El Borbón

Se hace con imposiciones a la mayoría, sin educación, sin modales. Y todo esto lo están permitiendo las autoridades que nos representan sin inmutarse, como si nada anormal, zafio, prohibido estuviera ocurriendo. Unos dirigentes a los que se llama líderes, que carecen de capacidad de liderazgo, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder y, como no tienen condiciones de líder, no saben qué hacer, no quieren molestar a nadie, no les importa dejarse molestar (si carecen de dignidad) no negocian sino que hacen componendas, en la mayoría de los casos, de compraventa de votos, de trapicheo de puestos en las instituciones, de te tapo hoy yo a ti para que el día de mañana me tapes tú a mí, mis vergüenzas e indignidades, naturalmente. Respecto a todos aquellos que quieren acabar con nuestro sistema, el sistema o se defiende o acabarán con él ¿y después? Mirando hacia otro lado, como hacen las autoridades que nos representan sólo conseguirán que de verdad lleven a cabo la demolición del sistema ¿y entonces qué pasará? Las demoliciones son rápidas; algunas casi instantáneas, las voladuras controladas, pero las reconstrucciones conllevan mucho tiempo y mucho esfuerzo.

¿Es la verdad y la lucha indeclinable por ella la negación por sistema hasta la saciedad del escándalo de los Ere’s de Andalucía, de la operación Gurtel en Madrid y en Valencia?

¿Es seguir el camino del bien proclamar por parte de directivos nacionales del PP (podría ser de cualquier otro partido, que es lo peor) que es decisivo en su programa acabar con la corrupción en España al tiempo que la policía entra en el edificio de Génova –en la sede territorial de Madrid- buscando pruebas del pago de las obras de remodelación del edificio en dinero negro? En este caso se desprecia la verdad al mismo tiempo que se desprecia el bien. La corrupción en todos los órdenes (público y privado) se ha generalizado con tanta naturalidad que hemos llegado a perder la conciencia del ilícito ético de la apropiación indebida, de la prevaricación, de la estafa, del blanqueo de capitales, del alzamiento de bienes y no digamos de la evasión fiscal. Cuando yo terminé la Licenciatura en ADE al comienzo de los años 70, salíamos convencidos de que el buen directivo hacía empresa y no negocio, no pretendía maximizar el beneficio contable sino el beneficio empresarial total, era como el buen comandante de un buque que es el último en abandonarlo en caso de tragedia, y sólo se lanzaba a la mar una vez que se habían puesto a salvo el pasaje y la tripulación. Y esto nos generaba ilusión por ejercer de directivos y desarrollar proyectos empresariales de éxito. Hoy hay un ambiente generalizado que cree que el que no se lo lleva p’a su casa es tonto. Pero no solo lo cree el que se lo lleva sino en toda lo sociedad que se vació de valores en 1989 y no los ha sustituido.

¿Son bondad los comportamientos de deslealtad generalizados y aplaudidos por la sociedad de parejas que se han prometido un amor sostenible hasta la muerte y al llegar el aburrimiento (prohibido debería estar para una persona adulta) la presencia de un tercer@ que sugiere logros no cumplidos (siempre virtuales) abandonan a su pareja de origen sin explicaciones, sin piedad y expoliándola en lo posible disminuyendo las posibilidades vitales de los hijos habidos en un alarde de desamor e injusticia difícil de encajar en lo humano?

¿Es buscar el bien mirar hacia otro lado ante incumplimientos evidentes de la Constitución o las Leyes? ¿Cuánto tiempo hace que en Cataluña o en Euskadi cuando se exhibe una bandera regional no se hace junto a la bandera de España como es preceptivo? Se deja y se deja y de aquellos `polvos vinieron estos lodos que es lo que ocurre siempre ¿Y la persecución que se hace de la lengua española en Cataluña aun siendo la lengua más hablada en el territorio? No se permite escolarizar a los niños en su lengua materna con todo lo que eso supone contra el desarrollo psicocognitivo del niño.

¿Se sigue la senda del bien cuando se topa uno con cerca de cincuenta directivos de Cajamadrid que disponían de fondos ilimitados mediante el uso (el abuso) de unas llamadas “tarjetas black” porque eran ocultas a todo? ¿No sabía el Presidente Terceiro, que fue quien –al parecer- las introdujo, y los siguientes, que la tesorería es un recurso escaso? Lo supieran o no, aquí se empleaba como el petróleo en Venezuela: eterno e ilimitado.

¿Siguen la senda del bien algunos miembros de la Casa Real al incurrir en adulterio reiterado o en beneficiarse de una maquinaria de tráfico de influencias generadora de pingües beneficios todos ellos espurios en su origen? Podría hacer algunas consideraciones sobre la conducta de miembros de la realeza, pero aquí sólo quiero apuntar que si la ola de amoralidad ha llegado hasta la Casa Real es porque la nación está viviendo sin valores en la generalidad de los casos.


Juan Carlos, I de España

La Infanta Elena e Iñaki Urdangarín


No quiero concluir con pesimismo para el que me lea. España ha pasado épocas peores y las ha superado, pero sólo cabe superarlas como se hizo antaño. Rebotando como pueblo, como nación, de nuestros huecos días y armarnos de moral para que volvamos a ser la nación decente y eficiente que queremos ser. Pero para eso hay que olvidarse de nuestros políticos y buscar referencias en nuevos alcaldes de Móstoles, en nuevas Agustinas de Aragón, en nuevas Piconeras de Cádiz. Tampoco estaría de más unos constituyentes en la Isla de León que hicieran una buena Constitución para mucho más de cuatro décadas contando con la experiencia de la de 1978, vigente pero incumplida a diario. Que nos contagien los unos y los otros su moral y consigan rearmarnos. Después de ello continuaremos eligiendo políticos pero de una decencia equivalente a la de la nación renovada.

Y concluyo: Me duele España, pero tengo la esperanza de que seremos capaces de rearmarnos, de ser un pueblo y una nación renovada.

Tenemos que invertir la pirámide que muestra el oculista










         



E.L./05.03.17

domingo, 22 de enero de 2017

Lo que siento y lo que pienso sobre el Islam y sus creyentes




         Llevaba tiempo pensando en aclarar mis ideas y organizarlas en torno al Islam. Las contradicciones que se manifiestan en su doctrina y las atrocidades que padecemos en su nombre ¿pueden hacernos creer que se trata de una religión aberrante? Me dio el pistoletazo de salida para organizar mis ideas Pilar, amiga mía en Facebook, que tiene un blog en el que vierte lo que le parece oportuno compartir con los demás. En uno de sus escritos atacaba a Francisco, Obispo de Roma, un deporte practicado entre católicos que se autoproclaman “tradicionales” de igual modo que se practicaba el ataque a Juan Pablo, II entre los católicos que se autoproclamaban “progres”. En ocasiones terminan unos contra otros como los chiitas y los sunnitas en el mundo musulmán. Francisco se había atrevido a decir que “…identificar Islam con violencia no es justo y veraz. En casi todas las religiones hay grupos fundamentalistas. Nosotros también los tenemos”. Y encima, insistió: “todos los días veo violencia en Italia: gente que mata a su novia, a su suegra… Y estos son católicos bautizados. Si hablamos de violencia islámica tenemos que hablar de violencia católica”. Y añadía al final de la entrevista que durante la primera visita del Gran Imán de la Universidad de Al Azahar de El Cairo al Vaticano sostuvo una larga entrevista con él y sabía de primera mano cuál era su pensamiento.

         Y confesada la causa del interés en este asunto inicio mi nota con la esperanza de que salga algo que sea útil porque pueda resultar orientador. No es tarea fácil, lo sé de antemano.

Antes que nada quiero proclamar que al hablar del Islam con la seriedad que le es debida conviene comenzar en una actitud de adoración a “Alláh, el clemente, el misericordioso” el Dios único, el mismo Elohí, Dios de Jacob y el mismo Dios de Jesucristo, nuestro Señor, al que llama “papá” (abba). El único Dios de las tres religiones abrahámicas que en el Islam se las llama las religiones de El Libro. Dar este paso en el siglo VII en el desierto de Arabia donde las tribus practicaban el politeísmo es un paso que merece respeto.

Interior de la Mezquita de Córdoba


         En segundo lugar, algo tendrá el Islam cuando es la segunda religión en número de practicantes en el mundo, 1.300 millones de personas que creen que Alláh es grande y que Mohamed es el profeta definitivo de Alláh. La primera religión del mundo en número de practicantes es el cristianismo con 2.200 millones de fieles, de los que 1.200 millones son católicos (datos de 2011)

Calatañazor Soria) en la actualidad
         Mohamed nace en La Meca en 570 y muere en Medina en 632 con sesenta y dos años. Diez años antes había protagonizado la Hégira (huida de La Meca a Medina) y fue en Medina donde establece, a partir de entonces, su autoridad política y religiosa. No hay unanimidad al explicar las razones del éxito de la propuesta coránica: conversión en libertad al Islam entre las tribus primeras ante el atractivo monoteísmo o fue una fe impuesta de manera obligada, incluso por la fuerza militar. Me inclino a pensar que tras un importante éxito inicial entre las tribus politeístas del desierto de Arabia el califato consiguió reunir ejércitos tan exitosos que conquistaron en poco tiempo el imperio sasánida, lo que quedaba del imperio romano y el reino visigótico. Lo cierto es que en 711, ochenta años después de la muerte del profeta, invaden la península ibérica hasta ocuparla en su casi totalidad, quedando sólo libres minúsculos estados en el norte, entre los que empieza a descollar el Reino de Asturias. Cruzan los Pirineos pero en 732 son derrotados en Poitiers por Carlos Martel




Estatua de Almanzor en Calatañazor, en cuya batalla
 fue definitivamente derrotado
         Para los musulmanes, el Profeta no invita a una nueva religión sino que promueve la restauración de la relación con el Dios único como era en los albores del mundo, con Adán. Mohamed recoge en El Corán la palabra definitiva de Dios. En la elaboración de la nueva religión confluyen los siguientes caracteres: El Corán se considera no un libro inspirado por Dios, sino un libro dictado por Dios a través de Gabriel lo que le hace intocable y difícilmente interpretable; en él existen contradicciones notables que –de ese modo- quedan sin resolver; todo se construye por un constructor que es analfabeto. Esto puede ser la causa de imprecisiones, contradicciones y otras imperfecciones; sin embargo, el analfabetismo del Profeta es prueba en el Islam de la verdad que incorpora como revelación definitiva de Alláh. Mientras la Biblia es un conjunto de libros de diferente naturaleza con autores diversos, con diferencias de cientos de años entre algunos de ellos, El Corán –para un musulmán- es un único libro, escrito por una única persona durante su vida. Debe ser entendido literalmente y no está lleno de simbolismos ni vagas analogías. Es, en su mayor parte, una colección de órdenes directas.

         En ocasiones las contradicciones en el texto son bastante graves. En relación a la gente del Libro, por ejemplo, señala la sura 2:59 “Ciertamente quienes creen, quienes practican el judaísmo, los cristianos y los sabeos –quienes creen en Dios y en el último día hacen obras pías-, tendrán la recompensa junto a su Señor. No hay temor por ellos, pues no serán entristecidos.” La pregunta es ¿se compadece esta sura con la núm. 3:79? que dice así: “Quienes deseen, prescindiendo del Islam, una religión, no se les aceptará, y en la otra vida estarán entre los decepcionados.” La primera admite a las gentes del Libro de buena fe y buenas otras con la recompensa perpetua junto a Dios y en la segunda se nos anuncia la condenación. Para un no creyente que se acerque al Libro, estas afirmaciones contradictorias suponen una decepción. Para un musulmán no es así. El mismo Corán da solución para los creyentes: cuando sobre el mismo asunto se produzcan afirmaciones que se contradigan, la afirmación más moderna anula a la más antigua. Sura 2:100-106 “No abrogamos una aleya o la hacemos olvidar sin dar otra mejor o igual ¿No sabes que Dios es poderoso sobre toda cosa? Y la sura 16: 103-101 dice con toda claridad “Cuando ponemos una aleya en el sitio de otra aleya –pues Dios sabe perfectamente lo que hace descender- dicen: “Cierto, tú (Mohamed) eres un falsario” ¡Al contrario. En su mayor parte no saben”

         Otro ejemplo de contradicciones anuladas es el siguiente. En la sura 2:77 se ordena “…decid a las gentes palabras de bondad…” y en la sura 9:5 corrige con este grado de crueldad: “matad a los paganos donde los encontréis. Cogedlos. Sitiadlos. Preparadles todo tipo de emboscadas…”

         A partir de todas estas consideraciones que he hecho hasta ahora me formulo las siguientes preguntas: 1. ¿Es el Islam una religión de paz o en sí misma invita a sus creyentes a la violencia contra los que no creen? 2. ¿Debemos tratar de la misma manera a los musulmanes de buena fe –imanes y fieles de a pie- que hacen el bien y a los violentos? 3. ¿Son admisibles en el entorno internacional las teocracias islámicas radicales que niegan los derechos humanos en su interior y persiguen la aniquilación mediante el terrorismo del resto de los pueblos?

         Hoy sabemos que originariamente fue una fe más pacífica de lo que mostró en su desarrollo temprano con las conquistas militares primeras del Califato, lo que no es nada ajeno al hombre en su pasión (descontrolada) por el poder. Pero decir que en sí misma, el Islam, es una religión violenta no es verdad. La paz es el gran don que busca el hombre de todos los tiempos y de todas las culturas y eso es válido para los 1.300 millones de hombres y mujeres que practican la religión mahometana en nuestro mundo. El trato cotidiano que tenemos con musulmanes que se cruzan en nuestra vida (camareros, sirvientes, dependientes, pequeños comerciantes…) así nos lo indica también. Y el saludo árabe “Salam aylekum” que se corresponde con el judío “Shalom” y con el franciscano católico “Paz y bien” no tiene por qué dejar de ser sincero, entre ellos mismos y con todos.

         Los musulmanes que conviven con nosotros deben –de forma inexorable- cumplir nuestras leyes  y, más aún, siguiendo el proverbio de “donde fueres haz lo que vieres” deben adaptarse socialmente a nuestra cultura. Otra cosa es que en la intimidad de su casa o en la mezquita vivan su fe y sus costumbres como lo crean oportuno. Pero, en todo caso de duda, el respeto y el cumplimiento de las normas no escritas de nuestra cultura imperarán siempre. Lo contrario sería dejarnos minar paulatinamente una cultura milenaria que es la que nos da soporte identitario.

         Transcribo a continuación las palabras de Luis Alberto Clavería en su artículo “De la sumisión al crimen” publicado en La Tribuna en 7 de  diciembre de 2013:

“Imaginemos que Pedro Pérez es sorprendido por la Policía con un puñal en la mano a punto de introducirlo en el corazón de su hijo Pedrito; interceptado por los agentes, Pedro alega que Dios le ordenó el sacrificio del niño para que así quedara probada su fe. Una interpretación literal del Génesis (22,1-12), en un Estado confesional, podría exculpar a Pedro, lo que implica qué debemos pensar de las interpretaciones literales de algunos textos sagrados; lo mismo podríamos decir, por ejemplo, del Sura de las Mujeres (sura 4, 38), de la 1ª Epístola a los Corintios (11, 7-10) o de la 1ª Epístola a Timoteo aplicarán mecánicamente estos textos al siglo XXI.”

Ejecución de dos policías iraquíes por el ISIS


Seguir una conducta de esta naturaleza no está generalizado entre los musulmanes, sino sólo en los llamados fundamentalistas, islamistas, integristas islámicos cuya rama más violenta se llama yihadismo, aunque es un término que carece de una correlación directa con la yihad. Tales son los regímenes talibanes, los salafismos, las Repúblicas islámicas (Irán y Sudán) o la propia monarquía saudí y las del golfo pérsico. Llegados a este extremo, llegamos a los que tienen declarada la guerra a medio mundo, y el asunto se transforma en una empresa de auténtica supervivencia. O ellos o nosotros. Ese no es el Islam que predicó el profeta y está poseído de un afán de poder descontrolado para dominar el mundo. Pero, en todo caso, hay que acabar contra todo régimen neofundamentalista como estos y borrarlos de la faz de la tierra. En no mucho más creo coincidir con el Presidente Trump, que –además- me parece un ordinario.

Concluyo con unas palabras del filósofo francés Michel Onfray de su opúsculo Pensar el Islam:

“Leo el Corán, examino los hadits y consulto biografías del Profeta para mostrar que en ese corpus hay materia para lo peor y para lo mejor: lo peor, lo que unas minorías actuantes activan mediante la violencia; lo mejor, lo que unas mayorías silenciosas practican de forma privada.”




E.L./22.01.2017

domingo, 1 de enero de 2017

La perversión del lenguaje. Atención a los populismos al uso que embaucan con su lenguaje a la noble grey y a los políticos todos que pervierten el lenguaje “pro domo sua”


Estamos padeciendo en América Latina y viendo ya venir en Europa populismos emergentes (incluso algunos ya aquí con presencia en las instituciones que quieren destruir) que “se llevan el gato al agua” en las elecciones como consecuencia de las crisis de los partidos tradicionales que arrastran tras de sí al pueblo llano cansado de la inoperancia, cuando no de la corrupción, de sus gobernantes. Por estas páginas se puede ver una nota que dediqué al régimen populista de Venezuela y a una eventual elongación en España a través de Podemos. Dios no lo quiera.

         En estas líneas voy a advertir de una poderosa arma política, manipuladora y mentirosa, lugar común en todos ellos, como es la perversión del lenguaje. Manipular nuestra lengua hasta la perversión creando las filias y las fobias que les interesan. En definitiva crean los populismos totalitarios un mecanismo sistemático que se sirve de un lenguaje y de un aparataje intelectual creado ad hoc para destruir la libertad y justificar las aspiraciones de poder del líder. El lenguaje es manipulado y corrompido hasta la podredumbre por políticos de cualquier signo, pero es la izquierda –ya desde Lenin- la que ha que ha buscado en la corrupción sistemática del lenguaje un arma revolucionaria.

Seis lídres populistas latinoamericanos de los grandes


         Caigamos en la cuenta de lo que el lenguaje es y –sobre todo- de lo que el lenguaje supone en el mundo de las ideas, de las ideologías. Las ideas, los conceptos se expresan siempre en palabras y éstas tienen siempre una carga de valoración y de emoción adheridas que llevan a las personas a rechazar o aceptar determinadas ideas, instituciones, e incluso sistemas económicos y sociales completos. Ejemplo: en estos momentos cualquier cosa etiquetada como NEOLIBERAL será rechazada aunque produzca resultados extraordinarios. El rechazo se ha conseguido que sea VISCERAL y no RACIONAL. Y odiado el término NEOLIBERALISMO por el “pueblo” se tiene la vía libre a agrandar el tamaño del Estado y a arruinar las economías de nuestros países. Por eso, Althousser dejó bien sentado que “en la lucha política, ideológica y filosófica, las palabras también son armas, explosivos, calmantes o venenos.” (“La filosofía como arma de la revolución”)

         El entusiasmo de Althusser por disponer y poder desarrollar un arma tan potente para hacer crecer la ideología comunista choca con el odio visceral hacia el comunismo de un socialista como Orwell. De él podemos leer “el lenguaje, sobre todo el político, es la herramienta más efectiva para manipular las mentes de las masas” (“Politics and english language”) Se va creando, hasta establecerla por el uso continuo y referenciado, una “neolengua” (newspeak para Orwell) con el fin de corromper el pensamiento y hacer aceptable su proyecto de control total del poder. Los peores crímenes pueden ser defendidos simplemente cambiando las palabras con las que se han venido describiendo para hacerlos digeribles e incluso atractivos, como señalan Kaiser y Alvarez en su interesante ensayo sobre el engaño populista. Por ejemplo, a la destrucción de pueblos indefensos y al asesinato de inocentes se le llama “pacificación” y al robo masivo de tierras de campesinos expulsados de ellas, se le llama “transferencia de población”.

         En su novela “1984”, una alegoría del totalitarismo soviético, Orwell insiste en la idea. El régimen ha llamado “ministerio de la paz” al “ministerio de la guerra”, “ministerio de la verdad” al ministerio que hace la propaganda, “ministerio de la abundancia” al ministerio encargado de racionar los alimentos y controlar a la población mediante el hambre y “ministerio del amor” al organismo encargado de perseguir, torturar y aniquilar opositores al régimen.

         Conviene aquí hacer un alto en el discurso para manifestar que en el éxito de los populismos no se tiene del todo en cuenta el papel de la cultura y de las ideas y se centran los analistas en factores materiales como la abundancia de materias primas que incentiva el discurso redistributivo, la existencia de amplios sectores de población en condiciones de pobreza y la debilidad institucional. Con ser importantes todos estos factores económicos no lo son más que las creencias que predominan en una sociedad. Y todo el asunto que estamos describiendo del lenguaje como arma política está en el ámbito cultural y de las creencias sociales, no en el de la economía.

         Vuelvo a Althusser, uno de los grandes teóricos del comunismo en atribuir una importancia primordial a la creación y a la tergiversación de las palabras: “Este combate filosófico por las palabras es una parte del combate político. La filosofía marxista-leninista no puede realizar su trabajo teórico, abstracto, riguroso, sistemático, sino con la condición de luchar también por palabras muy sabias (concepto, teoría, dialéctica, alienación…) y sobre palabras muy simples (hombres, masas, pueblo, lucha de clases)” Y en todo ello, la influencia de los intelectuales es altísima; sobre todo, cuando están rodeados de una amplia sombra que difunde sus ideas, ya sean periodistas, profesores, miembros del personal, legisladores, curas, jueces. En tal caso puede ser hasta determinante.

         Víctor Klemperer puso de manifiesto también esta corrupción del lenguaje en el régimen nazi en su ensayo “LIT, la lengua del Tercer Reich” y señala que para que la manipulación tenga éxito es preciso tener en cuenta dos claves de la comunicación de masas. La primera es que un lenguaje de un grupo se transforma en lenguaje de todo un pueblo, de las masas, apoderándose de todos los ámbitos públicos y privados de la sociedad. De todos, sin contemplaciones. Y la segunda es que hay que emitir consignas populistas que calen en los individuos ahogando su personalidad individual. En eso consistió el éxito retórico del régimen nacional-socialista.

         Y parece siempre mejor y menos costoso cambiar el significado a palabras ya usadas que inventar palabras nuevas. En las últimas legislaturas de la política española hemos tenido buena muestra de que tanto los políticos como los medios de comunicación se metieron en el juego de esa manipulación y hemos oído tildar al paro de la tasa natural de desempleo; a los jóvenes emigrantes españoles obligados a salir se les ha llamado factor de movilidad exterior y a la caída de la economía han convenido en llamarla crecimiento negativo.

La encarnación del PSOE
          Bien. Termino aquí no pidiendo a los políticos honestidad, para qué, pero sí advirtiendo a mis conciudadanos, a mis amigos, de las trampas del lenguaje que han causado graves errores a pueblos enteros a lo largo de la Historia.
La encarnación del PP

         Muy feliz año a todos los que me hayáis leído.


















E.L./01.01.17

viernes, 16 de diciembre de 2016

De la ordinariez que se nos está imponiendo, de la urbanidad necesaria para la convivencia con nuestros semejantes y del consenso para seguir edificando España: más España y mejor España

Una de las última manifestaciones que hace Sergio del Molino como conclusión de su obra “La España vacía” es esta: “Aunque el tópico pinte a los peninsulares como gritones, chulos, prestos a la violencia y amigos de las soluciones directas y tajantes, la historia de los últimos cuarenta años demuestra que también sabemos ser un pueblo pacífico y paciente. Incluso valiente. Un pueblo que deja las cosas reposar, que no se precipita, que ha aprendido a no matarse”  Tenemos todos un sentimiento generalizado de que todo ello, un inmenso bien en sí mismo para todos los españoles, se está resquebrajando. No se cumple la Constitución, pero tampoco se cumplen las leyes. Venimos padeciendo una tromba de ordinariez que lo invade todo y que soportamos muy a disgusto. Nadie se está ocupando, los que debieran hacerlo, de volver a poner en pie unas normas de urbanidad y unos modales mínimos que son necesarios para la convivencia de los semejantes Y hay avisos claros de formaciones antisistema que ocupan puestos en las instituciones que –como en tantos lugares de nuestro mundo- quieren acabar con lo que es nuestro para ocupar el poder sin más y aprovecharse de ello lo más posible sin importarles ideales, objetivos, metas, sueños nacionales, municipios, provincias, autonomías, paisajes españoles o España en fin. Y ocupado el poder, ya sabemos: fideles, cháveces, maduros, lulas da silvas, evosmorales, kirchneres y lopeces. Y no los hemos probado, pero pintan lo mismo los lepaines, los cincoestrellados, los fepeos, etc.

En Majadahonda, Parque Colón la primavera pasada
Debemos ir enderezando lo torcido por su orden. Pretender que se cumpla la Constitución hoy cuando no se cumplen las leyes ordinarias, ni los reglamentos ni las normas comunes en general ni siquiera las normas de urbanidad es un mero voluntarismo. Empecemos por más abajo: existe una ley de banderas que no se cumple desde muchos años, ni en Cataluña ni en Euskadi. No se coloca la bandera de España junto a la de Cataluña, como es preceptivo, y esa dejadez del Gobierno Central va permitiendo que las gentes vayan confundiendo las cosas. Y son cosas muy serias para que les dejemos que las confundan. La alcaldesa de Barcelona llegó a decir a unos jefes militares (sin venir a cuento y sin que nadie se hubiera dirigido a ella, lo que en sí mismo constituye un asalto) al frente de un stand en una feria de Educación en Barcelona, que no eran bienvenidos y que no volvieran. Es intolerable y aquí coincidimos con un asunto importante, que no trataré hoy, pero que hay que enmendar a la mayor brevedad posible: la separación entre lo civil y lo militar propiciado desde las instituciones, no desde la sociedad, lo que constituye un contrasentido grave y desconcertante. Hay que terminar de inmediato con el sometimiento del poder judicial a la política; no es posible que no haya aún sentencia para Urdangarín y la Infanta e Isabel Pantoja haya ya cumplido su condena. Y el caso de la familia Pujol es aún mucho más grave y pone a España en una posición más difícil aún ante las veleidades secesionistas de los señoritos separatistas de Cataluña, no de la sociedad catalana que se ha sentido siempre española y se halla en el mayor de los surrealismos políticos que han soportado. También en ello tiene su buena parte de culpa y no poca el Gobierno Central. Desde Cataluña y desde Euskadi se le llama Gobierno de España para hacer palmario que hablan desde territorio no español y el lenguaje se le contagia al gobierno Central completo y se manifiesta él mismo en los mismos términos ¿Dónde estamos? ¿Dónde queremos estar?

Lío en el hemiciclo momentos antes de que se iniciase la sesión  solemne de apertura de la Legislatura

Pero vamos a descender un escalón más. Vamos a ponernos en un plano más sencillo y más primario ¿Nos gusta que se nos imponga la ordinariez que nos imponen unos nuevos diputados? Greñas descuidadas, coletas marginales, olisqueo de axilas en la sesión para comprobar si ese día tocaba desodorante o no tocaba, indumentaria para faenar en el campo subiendo a la Tribuna de los Diputados o en una Audiencia con el Rey. Da lo mismo. Presentarse en el Congreso de esa forma cuando una mayoría está vistiendo traje con camisa y corbata es una grosería pero también una injusticia. Y el protocolo también está para ser cumplido, de manera que el que no lo cumpla no es admitido al acto. Estas imposiciones chabacanerías tan grandes que se nos hacen son el principio del camino para romper el sistema junto a otros pasos bien orquestados con los que han salido a faenar desde el comienzo pro domo sua y nunca a favor de los españoles a quienes representan. Espero que todo este tipo de cosas junto a la de amamantar a la fuerza a su criatura en el Salón de Plenos vaya haciendo ver a los votantes de qué especímenes se trata estas nuevas fuerzas populistas de moda en el mundo entero y que están aquí por la perversidad de los políticos tradicionales que no han parado de corromper las instituciones. El caso español del PP y PSOE induce a la zozobra ¿A quién votamos después de tanta traición?




O tenemos claro todo esto de una manera colectiva, como nación, o no seremos nunca capaces de servir a España con eficacia. Esto es haciendo de España cada día una España más grande y una España mejor.