lunes, 12 de febrero de 2018

EL AMOR DE VERDAD Reflexionando sobre lo que es y en lo que consiste

"El mundo se desmorona mientras nosotros nos enamoramos"
(Ilsa a Rick en Casablanca)

           En alguno de mis escritos anteriores ya he comentado algo sobre el amor, pero siempre de pasada, a propósito de otro tema con el que el amor convergiera. Nunca he expuesto mis pensamientos sobre el amor de una manera autónoma, exclusiva y ordenada. Me propongo ahora escribir unas pocas páginas con el amor como tema único y contar lo que sé, como hago siempre, y expresar lo que siento.

           Probablemente sea el amor el asunto de mayor trascendencia para la persona de entre todos los que trata la antropología. Por dos razones primordiales; a saber: el amor es la gran energía que mueve (o debería mover a la humanidad) por causa de la vis atractiva que comporta y, en segundo lugar, el amor constituye la vocación última y definitiva de la persona y, por tanto, en su realización amorosa la persona tiene el camino definitivo para completarse y llegar a su plenitud.

           Y, sin embargo, no resulta fácil entenderse en nuestros días al hablar del amor. Es –sin duda- la voz peor parada del diccionario, se ha desvirtuado su naturaleza por completo hasta creer en un amor siempre idílico, placentero, sin renuncia alguna, confundido con la práctica del sexo y esos caracteres resultan ser, o lo antagónico del amor, que siempre supone el vaciamiento de la persona en otra u otras personas, o una confusión entre lo que es el amor y algunas cosas que tienen que ver con el amor pero que no son el amor. Y el que no lo tenga en cuenta  cuando hable del amor engañará a los que le estén escuchando.

           Unido a esta problemática, y muy vinculado con estas confusiones, Occidente vive en una carencia de valores sin parangón a lo largo de la Historia y No podemos seguir viviendo sin valores, como escribía yo en un artículo del año 2013 que incorporé a este blog al iniciarlo –diciembre 2016- y cuya lectura recomiendo ya que ayuda a comprender, complementándolo, algo de lo que aquí decimos.
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           Como muestra de lo que estoy diciendo, está preparándose en Antena 3 TV, ya ha comenzado a emitirse, un programa titulado Casados a primera vista ¿No se nos puede ocurrir otra cosa sobre el amor que una contradicción tan palmaria: casados a primera vista? El matrimonio no es más que el soporte jurídico de una realidad personal que se llama pareja humana, que consiste en una comunión de besos y caricias, de vida, entre un hombre y una mujer, con vocación de eternidad y conformada en el amor. Cuando esa realidad se ha constatado y ambos miembros quieren consolidarla y fortalecerla -la pareja, digo- la sociedad la ampara, dándole trascendencia social a través de la ley en una institución de derecho civil que se llama matrimonio ¿Es posible hacer el matrimonio a primera vista o es una cuestión de más fuste, en que la pareja se juega mucho y que requiere de tiempo para valorarlo? ¿Es que la pareja se hace a primera vista? Que no es deseable, por supuesto; pero es que tampoco es posible, es ir contra la naturaleza de la persona, de la pareja y del amor. ¿Ganamos algo difundiendo semejantes mamarrachadas a través de la TV? O somos rigurosos con lo que más nos incumbe o nos veremos destinados a la autodestrucción.

           El amor y lo que tiene que ver con el amor son cosas diferentes. Lo que se suele llamar amor está a gran distancia de lo que es el amor personal y hay que evitar el equívoco. Se quejaba el Profesor Marías en su Mapa del mundo personal de que las enciclopedias actuales nunca tienen un artículo sobre este concepto, que parece indigno e imposible de ser tratado. La palabra amor se usa por inercia, por el peso de una tradición milenaria, pero con gran frecuencia es sustituida por otras, sobre todo sexo.

           El hecho de la atracción sexual entre hombres y mujeres es tan elemental –y por ello tan importante-, que es lo que parece reclamar la atención del que piensa sobre tales asuntos. Desde cierto momento de la vida hasta otro muy lejano –si es que este último existe-, el hombre y la mujer sienten atracción mutua, en muy diversos grados,  que tiende a individualizarse. Es decir, se concentra y hace más intensa sobre una configuración que despierta la sensualidad y hace que se concrete en forma de deseo. Habría que preguntar: deseo ¿de qué? Pero esta pregunta, de no fácil respuesta, casi siempre se omite, se da por supuesto que ya se sabe, con lo cual se lleva a cabo una primera y enorme simplificación.

           En lo que tiene de espontáneo y más real (prescindiendo de interpretaciones sociales) muestra una variedad considerable ¿Qué despierta e individualiza ese deseo? Depende de cada uno, de su contextura psicofísica, de sus experiencias vitales, de la que tenga, por su familia, ante todo de sus padres, de la relación entre hombre y mujer. También de la época, de las vigencias sociales, de los modelos que presenta, por ejemplo, el cine, de las modas. Tal vez los andares, para los cuales ha sido sensible el varón durante largo tiempo, y hoy desatendidos, o las piernas, que hicieron su aparición hace unos cien años, o el busto, o la nuca, o la cabellera o la boca. Todo eso es impersonal, pero da la casualidad de que está adscrito a una persona, sostenido por ella, lo cual introduce un elemento personal en lo que todavía no lo es. La atracción sexual es respecto del amor lo que Ortega expresó con una metáfora, y por tanto con insuperable concisión y precisión a la vez: como el viento en las velas. Ahí empieza y termina la historia, manifiesta Julián Marías.

           En todo este conjunto de cosas existen cosas que tienen que ver con el amor: atracción, sensualidad, pasión, sexo, sensaciones, afectos, deseos, etc. Pero como decíamos más arriba esas cosas no son el amor.

           A cualquier relación pasajera y superficial, que no lleva a ninguna parte, se le llama amor. Por eso hay que volver a encontrar el verdadero sentido de la palabra amor y aplicarlo a la vida, conocer de su profundidad y reconocer su misterio. Hay que hacer una distinción entre amor y sexo. En muchas relaciones sexuales no hay amor y lo peor es que esto se admite en las vigencias sociales de nuestro tiempo: El amor es otra cosa, es acercarse al otro, es querer estar junto al otro, es querer lo mejor para el otro. El amor llena el corazón del hombre y hace que nos sintamos alegres y en paz. El amor persigue el bien moral que nos dota de estas cualidades -alegres y en paz- mientras que la relación sexual sin amor es sólo un método de placer. El trato sexual indiscriminado busca aprovecharse del otro y esto implica que hombre y mujer se alejen porque sienten un contacto superficial que no les significa nada.

           Si nos damos una vuelta por la Wikipedia sí que existe una entrada para el amor, del que dice: “De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias.” Si no sacamos al amor de ser sentimiento, al igual que todos los sentires, tenderá a moverse en la dirección del viento. Pobre amor. También es un sentimiento en el diccionario ideológico de Casares y sentimiento, nos aclara que es la acción de experimentar sensaciones físicas o morales. Por fin, es también un sentimiento para el diccionario de La Española: “sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido.” En una segunda acepción la RAE considera “amor la atracción sexual” y en una tercera (y esto ya me parece de aurora boreal) lo considera “el apetito sexual de los animales.”

           Si las enciclopedias y los diccionarios así lo describen es porque la sociedad así lo percibe.
 
Hay muchas formas de amar
           
          Que el amor provoca sentimientos es evidente, pero es algo de mucho más peso que un sentimiento. Es una instalación de la persona que ésta decide tras el enamoramiento, tras tomar conciencia de los hijos que ha engendrado, tras sentirse amigo de esos amigos que va haciendo a lo largo de la vida, cuando toma conciencia  de la consistencia misericordiosa e inefable del Amor de Dios, cuando opta por la predilección hacia los débiles que lo rodean…Existen muchas formas de amor. En todas ellas el vaciamiento de uno mismo en el amado(s) es común, en eso precisamente consiste amar. Y cuando se decide amar se vive enteramente desde esa instalación del amor como se vive desde la instalación de ser mujer o desde la instalación de ser español o desde la instalación de tener cuarenta años, o desde la instalación de ser alto, bajo, gordo o flaco, rubio o moreno. Es decir, desde la instalación del amor se vive amando porque en eso se está, esa ha sido la opción que me ha parecido mejor, a esa opción he llegado y he llegado para quedarme.

           Y para saber algo más de lo que la instalación significa basten esos ejemplos. Desde esas diferentes formas de vida, desde esas estructuras biográficas del estar, apoyándose en ellas, avanza el hombre en diversas direcciones, hace lo que ha proyectado, despliega el dramático dinamismo que llamamos vivir. No basta con la mera circunstancialidad de la vida humana; no es suficiente decir que el hombre está en el mundo; hay que ver cómo está, cómo tiene que estar o puede estar. Ahora podemos entender lo más importante, lo que antes no hubiera sido plenamente inteligible: la instalación es la forma empírica de radicación en la vida humana como realidad radical.” (Marías, “Antropología Metafísica”)

           No se puede reducir el amor a un acto o a una serie de actos, que es lo que sugiere el verbo amar; el amor es primariamente una instalación en la cual se está y desde la cual se ejecutan actos -entre ellos, los específicamente de amor-. Con otras palabras, cuando se está instalado en el amor, desde él se hacen muchas cosas, una de ellas amar. Esto lo expresa admirablemente nuestra lengua -y otras, pero no todas- con las palabras enamorarse, enamorado, enamoramiento, en todas las cuales aparece reveladoramente el “en” que indica la instalación.

           Por eso, si se quiere usar el verbo amar, más que amo habría que decir estoy amando. No es simplemente un acto que yo pueda ejecutar –si así fuera, podría ser en principio un acto singular y aislado, que nadie confundiría con el amor-, sino que me encuentro enamorado, me descubro como tal, puedo dudar de si lo estoy o no, mientras no tendría sentido dudar de una realidad psíquica, ni siquiera de un acto. Podríamos decir incluso que acaso estoy seguro de que amo pero no de que estoy enamorado.

           Las teorías del amor han estado muy influidas por la psicología. El haber entendido el amor sobre todo como un sentimiento, secundariamente una afección o tendencia, ha enturbiado indeciblemente su comprensión. Naturalmente hay sentimientos amorosos; son los que acompañan al amor, los fenómenos concomitantes con los cuales se realiza y de los que parcialmente se nutre; pero el amor no es un sentimiento. Ya lo decía líneas arriba. La interpretación psicológica del amor lo reduce a la esfera de la vida psíquica, y no hay duda de que ésta queda afectada por el amor, y que podría haber una psicología del amor, pero éste es una realidad de la vida biográfica. Y una realidad de la vida biográfica solamente se puede atribuir a una persona. Como enunció Ortega, y describió de una manera inmensamente expresiva y sencilla, la realidad primaria y última no se reduce a las cosas, como había creído la filosofía realista, desde la Antigüedad hasta el s. XVII, ni  tampoco al yo, como sostuvo el idealismo desde Descartes hasta nuestro tiempo, sino que la realidad radical, no única ni la más importante, sino aquella en que radican o aparecen y se constituyen todas las realidades, que por eso son radicadas, es mi vida, la de cada cual, es decir yo y mi circunstancia, yo con las cosas, haciendo algo con ellas. La vida humana termina con la muerte, es indudable ¿Qué significa esto? ¿Se extingue la realidad radical? Hay que buscar algo más, pero precisamente no puede ser algo, sino una realidad bien distinta, irreductible, de otro orden: lo que llamamos alguien, y que la lengua distingue espontánea y radicalmente.

     La necesidad de comprender esto lleva a una cuestión nueva y particularmente espinosa, casi siempre eludida por toda la tradición filosófica: la forma de realidad que pertenece a ese alguien, a ese yo inseparable de su circunstancia –sea esta cualquiera-; esto es lo que llamamos  persona.

Tras el enamoramiento llega la decisión de amar
         

           Al descubrir la persona, el primer dato, esencial, es el de su corporeidad. El soporte carnal hace posible la inserción del hombre en el mundo; sin embargo, la consistencia de la persona va más allá del cuerpo. La persona es una realidad proyectiva, futuriza, que escapa al presente y lo trasciende; consiste en innovación y siempre puede rectificar. Por su irrealidad, inseguridad y contingencia es lo más vulnerable pero con un núcleo invulnerable porque nunca está dada: no se puede decir de ella “esto es”, porque “está siendo”, y “va a ser” sin límite conocido.

           Y ese concepto de persona que viene desde los griegos, que parece evidente, pero que no resulta tan sencillo –conócete a ti mismo- es decisivo en el amor. Aman las personas y sólo el amor personal es amor de verdad, Y nótese que la persona, un concepto que se atisba en Grecia seiscientos o setecientos años del nacimiento de Jesucristo, toma una fuerza inmensa con el cristianismo, no sólo porque el Dios trinidad es un Dios personal –tres personas distintas en un solo Dios- sino porque la segunda persona, el Verbo, se hace carne mortal, como la nuestra, para nuestra salvación, lo que tiene una repercusión muy grande en la filosofía de Occidente desde entonces. Y Kant, en el s. XVIII, considera que la persona es el ser que tiende infinitamente a la verdad, al bien y a la belleza. Y si somos fieles a nosotros mismos esa fuerza innata hacia lo más alto la sentimos de verdad y, al mismo tiempo, al mirarnos en el espejo, advertimos nuestra pequeñez y nuestra debilidad. La vida del hombre acontece en esta paradoja y de la buena gestión de esta paradoja depende en gran medida nuestra felicidad.

           Todo ello ha ido haciendo a la persona como algo (alguien) sagrado en la tradición judeocristiana, en occidente.

           Para Kant las cuestiones últimas de la filosofía mundana (práctica) son cuatro: 1) ¿Qué puedo saber? (Metafísica); 2) ¿Qué debo hacer? (Moral); 3) ¿Qué puedo esperar? (Religión) Y 4)¿Qué es el hombre (Antropología) “Pero en el fondo –dice Kant- se podría poner todo esto en la cuenta de la antropología, porque las tres primeras cuestiones se refieren a la última.” La filosofía se convierte en antropología. El último fin de la filosofía es que el hombre se conozca. El objeto supremo de la metafísica es la persona humana.

           Pues bien, el amor de verdad es el amor personal, el amor de persona a persona, el amor en que el que ama tiene presente que está amando a una persona y que por ello él o ella tiene un valor infinito y que junto a la personada amada siente que crece y se completa a sí mismo.

           La vida no es fácil de vivir y las cosas grandes de la vida (el amor es la más grande) no lo son tampoco. Por eso hay que ir entrenando desde pequeño hasta hacer del amor un hábito como lo vemos en algunos hombres y mujeres que tenemos alrededor. Pocos, pero grandes. “La primera experiencia del amor la hicimos desde nuestro nacimiento en la gratuita ternura de que éramos objeto”, subraya J. Mac Avoy. En efecto, el amor materno y el amor paterno responden de manera espontánea al intenso amor filial que, desde sus primeras experiencias de la vida, el recién nacido ofrece inmediatamente a los que se ocupan de él. Las impresiones recogidas en esos primeros lazos afectivos constituirán la base de todos los vínculos afectivos que se anuden posteriormente.

           Luego, el niño va creciendo y su necesidad de amor busca otras personas con quienes compartirlo, a medida que su círculo social se amplía: busca, en primer lugar, el amor fraterno de los hermanos mayores dentro de la familia, luego el amor-ternura, el amor-amistad de compañeros de la misma edad. Finalmente, la pubertad le lleva a interesarse por el otro sexo, con un amor romántico, todavía idealizado, que se alimenta más de fantasía que de hechos, más de esperanza que de acción. Es el Amor, con mayúscula, “happy end” de innumerables novelas, como si, al llegar a ese estadio, no existiera problema alguno capaz de afectar realmente a los que se aman. Pero innumerables avatares acechan todavía al amor humano. Estos son algunos de los que enumera el Dr. A. Hernard.

       El flechazo. “Sólo tiene lugar en condiciones afectivas especiales, que pueden resumirse en esa necesidad de amor que existe en todo ser privado de ternura, que es el alimento psíquico.”

           El amor deseo. “Amor en el que el sujeto tiende a incorporarse el objeto amado, a asimilarlo, si es que no a disponer de él como de una cosa anónima.”

           El amor pasión. “El más descrito por la literatura, porque es como una tempestad que envuelve a la personalidad social…Verdadera intoxicación moral cuyos recuerdos evocará luego el individuo, quien tiene la impresión de que realmente no era él mismo.”

           El amor cerebral. “Es del mismo tipo que el anterior, aunque su finalidad erótica, debido a la represión, esté más o menos profundamente disimulada. Por lo demás, puede ser más apasionadamente ciego y celoso.” Se llama también amor platónico al amor que no exige una culminación sexual.

         El amor-instinto adquirido. “Queremos decir que aun cuando la energía sexual que lo acciona radicalmente sea innata, ese amor no adquiere su poder sino tras un largo período de adaptación, después de acostumbrarse a compartir la satisfacción afectiva, para lo que ayuda la satisfacción erótica.”

El amor-pasión

           Todos estos son caminos erróneos del amor, sobre los que cabe corregir el rumbo y redirigirlos al amor de verdad que se convierte en lo que podemos llamar El amor hábito: Resultado de una vida común experimentada en la que se mezclan las satisfacciones del instinto sexual, el placer de tener hijos, el equilibrio personal y familiar, que viene como consecuencia de una buena armonía lograda tres años de vida compartidos por los dos. En la juventud la intensidad de las pasiones que se sienten hace que se mire al amor-hábito con desdén. En la edad madura se convierte en el don más valioso de la pareja. Su duración previa garantiza la solidez futura del mismo y representa la acumulación de experiencias felices que le dan todo su sabor.

           El amor, que surgió con motivo de la adivinación de la persona en el ser por el que se siente atraído, va creciendo, madurando y fortaleciéndose a base de un proceso de prueba y error como es el conjunto de la vida del hombre sobre la tierra, pero con dedicación, esfuerzo, renuncia y hasta vaciamiento en la persona amada. Y con esos objetivos programáticos, con las características repetidamente practicadas de: paciencia, afabilidad, nada envidioso, ni jactancioso, ni engreído, ni grosero ni egoísta, jamás se exaspera, nunca lleva cuentas del mal, rechaza la injusticia y se asocia siempre a la verdad. El amor siempre disculpa, siempre se fía, siempre espera y siempre aguanta. Ese amor ni falla nunca, ni pasa jamás (1, Cor. 13)
 
"Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos"
(Neruda)
           Estos dos versos finales del Poema 14 de Neruda son imprescindibles: yo te quiero como eres y por eso no quiero cambiarte. Sólo quiero, al quererte, crear el ambiente propicio -como la primavera- para que florezcas más y más.

           Dos consideraciones finales que me parecen de suma importancia: en toda relación interpersonal, la comunicación entre las personas es clave para poder llevar la relación a puerto. Eso es válido desde la relación más densa entre las personas (la pareja humana) como la más liviana (un compañero de asiento en el tren) En todos los casos y en cada uno, de la forma y con la intensidad que su naturaleza lo requiere, hay que esforzarse en una comunicación lo mejor posible.

           Y, por fin, el otro día escuché a un hombre joven, de cultura elevada, apasionado e inteligente manifestar que el antónimo del amor no es ni el desamor, ni el odio, ni siquiera la traición. El antónimo es el cálculo. No es posible decir que se ama si se está calculando en qué dosis te vas a entregar a la persona amada.

           O todo, o nada.

           Amemos de verdad (y dejémonos amar) porque en ello encontraremos satisfecha la vocación principal de la persona y, por tanto, amando llegaremos a nuestra plenitud personal.

           Termino con estos preciosos versos de Salinas:

"Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando."
(Pedro Salinas)


















E.L./06.02.2018

domingo, 14 de enero de 2018

¿Ciudadanos, un partido populista?


Albert Rivera, Presidente de C's


Inés Arimadas, ganadora de las elecciones
por C's en Cataluña
          
     Por vez primera, un sondeo de Metroscopia difundido por El País hace un par de días coloca a Ciudadanos como la fuerza más votada, a más de cuatro puntos de ventaja del PP.

         Semejante noticia ha revuelto todos los gallineros. Los políticos y los que no lo son. Los políticos porque ante tal situación deben espabilarse los que le siguen si no quieren continuar perdiendo clientela votante; los que no son políticos porque, como los españoles sabemos de fútbol y de todas las demás ciencias –positivas y humanísticas- más que nadie y tenemos la envidia más como distintivo nacional que como pecado capital, hay que atizar siempre al que va primero para que caiga cuanto antes y mejor si el batacazo que se da hace que se rompa la crisma sin que pueda recuperarse.

         Entre las majaderías que he oído o leído en estas primeras horas del impacto inicial de la noticia es que Ciudadanos es un partido populista. O sea, como los podemitas, el castrismo, el chavismo, el Frente Popular de la República del 31, como el fascismo o el nazismo….como tantos otros ¿Pero se dan cuenta lo que dicen los que afirman semejante majadería? Un partido populista es el que nace con una estrategia para hacerse con el voto de las clases populares (en la España desarrollada que vivimos, cada vez más diluidas y menos representativas) de obreros y campesinos. Parece claro que eso no es Ciudadanos. Los que se empeñan en lo contrario ya sabrán por qué lo hacen.

         Ciudadanos nació en 2006 –a partir de la Plataforma Ciutadans de Catalunya que se crea el año anterior- para hacer frente a la deriva independentista que estaba progresando en Cataluña desde que Jordi Pujol asumió la Presidencia de la Generalidad, 1980. Se va creando lo que se ha denominado el pujolismo un avance continuado en el separatismo y en la corrupción, en la que se instala todo el clan Pujol de manera escandalosa y que se va extendiendo al Partico CDC de Pujol, al frente del govern. La atmósfera antiespañola, secesionista y excluyente del que es diferente se va haciendo irrespirable sin que los sucesivos gobiernos centrales, tanto del PP como del PSOE realizaran nada por embridar al caballo que se desbocaba. Al contrario, tanto uno como otro partido se hacían con el `poder en el Congreso a base de vender soberanía nacional de España por apoyos nacionalistas para poder gobernar o mantenerse en el poder. Y de aquellos polvos vinieron estos lodos

         Son sabidos los coqueteos del PSC con los nacionalistas, que han sido repetidos. Y en el discurso tan confuso que, aún hoy mantiene el PSOE, de plurinacionalidad y federalismo. Sabido es también cómo el PP acabó con el mejor PP de Cataluña, que dirigía Alejo Vidal Quadras, cuando este mantenía una línea firme de constitucionalismo y españolidad desde su ser catalán. Y se acabó con él porque molestaba a los independentistas. Más grave aún fue el terminar con la Presidenta del PP en Vascongadas, María San Gil, y con el equipo que a riesgo de sus vidas defendieron allí los mismos principios en medio de una oleada de terror inmisericorde.

         Tras la publicación del sondeo se tira a dar a Inés Arrimada diciendo que es una chica lista y mona. Es cierto, pero se dice con tan mala idea que parece mentira que no infunda más respeto una mujer que ha ganado las elecciones del 21 D siendo vejada, insultada en la calle, zarandeada por los medios afines al antiespañolismo.

         Tras la publicación del sondeo, todos aquellos que gustan de que la historia la hagan otros mientras ellos se mantienen en sus casas calientes en invierno y frescos durante el verano, van impostando un escándalo por unas cifras en el sondeo que dejan en manos eventualmente el Gobierno de España de unos ineptos e insensatos sin experiencia. Al menos tienen en su espalda los palos recibidos de los separatistas al momento de la fundación de Ciudadanos. Que le pregunten a Arcadi Espada, por ejemplo. Y las elecciones y los sondeos no los ganan los ineptos ni los insensatos. Eso dice poco a favor del sentido democrático de los que así los tachan.

         Tras la publicación del sondeo, también los políticos han reaccionado. El PP ha cambiado su discurso, aparentando un constitucionalismo más estricto, que nunca ha tenido, desde la defenestración de Vidal Quadras. Y todo ello porque sabe muy bien, porque es la verdad, que el sorpasso de Ciudadanos se debe a su fidelidad mantenida continua y constantemente a sus principios fundacionales: que Cataluña es España desde su ser catalán y que los catalanes no pueden dejarse oprimir por una minoría independentista, espuria, sectaria, que está incumpliendo el ordenamiento jurídico de forma sistemática desde que sale el sol hasta el ocaso: excluye el español como lengua, excluye la bandera de España en edificios y actos públicos, goza de unos medios de comunicación que son altavoces de su modo de ser, se engaña a los niños con patrañas vendidas como Historia que se muestran en libros de texto de colegios e institutos…En todas estas acciones sistemáticas, continuadas y constantes, los Gobiernos centrales han mirado para otro lado, aún teniendo el poder, y sólo Ciudadanos ha mantenido el tipo. Naturalmente, que la chica lista y mona ganadora de las elecciones, a costa de que la llamaran mala puta en la jornada previa a la de las últimas votaciones, paseando de la mano de su marido por las calles de Barcelona.
 
El PP, a 4 puntos de distancia

El PSOE, a 5 puntos de distancia

Podemos, a 12 puntos de distancia

         
         Y digo yo ¿Es ahora cuando el Gobierno se va a poner a hacer frente al separatismo? ¿Tras mirar hacia otro lado en décadas, en perjuicio de España, lo van a hacer cuando les afecta a ellos y a sus mamandurrias sin haber reparado con anterioridad en el bien común de los españoles? Pues, sí, va a ser ahora, cuando se ven rebasados por Ciudadanos y no antes, ni siquiera tras la entrada en vigor del art. 155, con el que no han intervenido TV3 y Catalunya Radio, los órganos de propaganda del independentismo; no han intervenido en los colegios y no han esperado a convocar unas elecciones cuando la situación generada en treinta años no hubiera estado medianamente revertida. Lo que ha llevado a que la situación independentista esté peor y más confusa que antes. Sólo confío pueda ir saliendo con una cierta cordura gracias a la profesionalidad, rectitud, aplomo y firmeza de los magistrados del Tribunal Supremo, tanto del Instructor como de los de la Sala de Apelación

         El Ministro Méndez de Vigo, un aristócrata blandito y poco operativo (aún no ha intervenido en los colegios e institutos catalanes) ha hablado de Ciudadanos como el Partido Ce Ese, con evidente menosprecio hacia el adversario que los ha adelantado.

         Sólo la fidelidad a uno mismo y a su propia vocación hacen felices y cabales a las personas y a las comunidades humanas. El abdicar de ello provoca su caída y eso lo capta muy bien lo que en la Iglesia Católica se llama el sensum fidelium, el sentido común de los fieles, el sentir de todo un pueblo que termina harto de comprobar la indecencia continuada de sus gobernantes, su falta de coherencia y su aburguesamiento en el poder..

         Y la recompensa que ha tenido Ciudadanos ha sido esa. Encabeza la intención de voto en el conjunto de España, a 4 puntos de diferencia del PP, 5 del PSOE y 12 de Podemos. Eso parece abrigar la esperanza de acabar con el bipartidismo, de mayores posibilidades de gobernabilidad estable en España, de claridad y estabilidad, en suma, en el panorama político.

         Espero que eso sea así y que la situación se vaya consolidando. Y todo por el bien de España y de los españoles.












E.L./14.01.18

martes, 5 de diciembre de 2017

La Libertad

La Libertad da la bienvenida a los llegados al puerto de
Nueva York

         Cuenta Solhenytshin en “El archipiélago Gulag” que cuando entraban sus carceleros en la cheka las veces que entraban cada día no podían soportar que, a pesar de estar encerrado bajo siete llaves y en las condiciones que conocemos, lo sentían igual de libre que si estuviera paseando por la calle.

         Y es que la libertad es una actitud interior de la persona, una actitud exclusiva de la persona y que cuando se advierte su presencia por los científicos y se cae en la cuenta de su naturaleza en la acción del ser humano consigue hasta poner en tela de juicio la teoría de la evolución. Y digo esto porque las pautas vegetativas y los instintos son programas, las rosas, las panteras y el chimpancé están programados. Los seres humanos estamos programados también, pero en una medida diferente: nuestra estructura biológica responde a programas estrictos, pero no así nuestra capacidad simbólica (de la que dependen nuestras acciones) Eso significa y comporta que la consistencia del hombre lleva aparejada una innovación decisiva respecto a la presunta cadena evolutiva: que el hombre no son las diferencias genéticas con la lagartija y nada más.

         La diferencia entre los seres vivos totalmente programados y los seres humanos sólo programados en parte puede parecer cuantitativamente mínima pero constituye un salto cualitativo radical. Si consideramos que el parecido genético del hombre con el chimpancé es del 95 % y que es igual de parecido que el cerdo y el gusano la conclusión más evidente debe ser que la dotación genética no es lo más decisivo en la condición humana. El ser humano cuenta con una programación básica –biológica- en cuanto ser vivo pero debe autoprogramarse como humano. Y en este entramado emerge la libertad humana.

         De la libertad dice Cervantes en la segunda parte de El Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida.” Así valora Cervantes la libertad y es que es un atributo imprescindible de la persona, inseparable de ella, de forma que la persona, sin libertad, deja de ser persona. En el mismo sentido, un viejo himno sueco del s. XV compuesto por el obispo Thomas Simonsson durante una campaña de liberación campesina proclama: “La libertad es la mejor cosa que puede buscarse en el mundo”

         Ciertamente que el concepto de libertad es importante, demasiado importante para que permitamos que un oportunismo político lo maneje como le parezca. Los himnos patrióticos y las proclamas de los llamados movimientos de liberación, para los que la libertad es un fin, hunden sus raíces en una retórica idealizadora y demagógica. El problema es que nunca o muy rara vez alcanzan su fin, ya que los medios aplicados para ello convierten a sus propulsores en dictadores y opresores. Hay que ser escéptico frente todo aquel que logra hacerse con el poder diciendo que ve a la libertad como una meta y no como un camino y un método.

         Pero volviendo al ser del hombre, a la pregunta sobre el origen se dan dos respuestas: la una, que es una criatura de Dios hecha a su imagen y semejanza; la segunda que proviene del animal. Estas dos respuestas tienen un punto en común: que el hombre no puede ser comprendido desde sí mismo. Pensando en el hombre desde sí mismo, A. Gehlen dice que el hombre se caracteriza por ser un ser práxico, es decir, un ser que actúa. Y ese actuar del hombre no es la mera actividad común a todos los seres vivos. Es algo más que alimentarse y reproducirse, buscar refugio o construir madrigueras, cazar o moverse en busca del calor del sol o de aguas templadas. Actuar no es sólo ponerse en movimiento para satisfacer un instinto, sino llevar a cabo un proyecto que trasciende lo instintivo hasta volverlo irreconocible o suplir su carencia. El ser activo no sólo obra a causa de la realidad sino que activa la realidad misma, la pone en marcha de un modo que sin él nunca hubiera llegado a ocurrir. Es en este sentido en el que Gehlen proclama que “el hombre no vive, sino que dirige su vida.”

         ¿Qué es la libertad? ¿En qué consiste la libertad? ¿Hay que luchar por la libertad, por conseguirla, por recuperarla? Estas son las primeras preguntas que surgen, pero en seguida se entrecruzan, se enredan con otras como ocurre siempre que se tratan cuestiones filosóficas.

         ¿Existe de veras la libertad? ¿Es algo que tengo antes de saberlo, algo que sólo adquiero al saber que lo tengo o algo que para tenerlo debo renunciar a saber con precisión qué es? ¿Soy capaz de libertad o soy libertad y por ello capaz de ser humano?

         De este asunto voy a tratar en estas líneas expresando, como siempre hago en estas notas, las convicciones que he ido haciendo a lo largo de mi vida, no corta. Y advirtiendo de antemano, como señala Fernando Savater, “sin respuestas concluyentes, concluyo por intentar responder.”

          Nietzsche advirtió en su momento que solamente los términos al margen de la historia, en la medida en que tal cosa sea posible, admiten una definición mínimamente convincente. Por consiguiente podemos definir bien  lo que es la temperatura del agua, pero no lo que es la libertad, un término cuajado de historia y zaherido por la historia.

         El término ha sido empleado para designar la condición social de quienes no padecían esclavitud o de los ciudadanos de las polis no sometidas al arbitrio de otras, así como para nombrar la capacidad del alma de rebelarse o acatar la Ley de Dios, para celebrar la ausencia de coacciones del sujeto agente, para señalar derechos políticos o económicos, para ensalzar la creatividad del artista y para distinguir a determinadas naciones del mundo sometidas al capitalismo de los particulares de otras que sufren el capitalismo del Estado, etc., etc.,

         El concepto de libertad desencadenó un movimiento político que se extendió a todo el mundo a partir de la Revolución Francesa. Liberalismo significa precisamente defensa de la libertad. ¿Y quién no quiere ser libre? Se trata de hacer creer a los humanos que hay un estado o circunstancia en que todos pueden hacer lo que quieran (si hablamos desde una concepción rigurosa del ser humano, mejor que decir que todos puedan hacer lo que quieran es preferible decir que todos puedan hacer lo que creen que deben hacer) Por supuesto, sin atentar contra la libertad del otro: hay, según los liberales, una actitud ética hacia el prójimo que también hay que respetar libremente. Decía Erich Fromm, que “libertad no significa licencia.” Por otra parte ¿a qué político se le ocurriría decir, ni siquiera pensar, que no debe tolerarse la libertad? Luego la afirmación de la libertad no promete nada. Cuando la libertad se convierte en un slogan se corrompe el propio concepto. Si nos fijamos en nuestro espectro político ¿quién no promete libertad? Y prometiéndola todos ¿es la misma libertad la que ofrece cada uno? PSOE, PP, Ciudadanos, Los nacionalistas, Podemos, La Cup, Vox….dejo a cada lector que conteste de forma sólita.

         Si hemos de hablar con sentido de una supuesta libertad humana, de una libertad realmente posible o existente, entonces podemos constatar que tanto monta hablar de libertad como hablar de necesidad u obligación. Que los humanos gocen de libertad de acción no significa en absoluto que tengan posibilidad –ni todos juntos ni cada uno por sí- de hacer lo que les venga en gana. La libertad nunca consiste en hacer lo que uno quiera, lo decíamos unas líneas más arriba, sino en hacer lo que uno crea que debe hacer lo mejor que pueda hacer en cada momento y existen ocasiones en que el discernimiento de lo mejor no es fácil. De ello trata esa disciplina tan bonita que se llama Ética o Moral. En cada situación concreta se ven los seres humanos obligados, dentro de unos límites establecidos, a decidir si han de hacer esto aquello, obrar de una manera o de otra. A esta circunstancia se la llama discernimiento ético, en la que el sujeto agente pretende asegurarse de cuál de las opciones posibles que se le brindan en la elección es la mejor de todas. La naturaleza se ve regida por leyes de las que el ser humano no puede sin más emanciparse. Pero gracias a nuestra capacidad de comprender el funcionamiento de las leyes naturales, nos cabe la posibilidad de provocar efectos materiales y resultados deseados, aumentando nuestras alternativas de elección. Si caemos en la cuenta de lo que estamos hablando advertimos que el hombre (y, por supuesto, la mujer) es el único ser capaz de modificar la realidad que los circunda. Un pájaro en la selva podrá guarecerse tras haber experimentado la primera tormenta, y eso hará indefectiblemente tormenta tras tormenta, pero el hombre será capaz de construir un refugio que le permita sobrellevar la siguiente de otra manera diferente.

         Junto a la visión del mundo de las ciencias positivas, frente a una realidad de procesos, leyes y situaciones previsibles, se alza un mundo humano que sólo tiene posibilidad de elegir dentro de los límites que le concede la realidad. Aún más: el ser humano se ve obligado inexorablemente –de ahí su paradoja- a usar de esa libertad, ya que no le queda otro remedio que elegir una alternativa de actuación entre las que van apareciendo en cada momento y en cada circunstancia de su propia existencia, abriendo caminos para el futuro a costa de cerrar otros para siempre. Cada uno y sólo cada uno tiene que decidir si se levanta por la mañana o si sigue durmiendo, si compra el periódico o no lo compra y cuál de ellos compra. Pero si no hay periódicos porque es el día de Navidad, de poco sirve que quiera comprarlo y esté dispuesto a elegir uno u otro. Esto que parece tan banal es algo que plácidamente olvidamos cuando hablamos de libertad. Y nuestro interior nos dice lo angustioso que nos resulta el estar obligados a elegir y decidir en ciertas situaciones de nuestra vida. El hecho de que a veces preferiríamos que el azar o alguien diferente de nosotros mismos decidiera en nuestro nombre, demuestra que la libertad no es exactamente “la mejor cosa que pueda darse en el mundo.” Una observación consciente nos muestra que la sociedad humana no está integrada precisamente por usuarios de la libertad, sino en gran medida por abstencionistas de ella. Cuanto más difícil y complicada es nuestra situación, tanto mayor es nuestro anhelo de que nos den las cosas hechas y lo que más queremos es librarnos justamente de la libertad. Libertad en el sentido de ser independiente, de verse libre de algo, es sin duda algo agradable. Pero el ser libre para algo, el ser responsable de elegir una alternativa de entre las que se nos ofrecen no es tan agradable. Ya escribió Fromm un extraordinario ensayo que en el título denuncia esta actitud. Se llama: “El miedo a la libertad”.

         En él llega a exponer el siguiente círculo vicioso: “El hombre, cuanto más gana en libertad, en el sentido de su emergencia de la primitiva unidad indistinta con los demás y la naturaleza, y cuanto más se transforma en individuo, tanto más se ve en la disyuntiva de unirse al mundo en la espontaneidad del amor y del trabajo creador o bien de buscar alguna forma de seguridad que acuda a vínculos tales que destruirán su libertad y la integridad de su yo individual.”

         Sin embargo, sabemos por experiencia que las soluciones fáciles no son las mejores. El actuar con libertad nos hace ser personas de verdad, responsables y esa conciencia es la que nos proporciona la felicidad de ser fieles a nosotros mismos.

         En todo caso, el esfuerzo, la repetición y la constancia sostenible permite que las actuaciones no fáciles nos vayan resultando de mayor facilidad a lo largo de la vida.


         ¡Sed libres! ¡Sed felices!

domingo, 5 de noviembre de 2017

Pensamientos, sensaciones, convicciones sobre lo que estamos viviendo en Cataluña


Las banderas de España y Cataluña
ondeando en lo alto de la Generalidad

         Con esta declaración de la república catalana de octubre de 2017 es la quinta vez que en España nos toca bailar con semejante cáncer. Las fechas de 1640 con motivo de la “guerra del segadors”, 1873, en la Primera República; 1931, proclamación de Maciá; 1934, proclamación de Companys y 2017, proclamación por el “parlament de Catalunya” no sólo vulnerando el derecho español sino las leyes propias catalanas que se había dado el propio parlament. La de 1640 fue la más grave de las cinco, ya que en ella España perdió el Rosellón y la Cerdaña No creo que haya demasiadas posibilidades de desafueros mayores en una comunidad política.

         Este sinvivir con el nacionalismo catalán a lo largo de la Historia de España es lo que llevó a Ortega a proclamar:

  “Es un problema perpetuo, que ha sido siempre, y seguirá siendo mientras España subsista. Este es el caso doloroso de Cataluña; es algo de lo que nadie es responsable; es el carácter mismo de ese pueblo; es su terrible destino, que arrastra angustioso a lo largo de toda su historia”.

        No debemos abandonar el asunto, como Ortega, sosteniendo que “es el carácter mismo de ese pueblo” y que por ello mismo el problema no tiene solución. Todos los problemas entre personas tienen solución, pero hay que ponerse a ello con decisión y con la voluntad de todas las partes de acabar con los conflictos.

        Para empezar, todos deben saber de lo que se está hablando. De otro modo, seguiremos en la ceremonia de la confusión cuando no de la mentira, de la falsificación de la historia y de la imposición energuménica de los deseos para hacerlos realidad por encima de todo y por encima de todos. Llegados a este punto se acaba con el Derecho y fuera del Derecho cualquier sociedad se convierte en la jungla. Y convertir España en la jungla hoy es más peligroso que ha sido nunca porque hay movimientos anti-sistema organizados para demoler todo lo bueno que la Historia ha ido levantando a base de esfuerzo, coraje y renuncias de nuestros antepasados. Volveré más adelante sobre este punto que, quizás, considere el riesgo más peligroso de todos y que lo mantendremos latente mientras sigamos con el río revuelto.

        Con el problema de Cataluña estamos hablando de nacionalismo y esa es la dificultad más grande. Decía De Gaulle:

        “Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás es lo primero.”

        De eso hay que convencer a los nacionalistas. Ellos no se van a convencer por sí solos porque todo esto se mueve en el terreno de los sentimientos y en el caso que nos ocupa los sentimientos de los que hoy son secesionistas en Cataluña son sentimientos inoculados mediante la falsedad, el engaño a lo largo de cuarenta años: desde la desaparición del decente Tarradellas y la toma del poder del tan indecente Jordi Pujol. El “pujolismo” que ha venido después ha consistido en la máquina de corrupción más grande de España –incomparable con las del PSOE y PP, que no han sido pequeñas- y también en las invectivas continuas y persistentes hasta el hartazgo frente a un enemigo común inexistente (todos los nacionalismos se buscan un enemigo inexistente) llamado España en el que ya se ha venido ciscando (que es gerundio) todo el mundo con olor y sabor a patriota catalán y sólo por la horrorosa razón de que eso ha sido lo políticamente correcto para los que han tenido el poder en Cataluña ¡Qué unidas están siempre la ética y la estética!

        Orwel, que en 1945 publicó sus “Anotaciones sobre el nacionalismo” lo definía como el hábito de asumir que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos y que grupos enteros de personas pueden ser clasificadas como buenas o malas; además, el nacionalismo es hábito, también, de identificarse uno mismo con una determinada nación u otra unidad, colocándola más allá del bien y del mal.

        Afirma rotundamente que hay que distinguirlo del patriotismo. Mientras el patriotismo es la devoción a un lugar en particular y a un particular estilo de vida, los cuales uno cree que son los mejores del mundo pero sin la menor intención de forzarlo a los demás. El patriotismo, además, es defensivo, tanto militar como culturalmente. En cambio, el nacionalismo es inseparable del deseo de poder. El propósito perdurable de todo nacionalista es el de asegurar más poder y prestigio, no para sí mismo sino para la nación u otra unidad, a la cual ha decidido someter su propia individualidad. El nacionalismo es hambre de poder alimentada por el autoengaño.


George Orwell


        Caracteriza al nacionalismo con los siguientes rasgos: 1) Obsesión: en términos generales, ningún nacionalista piensa, habla o escribe sobre otra cosa que la superioridad de su propia unidad; 2) Inestabilidad: La intensidad con que son sentidas no impide que las lealtades nacionalistas sean transferibles. De particular interés es la retransferencia. Un país u otra unidad que ha sido idolatrada por años puede repentinamente devenir odiada, y otro objeto de afecto puede tomar su lugar casi sin un intervalo. En Europa continental los movimientos fascistas reclutaban a sus seguidores en su mayoría de entre los comunistas. Lo que permanece constante en el nacionalista es su estado mental: el objeto de sus sentimientos puede cambiar, y hasta ser imaginario. 3) Desconexión con la realidad: Las acciones son tenidas como buenas o malas, no en atención a sus propios méritos, sino de acuerdo a quién las realiza, y prácticamente no hay clase alguna de barbarie –tortura, la toma de rehenes, trabajo forzado, deportaciones en masa, penas de cárcel (o ejecuciones) sin juicio previo, falsificación, asesinato, el bombardeo de poblaciones civiles- cuya calificación moral no cambie cuando es cometida por “nuestro” bando. En el pensamiento nacionalista hay hechos que pueden ser a la vez ciertos y falsos, conocidos y desconocidos. Un hecho conocido puede ser tan insoportable que habitualmente es descartado y no se le permite entrar en procesos lógicos. Todo nacionalista se obsesiona con alterar el pasado. Se pasa parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que las cosas ocurren como deberían y transferirá fragmentos de este mundo de fantasía a los libros de historia cada vez que pueda. Hechos importantes son suprimidos, fechas alteradas, citas removidas de sus contextos y manipuladas para cambiar su significado.

        Pues, bien; en relación con estas ensoñaciones en el tema catalán es necesario saber por todos que Cataluña jamás ha sido una nación, aunque Felipe IV cometiera el error de consentirlo de palabra cuando le vinieron tan mal dadas con motivo de los desórdenes de campesinos y segadores en contra de la mayor presencia de fuerzas militares durante la guerra franco-española del primer tercio del s. XVII. Los más entendidos entre los nacionalistas quieren señalar una Cataluña independiente en el siglo X, en tiempos del Conde de Barcelona, Borrell, II, cuyo mandato lo cifró en las buenas relaciones con el Califato de Córdoba (al sur) y con el Rey franco (al norte). Tras un período en que con el surgimiento de Almanzor, como caudillo musulmán empeñado en renacer las grandezas originales del Califato, pidió la protección militar del Rey franco, decidió renunciar después a ella tras el saqueo de Barcelona en 985 por las tropas de Almanzor y de ese modo –dicen- Cataluña logró su independencia. Semejante aseveración oscila entre la falacia y la necedad: ciertamente se hizo independiente del Rey franco, pero continuó el Condado de Barcelona como otros condados y reinos en territorio español. Castilla en el mismo siglo X era un Condado, Fernán González fue el Conde más significativo, y lo que después fue la Corona de Castilla se forja a partir de un siglo después. Cataluña se integra en la Corona de Aragón en el siglo XII y a partir de ese momento va formando la nación española con todos los reinos cuyos símbolos estaban recogidos en el escudo de los Reyes Católicos, siglo XV, finales al tiempo de conquistar Granada.

        A mayor abundamiento, teniendo en cuenta que la formación de la nación española se fue haciendo a base de la Reconquista del territorio peninsular invadido por el Islam a comienzos del s. VIII, es de notar que en la dos batallas más importantes en el asalto a Andalucía de finales del XII y XIII –Alarcos y Las Navas-, que marcan el comienzo del fin de la Reconquista, las crónicas cuentan la presencia significativa de los catalanes entre los ejércitos cristianos liderados por Alfonso, VIII de Castilla, Pedro, II de Aragón, Sancho, VII de Navarra y Alfonso, II de Portugal.

        Si España la entendemos como una de las naciones más antiguas de Europa, constituida hace quinientos años, al final de la Reconquista, no es fácil (salvo con intenciones muy malas) hablar de una nación catalana cuyo territorio constituyó al comienzo la Marca Hispánica del Imperio Carolingio, después una serie de Condados hasta la integración en la Corona de Aragón y –por consiguiente- una parte destacada de España hasta nuestros días.

        Yo no he vivido, como es natural, las cuatro primeras crisis de secesionismo catalán, pero sí he vivido esta última y he contemplado muchos errores de los gobiernos centrales (y demás instituciones del Estado) en los últimos cuarenta años. Es imprescindible conocerlos y tener la determinación de no repetirlos en el futuro. Incluso de enmendar cuanto antes las equivocaciones.

        El primero fue de los constituyentes del 78 al distinguir entre NACIONALIDADES Y REGIONES en el art. 2 de la constitución. De ese modo no todas las comunidades autónomas eran iguales ante la ley y, además, se generaba confusión sobre el término NACIONALIDAD ¿Es equivalente a nación, en cuyo caso España sería una nación de naciones? ¿No lo es? Los padres de la constitución, empezando por Fraga, consideran que son sinónimos nación y nacionalidad. Sin embargo, el T.C. en resoluciones posteriores ha expresado con claridad que no, que no son sinónimos y que la única nación de la que puede hablarse es de la nación española.

        El segundo –tras las elecciones del 77– pudo ser la restauración de la Generalitat en la figura de su presidente, Josep Tarradellas, que había sido elegido en 1954 para el cargo por los miembros del parlamento de Cataluña (sobrevivientes y exiliados) en la embajada del Gobierno republicano en el exilio en México. Fue el único momento de la transición en el que se aceptó la legalidad republicana anterior al alzamiento militar del 18 de julio. Y con aquella decisión, Adolfo Suárez y las Cortes recién electas aceptaron que la autonomía de Cataluña era un derecho previo a la Constitución del 78 que por aquel entonces sólo se empezaba a redactar.        Con razón (ninguna más arguyen con verdad los separatistas) dicen hoy que la Generalidad de Cataluña es anterior a la Constitución española.


Tarradellas, President de 1977 a 1980
con Adolfo Suárez

        Con aquello, Suarez consiguió que una amplia mayoría de catalanes votaran la Constitución del 78 e incluso obtuvo un rédito a corto plazo para su partido: en las primeras elecciones generales, 1979, UCD, que iba en la coalición CENTRISTAS DE CATALUÑA, obtuvo un 19 % de los votos, quedando segunda inmediatamente después del PSC.
       
        Tales réditos fueron efímeros, toda vez que en las catalanas del 80 y en las legislativas del 82 Pujol sacó más de un 22 % de los votos, por encima de la suma del centro-derecha español de entonces (AP, UCD y CDS) Y desde entonces la posición dominante del pujolismo frente a las sucursales sucesivas de AP y luego del PP se ha ido ampliando.

        Con Pujol o sin Pujol, lo que ha habido en Cataluña desde entonces ha sido puro pujolismo, quizá con la salvedad del mandato de Maragall. Y el pujolismo ha consistido en corrupción, nacionalismo, separatismo hasta la proclamación de la república catalana de hace días.

Pujol (1980-2003)


Maragall (2003-2006)

Montilla (2006-2010)

Mas (2010-2016)

Puigdemont (2016-2017)


        Pero a ello no es fácil llegar con un estado fuerte. Y debemos reconocer que no hemos sido un estado fuerte. Más bien acomplejado.

        Por un puñado de votos para gobernar, por otro puñado de votos para sacar adelante presupuestos, los gobiernos centrales, de izquierda, derecha o centro (ha dado lo mismo) se han ido plegando a transferir competencias en la medida que les iba conviniendo en el mercadeo de los votos y hay que tener bien claro que existen competencias que son intrasmisibles a las autonomías. Así como no se puede transferir la administración militar, tampoco puede trasmitirse la administración sanitaria o la administración de educación. Con la de la sanidad se promueve la falta de igualdad entre los españoles y la lucha entre administraciones en casos de atención concreta, lo cual es inadmisible. Delegando las competencias en educación sin control se permite la invención de la historia, el odio a España como el enemigo inventado por el nacionalismo que se trasmite a las nuevas generaciones de manera oral y escrita y en suma la deseducación durante décadas de una buena parte de españoles, irrecuperables –seguramente- para la marca España.

        Por último, un apunte jurídico. Entre las mamarrachadas que se escuchan y se leen estos días, muchas de ellas completamente cómicas si no fuera por la tragedia que todo este conflicto conlleva, se cuentan las siguientes: (de los independentistas) la opresión del Estado se demuestra una vez más con la imputación de delitos al Govern y a La mesa con penas como si se tratara de terroristas; (de catalanes constitucionalistas que están viviendo incómodos) yo reconozco que lo han hecho mal pero tampoco hay que pasarse.

        A todo ello y con carácter general digo: “dura lex sed lex” y el Derecho está para ser respetado, fuera de la Ley sólo está la jungla y estos personajes (personajillos, diría, porque son para sonrojarse) conocían muy bien en la que se metíanm, los Letrados del parlament se fueron a la vista de las fechorías perpetradas, poco les importó; y no les importó entrar en una dinámica delictiva contra los preceptos del Código Penal con los tipos más graves del Ordenamiento. Celebro (y bien sabe Dios que no deseo mal a nadie) que el Derecho se vaya aplicando. Antes se debería haber aplicado en temas menores que éste pero que llevan a éste, la ley de banderas, por ejemplo ¿Cuántos años hace que salen el President, los Consellers, la sesiones del Parlament con la bandera cuatribarrada en solitario? ¿Y la bandera de España que debe estar siempre legalmente junto a ella? Se miró para otro lado y de aquellos polvos vinieron estos lodos.

        Que se cumpla el Derecho, que se actualice, que se adapte a las circunstancias. Sin Derecho dejamos de ser sociedad civilizada de seres humanos.

        Y decía que en todo maremágnum nacional hoy en día hay que tener muy en cuenta la presencia de los grupos antisistema, como Podemos, la CUP y otros, cuyo fin es la demolición de todo lo que vean construido y en aras de ese objetivo oscilarán apoyando a unos o a otros sin más objetivo que la destrucción de España.

        Dejo esta imagen final con las tres banderas: la de España, la de Cataluña y la de la Unión con el deseo de de una Cataluña fuerte que continúe haciendo fuerte a España dentro de una Unión Europea, importante actor –cada vez más- en el escenario mundial.



Todos los españoles de buena voluntad, catalanes y no catalanes, tenemos nuestra esperanza puesta en que sea así.









E.L./05.11.2017