Para discutir (a lo anglosajón) con todas las gentes de buena voluntad sobre lo divino y lo humano, que en términos de teología cristiana viene a ser lo mismo, oigan.
lunes, 17 de julio de 2017
lunes, 26 de junio de 2017
Los anti humanistas, dicen que animalistas ¿van a campar también a sus anchas?
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| Fandiño, empitonado de muerte |
En la confusión y criminalidad
consentida reinantes han reaparecido, con la trágica muerte del matador de toros
Iván Fandiño, los autoproclamados animalistas: unos energúmenos que arremeten
contra el hombre de manera inmisericorde bajo el disfraz de su falsa defensa de
los animales. Nadie puede defender a los animales arremetiendo contra el hombre
en tan inhumanas formas y nadie puede ser condenado sin ser oído. Condenar a
Fandiño muerto llega al mayor grado de vileza y en las formas en que se ha
hecho se ha evidenciado lo más tirado de la naturaleza animal del hombre.
Jorge Javier Vázquez, en lo más suave
que se ha oído, se despide hasta siempre de Felipe, VI por presidir la Corrida
de la Beneficencia. Hay fotos de él, anteriores, disfrutando de una tarde toros
en un burladero del callejón de Las Ventas (sic) De ahí, hasta bendecir al toro
que mató al diestro vasco.
Transcribo de twitter las siguientes
animaladas animalistas:
1. Chicco
Apple
“No es nada….Maricón.
Es arte”
(Fue el pie de página que se ocurrió añadir a la foto que encabeza estas líneas)
2.
Anne
for ever.
“Qué
triste! Que tengamos que sentir eso! Pues también lo siento así! Estos seres
oscuros, asesinos, nos están poniendo en este lugar, en este sentir!
3. Yaz CatDog Mex
“Sí,
DeVerdadLoSientoMuchoZ Peropor Eltoro, quien maltrata a un animal no puede ser
buena persona y bueno pues esta bola de payasos asesinos menos”
4. Semicirculo
“Iván
Fandiño muerto abono pa mi huerto”
5. @Earended_
“Leo
sobre un matador que acaba de fallecer en el hospital. Envío mis bendiciones al
toro”
6. @lucsricca
“Iván
Fandiño, otro hijo de puta menos”
Es no sólo comprensible, sino encomiable, que Fran Rivera haya
publicado en su cuenta de twitter, @Pquirri74, “Y me cago en los muertos de toda
la gente mala que se alegra de la muerte de un hombre bueno” Su padre murió en la
plaza de Pozoblanco, víctima de una cogida que le mató en minutos y él está jugándose
la vida en cada tarde que se viste de luces.
En todo este vil comportamiento que hemos descrito late un auténtico
salvajismo ¿o animalidad que les une de esa salvaje manera a los animales? Pero
se perpetran delitos de odio, delitos contra el honor y quizás de otras más naturalezas
que los penalistas sabrán.
¿También en esto vamos a mirar para otro lado?
E.L./26.06.17
jueves, 15 de junio de 2017
Es del género imbécil, por suicida, dar cobijo confortable al que tiene como objetivo asesinarte
Se hace imprescindible poner en marcha
nuevas políticas de convivencia con los musulmanes en los países que les
acogemos en Occidente. De lo contrario, todo hace pensar que pereceremos por
causa de las acciones de los yihadistas,
martiriales o no.
Y hasta ahora los hemos admitido sin
trabas, hemos alentado sus costumbres y estamos llegando hasta la estupidez. Se
va a considerar la celebración del mes del ayuno de purificación, o mes de
Ramadán, como fiesta española ¿Se puede ser más cenutrio? Perdemos así nuestras
señas de identidad, una de las cuales y no la menor era la de la lucha contra
el Islam. En todo Occidente se están construyendo mezquitas (en ocasiones con
ayudas públicas) cuando en los países islámicos wahabistas, los que suelen financiarla, no se nos permite levantar
iglesias para nuestro culto ¿A ese complejo de inferioridad o de imbecilidad
hemos llegado?
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| El Rey de Arabia saudí |
España conoce bien lo que el Islam
representa: lo que supone en términos de convivencia, lo que significa en
términos de guerra y lo difícil, si no imposible, que resulta una alianza con
el Islam desde nuestra condición de increyentes. No en balde se mantuvo ocupada
por el Islam durante siete siglos, del VIII al XV, ocupación que se extendió
por toda la Península. En ocasiones hemos presumido de ciudades medievales
(Toledo y Córdoba son los paradigmas) de una convivencia excelente de las tres
culturas –cristiana, judía y musulmana-. Nada de eso es cierto, la convivencia
entre ellas era un continuo sobresalto. Hoy sí y mañana también se producían
altercados entre miembros de las tres religiones.
Convivo con musulmanes a diario,
principalmente marroquíes empleados en establecimientos que frecuento y son
personas amables, cariñosas y serviciales. Sin embargo, cuando se comenta con
ellos los atentados islamistas padecidos, a cuál más horrendo, dicen que no son
verdad que sean islamistas, que eso son cosas que dicen los políticos. Y,
ciertamente, se pone uno primero a pensar y a temblar más tarde.
Esto me lo dijo muy convencida una
mujer de Casablanca muy alegre, cariñosa y eficiente que trabaja en una
pastelería a la que acudo a diario a comprar el pan. Y me lo dijo tras el
último atentado de Londres el pasado día 3 ¿Cómo es posible padecer una
intoxicación de tal magnitud? Se conocen los autores del atentado, se conocen
sus ramificaciones, se detiene a gente de su alrededor que formaba parte de
aquellas, se produce la reivindicación por el Daesh ¿A qué este empecinamiento? Al poco del atentado de Londres,
el Daesh atentaba contra Irán en dos
acciones paralelas: una contra el Parlamento iraní y la otra, a las afueras de
Teherán, contra la tumba del imán Jomeini. Actuaciones sangrientas de suníes
contra chiíes, una escisión que se produce entre los musulmanes al poco de la
muerte del Profeta y que se ha ido agrandando hasta verse como irreconciliable.
Es horrendo que mueran seres humanos: lo
mismo vale un ciudadano de Madrid que otro de Teherán, pero atentando entre
ellos poco podemos hacer los de fuera. Sin embargo, Nueva York con las Torres
Gemelas destruidas, París, Bruselas, Estocolmo, Londres ¿tienen que acudir al
martirio como oveja al matadero por parte de esta gente? Una gente a la que hemos
acogido, que ha crecido entre nosotros, a la que no hemos hecho mal alguno sino
el bien que hemos podido, el disfrute de nuestra cultura.
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| Abu Bakr al Baghdai, autoproclamado Califa del Estado Islámico |
Hay que cortar esto. No sé cómo, nunca he
tenido responsabilidades políticas ni de orden público, pero hay que cortarlo. No
más mezquitas como si nada, no más velos en las mujeres como si nada, no estupideces
como hacer del Ramadán una Fiesta española. El que llega a otra casa cumple con
el adagio de que donde fueres haz lo que vieres y a los musulmanes les toca eso
como nos toca a nosotros.
Salam ailekum.
jueves, 18 de mayo de 2017
La transmodernidad, una salida del túnel de esta postmodernidad en que vivimos y que nos tiene inhabilitados
Desde la Revolución Francesa y la
revolución industrial el hombre se da a sí mismo un proyecto de modernidad que traspasa el siglo XIX hasta llegar hasta
comienzos de los años 60 del siglo pasado. Nace en Europa y se amplifica a un
proyecto global hegemónico y con carácter totalizador para el resto del mundo. Se
caracteriza, sobre todo, según Rodríguez Magda siguiendo a Habermas, por la
absolutización de la razón: es el esfuerzo ilustrado por desarrollar desde la
razón las esferas de la ciencia, la moralidad y el arte, separadas de la
metafísica y la religión. De esta manera la razón emerge como medida de todas
las cosas haciendo de la modernidad
un proceso emancipador de la sociedad, un salir de la tradición para
adentrarnos en una secularización de las cosas, un colocar al hombre como capaz
por sí mismo de responder a las interrogantes colocando a la razón por encima
de las respuestas teológicas, lo que hasta entonces se había conocido como la
tradición. Esta Utopía desde la razón y precisamente porque está presidida por
la razón misma fue cohesionando un modelo, cuya quiebra, desde su propio punto
de vista, no puede sino conducir a la barbarie.
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| Descartes |
Este estado de cosas ha proporcionado a
la humanidad una referencia en el camino, seguridad en los conceptos y en los
valores aceptados por convenio por todos y cerca de doscientos años de
criterios bastante estables.
Sien embargo, J. J. Garrido afirma que
es justo reconocer que había motivos para rebelarse contra ese ambiente en una
rebelión postmoderna: el abuso de la
razón, convertida en razón científico-instrumental y ciega para otras
expresiones y dimensiones de la realidad; la intolerancia hacia formas de
pensar y sentir diferentes de las entronizadas en el gran relato; la
manipulación del absoluto, causa de grandes sufrimientos entre los seres
humanos; la ideología del progreso (en ella seguimos) que –al decir de Ortega-
se había convertido en el opio entontecedor de los pueblos; la
instrumentalización partidista del llamado “sentido de la historia” para la
eliminación de los adversarios políticos; el temible poder de la técnica sin
referencia al horizonte humano; la absolutización de la economía…
Continúa el Profesor Garrido
manifestando con rigor que todo esto
estaba detrás del origen del pensamiento y de la condición postmodernos y en cierto modo lo justificaba al conectar con un
difuso y muy extendido malestar de la conciencia europea. Otra cosa muy
distinta era el que este modo de pensar postmoderno,
al rechazar las raíces de Occidente y los valores de la Ilustración, pudiera
ofrecer algo positivo a las nuevas generaciones. De hecho, al arranque de la postmodernidad no abundaba la esperanza
y se fomentaba un cierto fatalismo y una actitud resignada ante los
acontecimientos, compensada con el esteticismo. Sin olvidar que el rechazo sin
matices de todo lo moderno e ilustrado suprimía también el espíritu utópico.
La postmodernidad
es quizás el momento de mayor vacío de entusiasmo y esperanza del hombre a lo
largo de la Historia, no comparable con ninguna otra época (algo de naturaleza
parecida pero de ninguna manera idéntico, ocurrió en el caprichoso paso de la
República Romana al Imperio, momento en el cual la civilización romana comenzó
a desmoronarse) A ello se añade en los años 80 del pasado siglo la caída del
muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética que hace desaparecer la
última utopía –para quien la quiera-: el comunismo.
Se puede definir la posmodernidad como la libertad de librase de los mandatos. Según
los generadores de este pensamiento, si existen reglas, leyes o todo aquello que
haga del hombre una especie encerrada en mandatos, no podrá ser feliz. Cree en
una libertad que no es destructiva para la sociedad, que no es regida por
normas y teorías; mira a su alrededor, más bien, y medita y critica tanto a la
realidad como a la teoría que ha hecho surgir las tecnologías y los avances en
lo humano. No cree en los descubrimientos de la ciencia ni en la realidad que
esta pueda traer y critica la ciencia a tal extremo que su argumento es decir
que los cambios científicos y tecnológicos se han producido dependiendo de la
perspectiva humana que pueda tener cierto individuo al estudiar cualquier cosa
que le rodee en el mundo y el universo.
En relación con el rechazo a las
verdades absolutas es característico de la posmodernidad
el abandono de la razón y el desprestigio de la idea de progreso. La razón se
fue sustituyendo por la estética, por los valores creativos; la categoría de interesante (que es estética) ha
sustituido a la categoría de verdadero
(que es epistemológica) En la posmodernidad nada es verdadero, lo que provoca
una falta de asideros existenciales no pequeña. Al desconfiar de la razón hay
una pérdida de preocupación por la realización colectiva y resalta el interés
por uno mismo. Esto se observa en el entorno de lo religioso: hay un boom de lo
sobrenatural y de las ciencias ocultas (quiromancia, astrología, videncia,
cartas astrales, cábalas) A diferencia con la
modernidad, en la posmodernidad
no hay prejuicio en aceptar explicaciones por más irracionales que sean. Además
de un retorno de lo irracional, también retorna Dios, pero el Dios del
individuo posmoderno no puede ser demasiado exigente: como el individuo
postmoderno obedece a lógicas múltiples su postura religiosa también las tiene
y vive un sincretismo con ideas judías, cristianas, hindúes, budistas y
añadiendo un poco de marxismo y de paganismo. La posmodernidad disuelve las ilusiones de la modernidad y, a
diferencia de ésta, que era ingenuamente optimista, lleva una carga de
pesimismo consigo.
Este ambiente posmoderno (en la modernidad
no hubiera cabido) es el que nos lleva a tantas sinrazones como estamos
viviendo: que se pase el bachillerato con asignaturas suspendidas; que dé lo
mismo el esfuerzo que la holgazanería, que todo valga lo mismo, consecuencia
del abandono de la metafísica y por tanto de la ética; que se represente a
España en Eurovisión cantando en inglés; que Manel quede el último en el
concurso y esté orgulloso del resultado porque “es lo que hay” y la preparación
que había hecho fue “espectacular”; que mientras la policía está registrando la
sede del PP en la calle Génova por corrupción en la Comunidad de Madrid, el
Presidente del Gobierno y del Partido proclame en el Congreso que éste es el
regenerador de la democracia y la vía para acabar con la corrupción; tampoco en
la modernidad hubieran cabido los populismos de derecha, de izquierda y mediopensionistas
por la sencilla razón de que va contra la razón vulnerar las normas que nos
venimos dando, desde las de protocolo hasta la Constitución Española que es la
cima de la pirámide normativa.
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| Marine Le Pen |
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| Manel Navarro |
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| Podemos en el hemiciclo |
En relación con la idea de progreso me
sorprende (me viene sorprendiendo desde que tenía 20 años) que los partidos de
izquierda continúen autocalificándose de progresistas. No sólo porque no han
propiciado progreso alguno, nunca, en las sociedades a que se deben sino porque
la cultura dominante no se fía ya de su idea de progreso como realidad posible
y por lo tanto deseada.
La transmodernidad
corresponde a una etapa nueva, a un nuevo reordenamiento cultural en que se
supera la posmodernidad y se
recuperan algunos aspectos que quedaron sin concluir en la modernidad. Ojala se vaya consolidando y regresemos a un
ambiente de mayor espesor humano y personal. Yo no veo aún luz al final del
túnel pero los que están al tanto de estos movimientos (sociólogos y filósofos
sociales) dicen advertir el cambio.
El elemento central que atraviesa la transmodernidad es la globalización que
se constituye en el gran referente. Y en esa orientación global Garrido incluye lo más sólido del pensamiento del siglo XX que vio las insuficiencias
del mundo moderno y de la ilustración y que se esforzó en la búsqueda de
caminos nuevos, sin por ello renunciar a los logros intelectuales, sociales y
políticos de la modernidad: el individuo como portador de derechos, la
universalidad de lo humano y su dignidad, el deseo de igualdad, los
planteamientos democráticos, el valor universal de la verdad, etc. “Ante el
hundimiento y el descrédito de la razón racionalista, cientifista, técnica e
instrumental los grandes pensadores del siglo pasado, como Bergson, Husserl,
Ortega, Scheler, Hartmann, Zubiri, Levinas, Merlau-Ponty, Heidegger, en lugar
de renegar de la razón o de sumergirse en el relativismo, trabajaron cada uno a
su manera en la búsqueda de una racionalidad amplia y acogedora, respetuosa con
la realidad en sus múltiples manifestaciones, más abierta hacia lo que las
cosas son y muestran ser; una razón que evitara el dogmatismo del sistema
cerrado y exclusivo, la pretendida explicación total y sin fisuras, la
exclusión de dimensiones relevantes de las cosas y de la vida humana y la confusión
de los esquemas conceptuales con lo real aprehendido en ellos.”
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| Ortega |
“Buscaron una razón que, en lugar de imponer a
lo real sus esquemas e intereses, se dejara enseñar por las cosas mismas y se
abriera admirativamente a sus propuestas, tuviera el sentido de la gratuidad y
el gusto por la contemplación. Y ello fue haciendo posible una nueva manera de
acercarse a las cosas y de mirar el mundo, una nueva manera capaz de hacer
justicia a lo humano en su peculiaridad, a los valores éticos generadores de
proyectos de vida personal y colectiva y a los sentidos profundos y a los
sentidos profundos que las cosas muestran al situarse adecuadamente ante ella como, por ejemplo, el sentido de lo
sagrado y la experiencia religiosa del hombre.”
Otra de las características de la transmodernidad en su desabsolutización
de la razón es que recupera el sentido fáctico, contingente y limitado del
hombre y de todas sus `producciones, el carácter concreto e histórico de todo
lo humano. Más que de RAZÓN, la
filosofía transmoderna prefiere hablar de seres humanos concretos que. razonan y piensan. El pensamiento es siempre
de “alguien” y ese “alguien” es inseparable de una situación, de un mundo con unas
estructuras individuales y sociales ya dadas y desde las que se piensa, se hace
ciencia, se convive y se proyecta un futuro personal y colectivo. Renació así la
conciencia de la propia limitación, y de la necesidad de diálogo y de la colaboración
de todos, de la humildad del pensamiento.
La debilidad del pensamiento no significa que el
hombre no pueda alcanzar la verdad ni deba esforzarse por buscarla, sino que la
verdad encontrada será siempre humana, es decir, limitada, parcial y penúltima.
Se gtermina con los dogmatismos pero también con los relativismos.
Ojala que todos estos trazos vayan posándose en
nuestra cultura y podamos ganar en sentido personal, en profundidad teórica y vital
y, a la postre, en felicidad individual y colectiva.
Así lo deseo de todo corazón.
E.L./18.05.2017
domingo, 5 de marzo de 2017
“Me duele España”
“Me duele España” - decía Unamuno -; “¡soy
español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua
y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo.”
A mí, que soy tan español como él, me
duele España también y como lleva ya años doliéndome y el dolor no cesa sufro
un dolor cada vez más agudo que os pido me ayudéis a paliar buscando soluciones
–pequeñas, cada uno- para reparar los males que hemos permitido que asfixien moralmente
a España en la actualidad.
Hace no mucho tiempo, finales de 2013, publiqué
en FB una nota que se titulaba “No podemos seguir viviendo sin valores” (está
en el blog) Mantenía entonces la tesis de que la caída del muro de Berlín en
1989 acabó de un golpe con la última utopía en nuestro mundo (el comunismo,
para el que lo quiera) y eso nos produjo –a la humanidad toda- una desazón de
una magnitud como nunca había tenido cabida en la Historia. Esa desazón nos
llevó a desconfiar de los valores que teníamos y los abandonamos, pero ni los
hemos recuperado, ni los hemos sustituido por otros y el hombre sin valores no
puede vivir una vida personal. Hoy, como hace cuatro años, proclamo que no
podemos seguir viviendo sin valores y voy a comentar para quien quiera escuchar
las características que tiene una vida sin referencias éticas como la que
estamos viviendo hoy. En España y en el mundo, pero hay que ocuparse de
enmendar –en primer lugar- el mal más próximo, España.
Sin valores se reduce el espesor personal de
cada uno y van desapareciendo las aspiraciones que siente cada persona cuando
hubo adquirido un cierto grado de adultez. La aspiración a la verdad, la
aspiración al bien y la aspiración a la belleza. Y esa aspiración triple –a la
verdad, al bien y a la belleza- la siente el hombre y la mujer (naturalmente)
con intensidad infinita y con vocación de eternidad. Si se renuncia a la
condición personal, que el hombre y la mujer pueden hacer en el uso de su
libertad (muy mal uso, desgraciadamente), tal renuncia tiene consecuencias trágicas
para ellos y para los demás.
Voy a repasar episodios varios de la vida
pública y privada y analizar en ellos la presencia de bondad, de verdad y de
belleza. Son todos los que están pero no están todos los que son.
¿Es belleza la contemplación de lo que estamos
viendo a diario en la vida pública? Una diputada que entra en el hemiciclo con
su hijo lactante para amamantarlo desde su escaño y demostrar así que está
contra el sistema. Otro diputado con una “cola de caballo” que casi le llega a
la cintura que viste ajeno también al protocolo exigido en el Congreso, ante el
Rey, ante los demás. Otra diputada que en plena sesión se huele la axila ¿para
comprobar si había usado el desodorante en los últimos tiempos? Un diputado que
desde la tribuna habla del Rey de España como el Borbón.
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| Hablando en la investidura, Anna Gabriel. En sesión ulterior hizo una comprobación del olor de su axila. "Cosas veredes, Mio Cid" |
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| Joan Tardá se ha referido al Rey como El Borbón |
Se hace con
imposiciones a la mayoría, sin educación, sin modales. Y todo esto lo están
permitiendo las autoridades que nos representan sin inmutarse, como si nada anormal,
zafio, prohibido estuviera ocurriendo. Unos dirigentes a los que se llama
líderes, que carecen de capacidad de liderazgo, cuyo único objetivo es
mantenerse en el poder y, como no tienen condiciones de líder, no saben qué
hacer, no quieren molestar a nadie, no les importa dejarse molestar (si carecen
de dignidad) no negocian sino que hacen componendas, en la mayoría de los
casos, de compraventa de votos, de trapicheo de puestos en las instituciones,
de te tapo hoy yo a ti para que el día de mañana me tapes tú a mí, mis
vergüenzas e indignidades, naturalmente. Respecto a todos aquellos que quieren
acabar con nuestro sistema, el sistema o se defiende o acabarán con él ¿y
después? Mirando hacia otro lado, como hacen las autoridades que nos
representan sólo conseguirán que de verdad lleven a cabo la demolición del
sistema ¿y entonces qué pasará? Las demoliciones son rápidas; algunas casi
instantáneas, las voladuras controladas, pero las reconstrucciones conllevan
mucho tiempo y mucho esfuerzo.
¿Es la verdad y la lucha indeclinable por ella
la negación por sistema hasta la saciedad del escándalo de los Ere’s de
Andalucía, de la operación Gurtel en Madrid y en Valencia?
¿Es seguir el camino del bien proclamar por
parte de directivos nacionales del PP (podría ser de cualquier otro partido,
que es lo peor) que es decisivo en su programa acabar con la corrupción en
España al tiempo que la policía entra en el edificio de Génova –en la sede
territorial de Madrid- buscando pruebas del pago de las obras de remodelación
del edificio en dinero negro? En este caso se desprecia la verdad al mismo tiempo
que se desprecia el bien. La corrupción en todos los órdenes (público y privado)
se ha generalizado con tanta naturalidad que hemos llegado a perder la
conciencia del ilícito ético de la apropiación indebida, de la prevaricación,
de la estafa, del blanqueo de capitales, del alzamiento de bienes y no digamos
de la evasión fiscal. Cuando yo terminé la Licenciatura en ADE al comienzo de
los años 70, salíamos convencidos de que el buen directivo hacía empresa y no
negocio, no pretendía maximizar el beneficio contable sino el beneficio empresarial
total, era como el buen comandante de un buque que es el último en abandonarlo
en caso de tragedia, y sólo se lanzaba a la mar una vez que se habían puesto a
salvo el pasaje y la tripulación. Y esto nos generaba ilusión por ejercer de
directivos y desarrollar proyectos empresariales de éxito. Hoy hay un ambiente
generalizado que cree que el que no se lo lleva p’a su casa es tonto. Pero no
solo lo cree el que se lo lleva sino en toda lo sociedad que se vació de
valores en 1989 y no los ha sustituido.
¿Son bondad los comportamientos de deslealtad
generalizados y aplaudidos por la sociedad de parejas que se han prometido un
amor sostenible hasta la muerte y al llegar el aburrimiento (prohibido debería
estar para una persona adulta) la presencia de un tercer@ que sugiere logros no
cumplidos (siempre virtuales) abandonan a su pareja de origen sin
explicaciones, sin piedad y expoliándola en lo posible disminuyendo las
posibilidades vitales de los hijos habidos en un alarde de desamor e injusticia
difícil de encajar en lo humano?
¿Es buscar el bien mirar hacia otro lado ante
incumplimientos evidentes de la Constitución o las Leyes? ¿Cuánto tiempo hace
que en Cataluña o en Euskadi cuando se exhibe una bandera regional no se hace junto
a la bandera de España como es preceptivo? Se deja y se deja y de aquellos
`polvos vinieron estos lodos que es lo que ocurre siempre ¿Y la persecución que
se hace de la lengua española en Cataluña aun siendo la lengua más hablada en
el territorio? No se permite escolarizar a los niños en su lengua materna con
todo lo que eso supone contra el desarrollo psicocognitivo del niño.
¿Se sigue la senda del bien cuando se topa uno
con cerca de cincuenta directivos de Cajamadrid que disponían de fondos
ilimitados mediante el uso (el abuso) de unas llamadas “tarjetas black” porque
eran ocultas a todo? ¿No sabía el Presidente Terceiro, que fue quien –al
parecer- las introdujo, y los siguientes, que la tesorería es un recurso
escaso? Lo supieran o no, aquí se empleaba como el petróleo en Venezuela:
eterno e ilimitado.
¿Siguen la senda del bien algunos miembros de
la Casa Real al incurrir en adulterio reiterado o en beneficiarse de una
maquinaria de tráfico de influencias generadora de pingües beneficios todos
ellos espurios en su origen? Podría hacer algunas consideraciones sobre la
conducta de miembros de la realeza, pero aquí sólo quiero apuntar que si la ola
de amoralidad ha llegado hasta la Casa Real es porque la nación está viviendo
sin valores en la generalidad de los casos.
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| Juan Carlos, I de España |
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| La Infanta Elena e Iñaki Urdangarín |
No quiero concluir con pesimismo para el que me
lea. España ha pasado épocas peores y las ha superado, pero sólo cabe
superarlas como se hizo antaño. Rebotando como pueblo, como nación, de nuestros
huecos días y armarnos de moral para que volvamos a ser la nación decente y
eficiente que queremos ser. Pero para eso hay que olvidarse de nuestros
políticos y buscar referencias en nuevos alcaldes de Móstoles, en nuevas
Agustinas de Aragón, en nuevas Piconeras de Cádiz. Tampoco estaría de más unos
constituyentes en la Isla de León que hicieran una buena Constitución para
mucho más de cuatro décadas contando con la experiencia de la de 1978, vigente
pero incumplida a diario. Que nos contagien los unos y los otros su moral y
consigan rearmarnos. Después de ello continuaremos eligiendo políticos pero de
una decencia equivalente a la de la nación renovada.
Y concluyo: Me duele España, pero tengo la
esperanza de que seremos capaces de rearmarnos, de ser un pueblo y una nación
renovada.
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| Tenemos que invertir la pirámide que muestra el oculista |
E.L./05.03.17
domingo, 22 de enero de 2017
Lo que siento y lo que pienso sobre el Islam y sus creyentes
Llevaba tiempo pensando en aclarar mis
ideas y organizarlas en torno al Islam. Las contradicciones que se manifiestan
en su doctrina y las atrocidades que padecemos en su nombre ¿pueden hacernos
creer que se trata de una religión aberrante? Me dio el pistoletazo de salida
para organizar mis ideas Pilar, amiga mía en Facebook, que tiene un blog en el
que vierte lo que le parece oportuno compartir con los demás. En uno de sus
escritos atacaba a Francisco, Obispo de Roma, un deporte practicado entre
católicos que se autoproclaman “tradicionales” de igual modo que se practicaba
el ataque a Juan Pablo, II entre los católicos que se autoproclamaban “progres”.
En ocasiones terminan unos contra otros como los chiitas y los sunnitas en
el mundo musulmán. Francisco se había atrevido a decir que “…identificar Islam con violencia no es justo y veraz. En casi todas
las religiones hay grupos
fundamentalistas. Nosotros también los tenemos”. Y encima, insistió:
“todos los días veo violencia en Italia: gente que mata a su novia, a
su suegra… Y estos son católicos
bautizados. Si hablamos de violencia islámica tenemos que hablar de violencia católica”. Y añadía al
final de la entrevista que durante la primera visita del Gran Imán de la
Universidad de Al Azahar de El Cairo al Vaticano sostuvo una larga entrevista
con él y sabía de primera mano cuál era su pensamiento.
Y confesada la causa del interés en
este asunto inicio mi nota con la esperanza de que salga algo que sea útil
porque pueda resultar orientador. No es tarea fácil, lo sé de antemano.
Antes que nada quiero proclamar que al hablar
del Islam con la seriedad que le es debida conviene comenzar en una actitud de
adoración a “Alláh, el clemente, el misericordioso” el Dios único, el mismo Elohí,
Dios de Jacob y el mismo Dios de Jesucristo, nuestro Señor, al que llama “papá”
(abba). El único Dios de las tres religiones abrahámicas que en el Islam se las
llama las religiones de El Libro. Dar este paso en el siglo VII en el desierto
de Arabia donde las tribus practicaban el politeísmo es un paso que merece
respeto.
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| Interior de la Mezquita de Córdoba |
En segundo lugar, algo tendrá el Islam
cuando es la segunda religión en número de practicantes en el mundo, 1.300
millones de personas que creen que Alláh es grande y que Mohamed es el profeta
definitivo de Alláh. La primera religión del mundo en número de practicantes es
el cristianismo con 2.200 millones de fieles, de los que 1.200 millones son
católicos (datos de 2011)
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| Calatañazor Soria) en la actualidad |
Mohamed nace en La Meca en 570 y muere
en Medina en 632 con sesenta y dos años. Diez años antes había protagonizado la
Hégira (huida de La Meca a Medina) y fue en Medina donde establece, a partir de
entonces, su autoridad política y religiosa. No hay unanimidad al explicar las
razones del éxito de la propuesta coránica: conversión en libertad al Islam entre
las tribus primeras ante el atractivo monoteísmo o fue una fe impuesta de
manera obligada, incluso por la fuerza militar. Me inclino a pensar que tras un
importante éxito inicial entre las tribus politeístas del desierto de Arabia el
califato consiguió reunir ejércitos tan exitosos que conquistaron en poco
tiempo el imperio sasánida, lo que quedaba del imperio romano y el reino
visigótico. Lo cierto es que en 711, ochenta años después de la muerte del
profeta, invaden la península ibérica hasta ocuparla en su casi totalidad,
quedando sólo libres minúsculos estados en el norte, entre los que empieza a
descollar el Reino de Asturias. Cruzan los Pirineos pero en 732 son derrotados
en Poitiers por Carlos Martel
| Estatua de Almanzor en Calatañazor, en cuya batalla fue definitivamente derrotado |
Para los musulmanes, el Profeta no
invita a una nueva religión sino que promueve la restauración de la relación
con el Dios único como era en los albores del mundo, con Adán. Mohamed recoge
en El Corán la palabra definitiva de Dios. En la elaboración de la nueva
religión confluyen los siguientes caracteres: El Corán se considera no un libro
inspirado por Dios, sino un libro dictado por Dios a través de Gabriel lo que
le hace intocable y difícilmente interpretable; en él existen contradicciones
notables que –de ese modo- quedan sin resolver; todo se construye por un
constructor que es analfabeto. Esto puede ser la causa de imprecisiones,
contradicciones y otras imperfecciones; sin embargo, el analfabetismo del
Profeta es prueba en el Islam de la verdad que incorpora como revelación
definitiva de Alláh. Mientras la Biblia es un conjunto de libros de diferente
naturaleza con autores diversos, con diferencias de cientos de años entre
algunos de ellos, El Corán –para un musulmán- es un único libro, escrito por
una única persona durante su vida. Debe ser entendido literalmente y no está
lleno de simbolismos ni vagas analogías. Es, en su mayor parte, una colección
de órdenes directas.
En ocasiones las contradicciones en el
texto son bastante graves. En relación a la gente del Libro, por ejemplo,
señala la sura 2:59 “Ciertamente quienes
creen, quienes practican el judaísmo, los cristianos y los sabeos –quienes
creen en Dios y en el último día hacen obras pías-, tendrán la recompensa junto
a su Señor. No hay temor por ellos, pues no serán entristecidos.” La
pregunta es ¿se compadece esta sura con la núm. 3:79? que dice así: “Quienes deseen, prescindiendo del Islam,
una religión, no se les aceptará, y en la otra vida estarán entre los decepcionados.”
La primera admite a las gentes del Libro de buena fe y buenas otras con la
recompensa perpetua junto a Dios y en la segunda se nos anuncia la condenación.
Para un no creyente que se acerque al Libro, estas afirmaciones contradictorias
suponen una decepción. Para un musulmán no es así. El mismo Corán da solución
para los creyentes: cuando sobre el mismo asunto se produzcan afirmaciones que
se contradigan, la afirmación más moderna anula a la más antigua. Sura
2:100-106 “No abrogamos una aleya o la hacemos
olvidar sin dar otra mejor o igual ¿No sabes que Dios es poderoso sobre toda
cosa? Y la sura 16: 103-101 dice con toda claridad “Cuando ponemos una aleya en el sitio de otra aleya –pues Dios sabe
perfectamente lo que hace descender- dicen: “Cierto, tú (Mohamed) eres un
falsario” ¡Al contrario. En su mayor parte no saben”
Otro
ejemplo de contradicciones anuladas es el siguiente. En la sura 2:77 se ordena “…decid a las gentes palabras de bondad…”
y en la sura 9:5 corrige con este grado de crueldad: “matad a los paganos donde los encontréis. Cogedlos. Sitiadlos.
Preparadles todo tipo de emboscadas…”
A
partir de todas estas consideraciones que he hecho hasta ahora me formulo las
siguientes preguntas: 1. ¿Es el Islam una religión de paz o en sí misma invita
a sus creyentes a la violencia contra los que no creen? 2. ¿Debemos tratar de
la misma manera a los musulmanes de buena fe –imanes y fieles de a pie- que
hacen el bien y a los violentos? 3. ¿Son admisibles en el entorno internacional
las teocracias islámicas radicales que niegan los derechos humanos en su
interior y persiguen la aniquilación mediante el terrorismo del resto de los
pueblos?
Hoy sabemos que originariamente fue una
fe más pacífica de lo que mostró en su desarrollo temprano con las conquistas
militares primeras del Califato, lo que no es nada ajeno al hombre en su pasión
(descontrolada) por el poder. Pero decir que en sí misma, el Islam, es una
religión violenta no es verdad. La paz es el gran don que busca el hombre de
todos los tiempos y de todas las culturas y eso es válido para los 1.300
millones de hombres y mujeres que practican la religión mahometana en nuestro
mundo. El trato cotidiano que tenemos con musulmanes que se cruzan en nuestra
vida (camareros, sirvientes, dependientes, pequeños comerciantes…) así nos lo
indica también. Y el saludo árabe “Salam
aylekum” que se corresponde con el judío “Shalom” y con el franciscano católico “Paz y bien” no tiene por qué dejar de ser sincero, entre ellos
mismos y con todos.
Los musulmanes que conviven con
nosotros deben –de forma inexorable- cumplir nuestras leyes y, más aún, siguiendo el proverbio de “donde fueres haz lo que vieres” deben
adaptarse socialmente a nuestra cultura. Otra cosa es que en la intimidad de su
casa o en la mezquita vivan su fe y sus costumbres como lo crean oportuno.
Pero, en todo caso de duda, el respeto y el cumplimiento de las normas no
escritas de nuestra cultura imperarán siempre. Lo contrario sería dejarnos
minar paulatinamente una cultura milenaria que es la que nos da soporte
identitario.
Transcribo a continuación las palabras
de Luis Alberto Clavería en su artículo “De la sumisión al crimen” publicado en
La Tribuna en 7 de diciembre de 2013:
“Imaginemos
que Pedro Pérez es sorprendido por la Policía con un puñal en la mano a punto de
introducirlo en el corazón de su hijo Pedrito; interceptado por los agentes,
Pedro alega que Dios le ordenó el sacrificio del niño para que así quedara
probada su fe. Una interpretación literal del Génesis (22,1-12), en un Estado
confesional, podría exculpar a Pedro, lo que implica qué debemos pensar de las
interpretaciones literales de algunos textos sagrados; lo mismo podríamos
decir, por ejemplo, del Sura de las Mujeres (sura 4, 38), de la 1ª Epístola a
los Corintios (11, 7-10) o de la 1ª Epístola a Timoteo aplicarán mecánicamente
estos textos al siglo XXI.”
![]() |
| Ejecución de dos policías iraquíes por el ISIS |
Seguir una conducta de esta naturaleza no está
generalizado entre los musulmanes, sino sólo en los llamados fundamentalistas, islamistas, integristas
islámicos cuya rama más violenta se llama yihadismo, aunque es un término que carece de una correlación
directa con la yihad. Tales son los regímenes talibanes, los salafismos, las
Repúblicas islámicas (Irán y Sudán) o la propia monarquía saudí y las del golfo
pérsico. Llegados a este extremo, llegamos a los que tienen declarada la guerra
a medio mundo, y el asunto se transforma en una empresa de auténtica
supervivencia. O ellos o nosotros. Ese no es el Islam que predicó el profeta y
está poseído de un afán de poder descontrolado para dominar el mundo. Pero, en todo
caso, hay que acabar contra todo régimen neofundamentalista como estos y borrarlos
de la faz de la tierra. En no mucho más creo coincidir con el Presidente Trump,
que –además- me parece un ordinario.
Concluyo con unas palabras del filósofo francés
Michel Onfray de su opúsculo Pensar el Islam:
“Leo
el Corán, examino los hadits y consulto
biografías del Profeta para mostrar que en ese corpus hay materia para lo peor y
para lo mejor: lo peor, lo que unas minorías actuantes activan mediante la violencia;
lo mejor, lo que unas mayorías silenciosas practican de forma privada.”
E.L./22.01.2017
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